viernes, enero 06, 2017

Los signos del tiempo. El Abrigo del Toril


Una siempre ha pensado en la aldea de sus antepasados como ese espacio donde, de abuelos para atrás, los hombres cultivaban la tierra, las mujeres lavaban en la fuente del Covarrón y mantenían los huertos, y los muchachos dirigían los rebaños (grandes o pequeños) hacia los pastos. Nos habían contado, también, que los otiñeros llevaban a los amos las primicias que el buen valle producía tras largos meses de duro trabajo. Los diezmos, es de suponer, serían recibidos por la Iglesia, en este caso por el Sagrario, a donde pertenecía Otíñar. Esto me trae a la memoria un trabajo sobre el condado de Fernán Núñez y su vinculación con Soria. Eran señores, o tenían propiedades, en el hoy despoblado de Azapiedra, en la comarca de El Valle, famoso por su mantequilla, porque abundaba el ganado bovino. Pues hasta bien entrado el siglo XIX, las mujeres se desplazaban hasta la residencia de los condes, en Madrid, para llevarles “las natas” de la leche y, supongo, que también mantequilla. Cosas de la nobleza y la Edad Media que, en algunas comunidades, se ha alargado en el tiempo más de la cuenta.

Foto: Emilio Arroyo
 

Conforme me fui haciendo mayor, la nostalgia de la patria, que desde mi punto de vista no es otro lugar que la infancia, me hizo adentrarme algo más en la Otiña de los relatos de mi madre y llegué a soñar (literalmente) durante mucho tiempo con ese lugar y la visión que de él tenía, sólo desde el Vítor. Hasta que fui, como ya relaté hace años, salté el cordón higiénico en forma de alambre, paseé la vista, la detuve, y comprendí que todo aquello era mucho más de lo que mi madre me contaba. Ella se quedaba en la tienda-bar del tío Juan el Cojo, en la panadería de otras tías abuelas, en los albérchigos (como los que un buen día recibí del huerto de Juan Carlos Roldán), y poco más. En los años que existió la aldea del siglo XIX, los otiñeros estaban ocupados en sus propias vidas y, aquello que hoy despierta la atención, era visto por ellos como las sierras escarpadas, los manantiales, los bosques y las cuevas que les servían para tener agua, leña, pasto y cobijo para los animales.

Gracias a la Plataforma por Otíñar y su Entorno y, de nuevo, a Juan Carlos Roldán, me he ido adentrando en ese espacio, hoy Zona Patrimonial de Andalucía. Me ha remitido un enlace sobre una mesa redonda titulada “Los signos del tiempo”, interpretación y observación de los petroglifos de la Cueva del Toril y su relación con el solsticio de invierno. Fue moderada por Marina Heredia, presidenta de Iniciativa para las Ideas. Está dentro de la Convocatoria de Proyectos Culturales, a petición, de nuevo, de Juan Carlos Roldán, y tuvo lugar en el vicerrectorado de la Universidad de Jaén, apoyado por la Diputación. Narciso Zafra de la Torre, arqueólogo y licenciado en Prehistoria, y Francisco Gómez Cabeza, doctor en Arqueología, fueron los ponentes. Días después, el descubridor de los petroglifos, Manuel Serrano Araqui, arqueólogo y licenciado en Humanidades, sería quien dirigiría la excursión a la Cueva del Toril. Aunque, como apuntaría Francisco Gómez, ya en la década de los ochenta, el escritor jiennense de Arjona, Juan Eslava Galán, hizo unos primeros dibujos sobre los petroglifos del Toril.

Foto: Miguel Merino Laguna


El caso es que, la cueva o abrigo del Toril, situada en un cauce seco, podría ser un calendario solar único en el mundo, o único conocido hasta la fecha, con más de cuatro mil años de antigüedad. Se hace necesario, como apuntó Francisco Gómez, un estudio arqueológico.

Habitación desde el Neolítico, dolmen, poblado del cobre, villa romana, castillo, población medieval, aldea del siglo XIX..., y ahora calendario solar único. Como se ha comprobado en los últimos años, todas las instituciones, la Plataforma por Otíñar y su entorno, y particulares, reman en la misma dirección, algo poco frecuente. Y me parece que, si se lo proponen, van a conseguir, si quieren, que Otíñar y todo lo que lo rodea sea declarado Patrimonio de la Humanidad. Pocas zonas tienen tantos méritos.

























sábado, diciembre 24, 2016

“El problema de la despoblación no es de dinero”

Manzanares

“El problema de la despoblación no es de dinero”, y continúa “... si no de cómo se invierte ese dinero”. Son palabras dichas en una rueda de prensa por Miguel Martínez Tomey, y hace mucho tiempo que no escuchaba algo tan sensato. Y me quedo sólo con la primera parte, no es problema de dinero. Efectivamente.

Uno de los principales problemas para poder hacer frente a la despoblación es la escasa población. Podría parecer una perogrullada, pero quiero decir que es una buena parte de esa escasa población la que pone palos en las ruedas. Desde Soria capital, donde residen la mayor parte de todos los sorianos de la provincia, al menos nueve meses al año, el problema no se percibe en su justa dimensión. Desde los despachos, tampoco. Es necesario recorrerse los más de diez mil kilómetros cuadrados, salpicados de caseríos arracimados alrededor de las iglesias; adivinar los caminos cubiertos de maleza que se dirigían hacia decenas de pueblos que ya no lo son; y, sobre todo, es necesario palpar el sentir de las personas que todavía resisten. Porque, no nos engañemos, son los dueños de las tierras, de las casas y de las ruinas, quienes tienen en sus manos el solucionar el tema de la despoblación, al menos en la mayor proporción. El no considerarlo así es engañarse.

Verguizas

Resiste un sector, el más anciano, que ya le da un poco igual todo. Es, en la provincia, muy numeroso. Han cumplido con la vida y sólo quieren paz, tranquilidad, sol y, en su defecto, lumbre, aunque pueblen las residencias de ancianos. La hacienda, grande, mediana o pequeña (“...dueño de mediana hacienda, que en otras tierras se dice bienestar y aquí, opulencia...”) ya la han repartido entre los hijos, y ellos, los ancianos, pueblan las residencias.

Otro sector, el mayor, lo componen los hijos de los anteriores, sesentones o setentones, quienes tienen la sartén por el mango. En esa sartén caben las tierras, el monte, el derecho a la caza, el ganado, las tainas y las parideras, la vivienda familiar, en algunos casos los pisos en la capital, las casas arruinadas heredadas de abuelos o bisabuelos. Salvo las tierras, la casa familiar y los pisos en la capital, lo demás tiene poco valor, pero en muchos casos viven con la creencia de que el valor es muy superior. Muchas de las personas de este grupo tienen un pensamiento fijo (lo he escuchado más de una vez): cuántos menos seamos a más tocamos.


La Cuesta

Con este panorama, todos aquellos que desde los despachos se rompen la cabeza buscando soluciones, lo tienen muy difícil. He leído en esas mismas declaraciones que hay que dotar al medio rural de servicios, colegios, líneas de banda ancha, y buenas comunicaciones. Algo que hasta el día de hoy se sigue destruyendo, precisamente.

Les diría que intenten comprar una casa medio en ruinas en cualquier pueblo semi- deshabitado, a ver si cualquiera puede pagar lo que el vendedor solicita, y no lo que realmente vale. Les diría que se instalen sin practicar aquello de “allá donde fueres haz lo que vieres”, que, aunque sabio, no deja de ser un chantaje. Les diría que intenten instalarse con un rebaño de ovejas, por ejemplo, y solicitar ayudas. O hacer mermeladas caseras, y le dirán que los frutos silvestres son para los animales salvajes. O...

Esto, desde mi punto de vista, quiere decir que sin generosidad no hay solución. Tampoco la hay sin escuchar las ideas, por peregrinas que nos parezcan, de los pocos jóvenes que todavía residen en Soria, evitar que se contaminen del grupo de los que frenan las ruedas, y darles, directamente, el timón. Ellos son el presente y el futuro. Es necesario que ellos, los jóvenes con ideas, den un golpe de mano y hagan huir al grupo que se encuentra tan a gusto con poca población, por que les toca a más. Ya sabrán los jóvenes buscar apoyos y consejos en quienes quieran que Soria tenga futuro aunque toquemos a menos.

Cañicera

+Sin generosidad por parte de todos, poco efecto va a tener el dinero que llegue. Más rendimiento tendría si contrataran a sicólogos, sociólogos, antropólogos, y todas las disciplinas relacionadas con la conducta humana, para ver de modificar la de varias generaciones y tratar de meterles en la mollera que se el más rico del cementerio tiene muy poco encanto.

miércoles, octubre 26, 2016

Agost y Macorina

El matrimonio Castelló, Mary y Manuel

Con motivo del estreno de la obra de Manuel Castelló, Macorina (La Virgen de la Sierra), me desplacé a Agost (Alicante), a casa del matrimonio Castelló, para poder asistir al evento el sábado, 23 de octubre, en Alicante, comentado en la web www.soria-goig.com

En mi blog personal quiero escribir aquello que no parece muy ortodoxo hacer en una crónica más o menos encorsetada. Y lo primero es dar las gracias a todos los alicantinos que han hecho posible que un modesto, pequeño e intimista relato mío haya llegado a sus oídos convertido en una suite sinfónica, y ha llegado porque más de mil personas acudieron a escucharlo. Me viene a la memoria aquel poema de Lope de Vega que comenzaba “¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?”





 Las cúpulas de la Iglesia de Agosto y abajo el altar de la Virgen de la Paz


En primer lugar dar las gracias al maestro Castelló, compositor y querido amigo, por haber trabajado en ese texto durante tantas horas hasta llegar a convertirlo en algo suyo, que ya lo es. Desde luego a esa joven y espléndida soprano, Teresa Albero, y a la Voz, Ángel Luis Prieto de Paula, que leyó Macorina como si él mismo la hubiera parido. Por supuesto, al director de todo esto, José Manuel Castelló Sánchez. Y a Mary, “la condesa”, como la llama José del Campo, por su apellido, que es Gómara, soriana de Salduero, mujer de Manuel Castelló, que me ofreció, y yo acepté, su casa.

 Manuel Castelló en el Canalís

Alicante era una de las cuatro capitales de provincia que no conocía. La magnífica luz del Mediterráneo me cautivó, como sucede en otros lugares donde la misma luz, el mismo brillo, el mismo mar hace lo propio con ellas: embellecerlas. Bajo esa luz, bajo ese calor, se estrenó Macorina. La pobre, que nunca había visto el mar y soñaba con el de Finisterre, se hubiera sentido allí, no sé, tal vez poderosa, o tal vez, fuera de su Sierra, pequeña. Me inclino por lo segundo.

 Desde el Canalís

El viaje a Alicante, más concretamente a Agost, fue mucho más que el estreno de Macorina, con ser éste el motivo. Por ejemplo, la comida comunitaria por invitación de Manuel y José Castelló, donde (hay que darle el toque gastronómico) degustamos exquisiteces como un contundente arroz agostense con conejo, por ejemplo. Se prolongó hasta las siete de la tarde, y en ella estábamos todos los protagonistas de esa Macorina ya más alicantina que serrana. Hay que decir que los Castelló son, casi todos, músicos. En Agost todo el mundo está loco por la música. 


 Manuel Castelló y sus uvas del Canalís

Visité la zona antigua, morisca, el carrer Cantereríes, donde en muchas casas, hoy muy deterioradas, se ubicaban alfarerías. En la fachada de ellas se lee quienes fueron los alfareros que dieron vida a este pueblo mediterráneo. Desde la parte alta del pueblo, donde la ermita recién restaurada tal vez fuera mezquita, se ven las cúpulas de la iglesia, que da cobijo a la venerada Virgen de la Paz. De la tradición principal de Agost queda el alfar de Emili Boix y su mujer, Empar. El alfarero antropólogo trabaja la arcilla cual dios mitológico y graba los platos como los sumerios las tablillas cuneiformes.

 Emili Boix en su alfar de Agost

Faltaba el Canalís, “el campo” de Manuel. Un mas entre la rambla de la Zarza y la del Fontanar, rodeado de sierras: Maigmó, del Caballo, del Cid, de la Venta, Grossa, els Castellans, de los Moros, Ventós y, al fondo, el Mediterráneo. Un maravilloso espacio sembrado y trabajado por las mismas manos que trabajan y organizan los acordes. De allí salen membrillos, manzanas, granadas, uvas, aceitunas, hierbas de toda clase y aroma, hortalizas, en fin, un pequeño paraíso.

Todo Agost, todo Alicante, bulle de gente, de mar, de cálida temperatura, de calidez humana, de palmeras, de olor a especias. Han sido pocos días pero intensos, y volveré.











lunes, septiembre 26, 2016

Otíñar-Sarnago: dos ejemplos


Fotos: Félix Hidalgo


Son, a qué negarlo, mis dos lugares vitales, aunque no resida ni en ellos, ni demasiado cerca, especialmente de Otíñar. Es Otíñar, lo he dicho ya muchas veces, la aldea de mis antepasados. Llegaron como colonos a mediados del siglo XIX desde Almería. Tiempos difíciles -como casi todos para quienes sólo tienen donde caerse muertos- en los que era necesario buscar un trozo de tierra y un lugar cubierto. Fue de señorío cuando los señoríos ya habían desaparecido o estaban a punto de hacerlo.

Sarnago es otra historia. Fue de señorío, pero sólo le pagaban los impuestos y cuando desaparecieron pagaban a la Hacienda Pública. Ese era el único vínculo. Cuando voy a Sarnago, con frecuencia, subo el camino empinado pensando en Otíñar y lamentando lo alejada que aquella aldea está de mí. Quizá por eso me siento tan ligada a este pueblo de Soria, donde tan bien acogida soy entre los habitantes que se reúnen para hacerlo todo en común.

Otíñar y Sarnago están unidos por el esfuerzo, el trabajo y el entusiasmo. No hace muchos días leí una entrevista que le hacían a Sánchez Ferlosio en la que se lamentaba de que lo que primara fuera el ocio. Todo se programa para el ocio. Desde las instituciones y desde ámbitos privados. Y claro, lo que se publicita, aquello con lo que nos bombardean, es ocio y más ocio, a veces revestido de Cultura, sólo revestido. Un amigo mío muy querido, que está pero ya no está, también se lamentaba del poco esfuerzo exigido a niños y jóvenes, de los premios que les dan a cambio de nada. En Otíñar y Sarnago prima el esfuerzo. En el primero para recuperar una aldea, su entorno, sus caminos. En el segundo..., también, entre todos, con las manos juntas, como los castellers catalanes. La sustancial diferencia es que en Sarnago las casas, aunque algunas en ruinas, se conservan, en Otíñar cada cual sitúa el humilde hogar de sus antepasados tal y como la imaginación lo recuerda. Hasta eso les quitaron.


El sábado, 24 de septiembre, festividad de la Merced, la Plataforma por la recuperación de Otíñar celebró por segundo año consecutivo su verbena reivindicativa en el Puente de la Sierra, otro mítico lugar de Jaén, a medio camino entre la capital y la aldea. Allí se dieron cita los descendientes de las tres o cuatro ramas que llegaron desde Almería, Sur de Jaén y Granada a repoblar Otíñar, un lugar que combina huertas -como la de Juan Carlos Roldán y sus patatas azules-, olivares, agua, cuevas, pinturas rupestres, petroglifos..., todo ello amparado por el viejo castillo de Otíñar, que vigilaba el paso de la carretera vieja a Granada en época de las guerras entre la cruz y la media luna.

Pero, en contra de lo que pueda parecer en la convivencia de la Merced, todavía está casi todo por hacer. Toca seguir luchando casi con lo imposible: el abuso de quienes todavía se creen dueños y señores, si no ya de vidas, al menos de haciendas. Toca reponer, una y otra vez, las señales indicativas. Toca evitar que los caminos públicos se hoyen para plantar olivos y lo que siga viniendo. Sirven, pues, esas entrañables convivencias para, además de saludarse y reconocerse, tomar fuerzas para seguir luchando.

Felicidades otiñeros.

domingo, agosto 07, 2016

Criados cuesta arriba: Otíñar

Castillo de Otíñar. Foto Facebook

Juan Carlos Roldán, portavoz de la Plataforma “Por Otíñar y su entorno”, me telefoneó un día del comienzo de este caluroso verano, para recomendarme que viera tres reportajes sobre Otíñar. Se trata de “Criados cuesta arriba: Historia y vida de Otíñar, I-II-y III”. Los vi, los miré y los interioricé varias veces. Los de Otíñar y todos aquellos colgados en Youtube referentes a Jaén, a la tierra de mi infancia y mis mayores, esa que dicen es la auténtica patria de cada cual. Lugares todos que en mis doce años residiendo allí de manera continuada, recorrí una y otra vez, las casas donde viví, las de mis abuelos, mis tíos... En fin, un baño de recuerdos y también un mucho de nostalgia.

Volvamos a Otíñar. En algo más de setenta minutos que suman las tres partes, y a través de las personas que hablan, se puede conocer la historia reciente de ese lugar y también la pasada. Otíñar (rebautizada como Santa Cristina), se ubica en la Sierra Sur de Jaén. Llegó a tener 350 habitantes repartidos en casas y chozas. Es, en cuanto a paisaje, restos arqueológicos, naturaleza e historia medieval, un espacio idílico, y cuando estuvo habitado, una aldea donde, a decir de Juan Carlos Roldán, “no se pasaron necesidades”. Difícil hubiera sido lo contrario, teniendo a mano buena tierra y abundante agua.

Pero, tras la guerra civil (cuando había sido colectivizada esa tierra), se fue, poco a poco, expulsando a los arrendatarios, quitándoles los derechos de explotación y viviendas en un proceso que duró quince años. Empezó tras finalizar la guerra, cuando los amos reclaman los alquileres que, naturalmente, los habitantes no podían pagar. Otíñar pasa de colonia a latifundio y los colonos a jornaleros, sin otra vinculación ni posibilidad de reclamar su pasado y el de sus padres, abuelos y bisabuelos. Y, “valiéndose de las tretas de las que se valen los ricos”, los huertos se convierten en cultivo de alfalfa para una vaquería que instalan, y los otiñeros van yéndose a Jaén, en general al barrio de La Alcantarilla, es decir, los más cerca posible de la que había sido su tierra y su vida.

La aldea. Foto Facebook.

Aparecen nombres y fotos. En uno de esos otiñeros que hablan, Félix Hidalgo, creo reconocer al nieto de mi tío-abuelo Félix, hermano de mi abuela materna Rafaela Sutil Requena. Le conocí, al tío Félix, era el alcalde pedáneo de Otíñar, y a sus hijas, primas hermanas de mi madre. ¿Será hijo de Dulce, de Mercedes?

Y van apareciendo, de lo particular, datos universales. Juan Carlos Roldán habla de unos bandoleros de Sierra Morena, los Botija, de Torredelcampo, de quienes dice que el primer señor de Otíñar blanqueaba su dinero. Estoy a la espera de recibir una novela histórica sobre el tema que he pedido. Más suerte he tenido con “Viaje por las escuelas de Andalucía”, de Luis Bello, que también refiere Roldán en “Criados cuesta arriba”, y cuyo capítulo, dedicado a la aldea familiar, he leído varias veces.

Y escribo datos universales porque el periodista y pedagogo, además abogado en el bufete de José Canalejas, Luis Bello Trompeta ((Alba de Tormes, 1872-Madrid,1935), que recorrió España visitando las escuelas, estuvo también en Soria, y el soriano José Tudela de la Orden, desde las páginas del periódico La Voz de Soria, le dedicó sentidas y agradecidas palabras y apoyó el homenaje que el periódico El Sol iba a dedicarle. Tambíén Tudela le dedicó un artículo, publicado en La Voz el 30-10-1928, reproducido del periódico El Sol, con el título “Segoviela, un pueblo ejemplar”. Segoviela es una aldeíta de Soria, parecida a Otíñar, pero sin amo. Escribe Luis Bello de Otíñar:

“La maestra, en su capillita, nos enseña unos trabajos, unos cuadernos, unas labores... ¡Como en todas partes! Cantan las muchachas, alegremente, mientras lavan en el manantial del Covarrón, y su cántico nos suena a desafío, a burla y reclamo. Todo ello tiene gracia, simpatía. Otíñar sería como cualquier otra aldea, si no mandase en ella un dueño, un señor. No es concejo; es propiedad particular. Cuando los de Otíñar hablan de ese dueño, dicen: 'El amo'...”.

El largo artículo que Luis Bello publicó en El Sol, recibió un comentario del entonces 'amo' de Otíñar (mejor dicho, del marido de doña María, que era realmente la titular por herencia), José Rodríguez de Cueto. No le gustó que a Bello le disgustara lo del amo y respondía diciendo que su mayor logro sería propiciar “cuanta dicha me sea posible para aquel puñado de campesinos”, hasta que pocos años después la guerra y la lucha de esos campesinos por sus derechos vinieran a torcer los buenos deseos del amo, convirtiéndolos en pura venganza. Cosas de los ricos. 

 

Bello le responde que, en efecto, hay escuela y carretera (como escribía Rodríguez de Cueto), pero pagadas, ambas, por el Estado, y añade:
“La clase es pobre, poco más que un garaje. Sin buen deseo y sin hacerse cargo de la realidad no la autorizaría ningún inspector. Unas ventanitas muy altas están clavadas, y la ventilación se asegura por los cristales rotos. (…). Al propietario de hoy, bondadoso y patriarcal, sucederá mañana un loco, un usurero, un explotador”.

Ya estaba en estos artículos el germen de lo que sucedería nada menos que casi noventa años más tarde, cuando los otiñeros reclamaran caminos usurpados, aunque no puedan reclamar la propiedad de la escuela, por ejemplo, porque todo lo han arrasado.

Dentro de poco más de un mes, los otiñeros volverán a reunirse en el Puente de la Sierra para conmemorar a la patrona de Otíñar. Se trata del segundo encuentro, este año con la felicidad de haber conseguido lo que se propusieron, recuperar lo que todavía es recuperable de aquella aldea, poder acceder sin vallas, y recorrer un espacio que les pertenece.


Criados cuesta arriba: Historia y vida de Otíñar, I-II-y III
Onda Jaén RTV. Creación, dirección y montaje Rafael Rus. Infografía Manuel Escribano.
Producción SOMUCISA. Ondajaén.
Fotografías de Francisco Javier González Sánchez “Macario”, del Dr. Eduardo Arroyo (años 20) y otiñeros.
Intervienen: Juan Carlos Roldán (portavoz de la Plataforma “Por Otíñar y su entorno”); Félix Hidalgo; Pedro Pérez Morales; y Cándido Zafra.
Al principio de la tercera parte se ve una exposición fotográfica en el Museo Provincial, en 2016, junio. Fotos de Blas Prieto, Manuel Carrasco, Ángel Cabrera y Francisco J. González.



domingo, julio 24, 2016

¡¡Qué tristeza de izquierdas!!


Con la que está cayendo por el mundo, el teatro en el que actúan los políticos españoles tendría que tomarse como una ópera bufa. Pero con todo el respeto a las cientos de miles de personas que están sufriendo lo que difícilmente podremos imaginar por mucha empatía que tengamos (el que la tenga), con toda la pena por tantas muertes y tanto dolor, aquí y ahora, esa ópera bufa está impregnando tontamente nuestras conciencias, dejándonos incapaces para cualquier otra reivindicación que no sea la de reclamarles que hagan algo de una puñetera vez. Si no fuera por esa invalidez que provocan, es hasta bueno vivir sin el gobierno de estos incapaces, pero es peor el remedio que la enfermedad, puesto que estas comedias de Pergolesi ocupan más espacio en los medios, en todos los medios, que los consejos de ministros, las leyes que votan y revotan, para que muchas de ellas acaben muriendo sin haber empezado a cumplirse.

Dejó dicho el asesinado presidente de la Generalitat, Lluis Companys, que “lo malo de las izquierdas es que sólo estamos unidos mientras ustedes nos tienen en la cárcel”. Ustedes eran los fascistas rebeldes que le juzgaron o los nazis que le detuvieron en Francia, en fin, esa gentuza.

No será necesario que acudamos a los currículos de los señores diputados nacionales y demás, para saber que la mayoría de los miembros de partidos de derechas son abogados o economistas o abogados-economistas. Los de izquierdas, poetas, licenciados en Humanidades, y así. Eso quiere decir muchas cosas, pero a simple vista unas formaciones sirven para rozar la legalidad en asuntos de chanchullos y las otras para elevar el pensamiento, desmenuzarlo y analizarlo hasta la extenuación. Habrá que reconocer, desde un punto de vista pragmático, que la formación de los derechistas es mucho más eficaz a la hora de, monolíticos ellos, unidos por sentimientos que van más allá de la Poesía y la Literatura, llegar hacia donde quieren y hacerlo en auténtica manada.

Mientras las izquierdas, como ya apuntó Companys, se pierden en disquisiciones filosóficas, la derecha no tiene nada más que hacer que frotarse las manos y esperar. O sea, no es que Rajoy sea un político vago, es que está esperando que los otros se vayan tirando a la cabeza divagaciones, constituciones, separatismos, digresiones y demás, y ya, agotados, hagan lo que mejor saben hacer, mostrarse incapaces para llegar a acuerdos. Dicen que las matemáticas no mienten, y si se suman los votos de izquierdistas y gente que parece ser progresista, podría haber un gobierno de ese cariz. Pero no, la izquierda ha demostrado ser absolutamente ineficaz para llegar a acuerdos. Y en esa izquierda tengo en cuenta, naturalmente, a un partido que fue respetado durante muchos años, como el PSOE, y que ha llegado a día de hoy a una incapacidad nacional tal, que merece, o un cambio radical, o su desaparición. Dirigido por un Pedro Sánchez de metro noventa, sólo eso, sabedor de su altura, sin más carisma ni empatía que la otorgada por la vara de medir, que se pasea balanceándose como si fuera el rey del mambo, si nada lo cambia (y espero y deseo que sí), va a quedar como reducto de abuelos cebolletas tipo Felipe González, el rey de las puertas giratorias.

Haced el puñetero favor de uniros para que haya un gobierno de izquierdas. Utopía donde las haya, no hay que olvidar que hasta la guerra civil se perdió por esa incapacidad de las izquierdas para llegar a pactos y vencer a los otros. Ni en aquellos trágicos momentos que todavía colean, fueron capaces de ponerse de acuerdo. ¡¡Qué tristeza!!

jueves, junio 23, 2016

De nuevo, la originalidad de una campaña



Unos meses después de las anteriores elecciones, hueras por cierto, PODEMOS ha llevado a cabo una campaña que se agradece, en especial por su originalidad. El primer punto original: sin dinero, sólo con esfuerzo. Además de esto, que practicarán también otras formaciones menores o nuevas, lejos de los grandes partidos, pueden verse, colgadas en youtube, unas “píldoras” del profesor Carmelo Romero, cabeza de lista para el Congreso.

Son como los lieds a las largas sinfonías. Efectistas, no causan tedio, ni tan siquiera cansancio. No hay posibilidad de engaño, no se pierden con, ni en la palabrería que, sabemos, va preñada de unas promesas, que ellos también saben, no se van a cumplir.

Estas píldoras son reflexiones hechas a pie de calle, en los lugares donde está sucediendo algo que hace pensar al autor. Por ejemplo, en la comarca soriana de Pinares, junto a un pino, para mostrar que es gracias a esos árboles que nunca han sido privatizados (u otros términos que usan para ver si despistan al vecino), por lo que el bosque, en esa zona, no se quema nunca y que el repartimiento de parte del producto maderero va a ser repartido entre los vecinos. Usa la famosa frase del Peric, “Cuando un monte se quema, algo suyo se quema, señor conde”.

Otra de estas píldoras, ante periódicos añejos, ante promesas que todos parecen haber olvidado, porque nunca se han cumplido, pero que permanecen, en tinta, sobre papel, como una maldición que no toca a nadie, porque les da igual.

Por ejemplo, la Ley de Emergencia Social, propuesta por PODEMOS, se cuenta ante un contenedor de basura donde antes acudían quienes padecían el Síndrome de Diógenes, y en la actualidad las familias deben acercarse a ellos para poder alimentarse siquiera sea someramente.

“Sin salarios dignos no hay mercado”, es otra de las reflexiones, hecha en un jueves de mercadillo soriano. Y así todas, en poco más de un minuto. Constatando hechos, sin agobiar a quien escucha, sin intoxicar, una vez, y van muchas, a la gente de buena fe (si es que todavía queda alguien). Repito, las píldoras pueden verse y escucharse en youtube.

martes, junio 07, 2016

De hienas y campañas



Flor de el espino en la Ribera del Duero. Foto: I. Goig

Precampaña, campaña, postcampaña, entrecampañas, y en medio fútbol, mucho fútbol. La liga, la preliga, la postliga, la copa de Europa, dentro de poco el mundial. Y se quejan de que la gente se enganche a programas basura y a series patrias. Qué año horrible este de 2016, y eso que podría haber sido apacible, sin gobierno, un sueño, pero no, de diciembre a junio, siete meses de campaña.

Un día de esta semana empieza la traca final. Quince días mintiendo, aunque decir que mienten es muy antiguo, viene de la época de Tierno Galván y murió a principio del 86. La réplica a los embustes y a la ranciedad la darán los opinadores del cuarto poder, hienas varias, entre las que destaca la Hiena Mayor. En la creencia de que practican periodismo (por muy licenciados en Ciencias de la Información que sean), en realidad insultan, lanzan medias verdades o mentiras directamente y no se les cae de la boca ni Podemos ni Venezuela. Con mucha razón ha preguntado Maduro que si en España no tenemos problemas. Lo más jodido de todo es la moda, de unos años a esta parte, de utilizar niños para babosearlos, grabarlos y pedir su opinión, por cierto, mucho más sensata que la de los propios políticos y la de las hienas. Y esos padres ¿no piensan que todo queda para la posteridad y un día esos niños, convertidos en hombres, les pueden pedir cuentas?

Mientras la sociedad avanza, los políticos y las hienas siguen estancados en Cine de Barrio, ahora, en lugar de Que vienen los socialistas, dicen Que viene Podemos. Y eso es todo, una imbricación malsana donde los políticos rancios no pueden vivir sin las hienas y a la inversa, las hienas lideradas por la Hiena Mayor, no podrían comprar ni un chusco sin los políticos rancios. Ni tienen fondo ni forma para poder opinar sobre otros temas, metidos como están en un bucle de odio y mentiras.

Aquí y ahora vamos a padecer el estallido final de esta campaña, continuación de la otra. Mientras, los suizos discuten sobre una renta básica mensual de dos mil doscientos euros. Cuestión de estilo.

Sugerencias: como hace buen tiempo, buscar en la Naturaleza cualquier ahora que ella, como la campaña, está en eclosión. Nada más hermoso ni más auténtico, siempre sorprendente pese a que está ahí desde el principio de los tiempos. Si llueve, buen libro (o malo), películas, punto de media, ganchillo, pinceles, cualquier actividad vale. Porque las mentiras, los insultos, las promesas que jamás se cumplirán, y la visión de las hienas, puede tener su gracia un rato, pero después de tantos años se vuelven muy, pero que muy cansinos.


martes, mayo 17, 2016

Este año las ovejas no llegarán a Oncala


Cuando las familias se marcharon en busca de una vida mejor, se llevaron con ellos, además de los enseres materiales, los recuerdos de sus vidas y los de sus ancestros. Unos recuerdos que, como sucede con los objetos, se agrandan en la distancia, pero ni se agotan ni se pierden, especialmente si se van transmitiendo. Eso permite recrearlos en un momento determinado, recreación que, si bien pierde frescura, sirve para enseñar a todo aquel que quiera cómo era la vida cuando se marcharon. Para que esto surja el efecto deseado, se ha de estar muy orgulloso del pasado, considerarlo como lo que ha formado a las personas, tanto individual como colectivamente.
 
Desde mi punto de vista (¡lo he dicho y escrito ya tantas veces!), el mundo rural es y ha sido susceptible de provocar ese orgullo de pertenencia más que ningún otro. Y dentro de ese mundo, la particularidad de la Trashumancia ha significado el puntal sobre el que apoyar un mundo de conocimientos, de transmisión de otras culturas, a las que a la vez se colonizaba otras sin pretenderlo, por el efecto de la solidaridad, pero también de la necesidad. Fue también la necesidad, la de comunicarse con quienes se quedaban en sus lugares fijos de residencia, lo que hizo que no existiera el analfabetismo entre los trashumantes. Fue un trabajo duro, durísimo, pero tan enriquecedor, a la vez tan primitivo, tan telúrico, que procuró una sociedad, dentro del mundo rural, distinta y enriquecedora. Una actividad entroncada con los primeros grupos humanos que debían desplazarse en busca del alimento para sus animales, los que a la vez servían de sustento a ellos mismos. El hombre, el trashumante, miraba y reflexionaba, consciente o inconscientemente, empapándose de todo aquello que el ser humano es capaz de asumir y transmitir. Quizá tuvo tiempo de plantearse, mientras curaba las heridas de los animales, evitaba que los lobos mermaran sus rebaños, o vigilaban la rapiña, que ellos, los trashumantes, eran el grupo humano más primitivo que pisaba la tierra, antes de que el hombre dominara las semillas, de que la Agricultura se escribiera con mayúsculas, los trashumantes eran los señores de los montes.


  De unos años a esta parte, alternando Oncala con Los Campos, se ha venido mostrando a todo aquel que lo deseara la cara más amable de la Trashumancia. Este año de 2016 le tocaba a Oncala, pero no podremos verlo. No sé exactamente los motivos, ni tampoco me interesan demasiado, porque me temo que entre ellos estará la cuestión económica y la falta de interés, pero en realidad lo que subyace (como en casi todo en esta depauperada provincia) es la falta de almas para arrimar el hombro en esta y en cualquiera de las actividades que se pretendan hacer. Los viejos trashumantes ya se marcharon a otro espacio donde dicen los creyentes que se está mejor, pero donde ya no se vive. Las distintas administraciones (¡será por administraciones!) se mueven de elecciones en elecciones y en el interregno andan probando maridajes y preparando las fiestas de la capital donde ahí sí que hay diversión y fotógrafos y televisiones, y de todos los medios.
 
Esperemos que lo de este año sea sólo una suspensión puntual y volvamos a participar en la fiesta de la Trashumancia.

viernes, febrero 26, 2016

¡¡Felicidades otiñeros!!



 Foto de Agustín Garzón Martínez, sacada de facebook.
Secretos vericuetos, fragosidades del alma, no se sabe por dónde se cuelan un trozo de tierra, una nube siempre distinta, un río que fluye sin detenerse, o unas rocas magníficas esas sí, siempre las mismas, y somos capaces de sentir como algo nuestro, algo en lo más profundo de nuestro ser, una aldea donde vivieron nuestros antepasados. Resulta ser algo así como un misterio.

Paul Eluard le escribía a la pérfida Gala que es el recuerdo de los momentos más sencillos y los más desprovistos de esplendor los que prueban la imposibilidad de destruir el amor. Los recuerdos sencillos me llegaron de mi madre, y desde que ella no está, tiendo a conservarlos como un homenaje a aquella mujer capaz de transmitirme cómo encendía el cigarro al abuelo ciego con una ascua moviéndola sin cesar. Ese misterio de sentir Otíñar (Otiña siempre en boca de mi madre), como algo mío, puede ser que se explique desde el hecho de saber que allí fui concebida hace sesenta y cuatro años. Y estando, como ha estado Otíñar siempre dentro de mí, no fue hasta pasado el medio siglo de mi vida cuando en compañía de mi hija (como ya he escrito más de una vez) decidí ver la aldea desde dentro y no desde el monumento a Carlos III, donde mis tíos me llevaban cuando era pequeña.

Lavadero del Covarrón. Foto Julia Sutil, sacada de facebook.


Y allí busqué, una vez traspasada una alambrada que pronto desaparecerá, entre los escombros de una aldea con categoría de villa desde su fundación, entre las ruinas propiciadas por manos inmisericordes deseosas de borrar la vida y las pequeñas historias (esas que conforman la Historia) cuál podría ser la lumbre baja donde mi madre buscaba la ascua; ante qué imagen colocada sobre algunas de las vacías hornacinas, habría sido bautizada en plena guerra civil por mi bisabuela Juliana Sabariego, mi prima Carmen Soler mientras mi tía-abuela Espiritusanto cantaba el Avemaría; buscaba la tienda de mi tío-abuelo Juan “el cojo”, la panadería de la tía Serafina.

Por eso hoy, cuando Juan Carlos Roldán (seguramente familia mía también), me ha escrito un mensaje diciendo que el Ayuntamiento de Jaén había aprobado la inscripción en el inventario municipal del castillo de Otíñar, los caminos, la plaza y las calles que conforman la antigua aldea, he sentido una inmensa alegría. Algo de todos los otiñeros les ha sido, muchos años después, devuelto.

Claro que no ha sido sin esfuerzo. Tengo a mi derecha setenta folios que han costado mucho tiempo, mucho trabajo, muchos sinsabores y, tal ven también, mucho dinero, a la plataforma “Por Otíñar y su entorno”. Todo, para deshacer un entuerto malintencionado llevado a cabo mucho antes de la aniquilación de la aldea, un agravio que llevó a poner puertas al campo, rejas a los ríos, y a apropiarse de caminos públicos. Y todo esto desde el primer tercio del siglo XIX.

Ahora, como se indica en el informe del ingeniero de Montes, pasará a la titularidad municipal la fortaleza y antigua villa de Otíñar, los caminos de Jaén a Campillo de Arenas, de los Arrieros, de Los Villares a La Guardia, de Los Villares a Otíñar, a Otíñar, de las Alcandoras, de la Cañada del Castillo, y del Campillo. Además de la plaza, calle de don Jacinto Cañada, y calle del Ejido de Santa Cristina, de la aldea de Santa Cristina (Otiña para los otiñeros).





La aldea. Foto Julia Sutil, sacada de facebook.


Es decir, que cuando se vuelva a subir a la aldea no nos dejaremos la mitad de los pantalones en la alambrada y nadie impedirá que busquemos, entre los escombros, el remache de un cazillo, un trozo de herradura, o una tira de albarca que todavía mantendrá los restos del ADN de un otiñero.

Y, sobre todo, sentados sobre cualquier piedra, podremos imaginar a las mozas con los cántaros en busca de agua, o hacer una hoguera en el centro para quemar las malas intenciones, el caciquismo, los señoríos y todo aquello que ha mantenido durante demasiados años a este país acogotado. Y todo ello a ritmo de melenchones.

Como cuando escribo lo hago solamente de la villa-aldea, he de aclarar aquí y ahora, que el conjunto de El Otíñar, en la Sierra Sur de Jaén, a unos catorce kilómetros de la capital, es un compendio de Prehistoria e Historia. Desde el Neolítico hasta la fundación de lo que se llamó aldea de Santa Cristina (Otiña), sus habitantes han dejado su impronta en forma de pinturas rupestres y otros yacimientos. El castillo de Otíñar, del siglo XIII, sigue enriscado y vigilante en el viejo camino que iba a Granada. Carlos III, en el Mirador del Vítor, tiene dedicado un monumento, erigido al “padre de sus pueblos”, por haber acondicionado el camino de Jaén a Otíñar. Este monarca mandó construir muchas de las hermosas fuentes en la capital, donde el agua abunda como en pocos lugares.