sábado, enero 17, 2009

No es esto, no es esto


Palabras de Ortega y Gasset (“¡No es esto, no es esto!”), refiriéndose al cariz que habían tomado los acontecimientos, una vez puesta en marcha la II República Española. A mí me apetece más utilizar la expresión para con el Estado de Israel.
Muchas personas de mi generación (y adyacentes), hemos sido a lo largo de nuestras vidas pro-judías. Esta querencia venía, sobre todo, del corazón, y después se fue afianzando en la razón. Venía del corazón por el genocidio cometido contra los judíos (entre otras religiones y etnias), por parte del Estado Alemán, con Hitler al frente.
Cuando tuve capacidad de raciocinio, mis lecturas fueron, en su mayoría, sobre los judíos. La expulsión de España –Sefarad-, los pogroms rusos de finales del XIX, la intelectualidad judía repartida por el mundo, el Juicio de Núremberg, y novelas y libros relacionados con el tema, aquella maravilla de Éxodo, cuya película protagonizó Paul Newman. Recuerdo que me sabía de memoria las votaciones en las Naciones Unidas, en 1947, y las negociaciones entre unos y otros.
Fueron años de entusiasmo con Ben Gurión, Moshe Dayán y su bravura, después Golda Meir y sus viajes a EE.UU. en busca de dinero para hacerlo todo, absolutamente todo. Los judíos del mundo, por fin, tenían un Estado, se recibía a todo el mundo. Se acabaron para siempre los ghettos, las persecuciones, las expulsiones. Los kibutzs fueron –y siguen siendo- un ejemplo de economía y vida comunitaria y socialista. Desde el avión, me dijeron, se divisaba una mancha en el amplio desierto, una mancha verde, era Israel.
Creo que la mayoría de la gente de mi generación, siguió con pasión, en 1967, la Guerra de los Seis Días. Todas las fuerzas de cuatro estados árabes contra Israel, que en seis días ventiló el tema. Nadie que pertenezca al mundo musulmán quería, ni quiere, la existencia del Estado de Israel. Un estado donde conviven beduinos, judíos, cristianos y musulmanes.
Sin prisa pero sin pausa, las cosas han ido cambiando. En parte porque las nuevas generaciones no han vivido lo que vivimos nosotros. También porque la memoria es frágil, y los israelíes jóvenes han olvidado lo que sus antepasados sufrieron por la década de los cuarenta. Tan frágil, que hace pocos meses, detuvieron en una ciudad de Israel a un grupo de nazis. Aunque parezca imposible, así es. Y también porque un día apareció el grupo Hamas en escena.
Hamas, según su propia filosofía, sólo existe para aniquilar el Estado de Israel. He buscado fotos de esta organización, y son estremecedoras. En una de ellas, aparece un niño de unos cinco o seis años, armado hasta los dientes. Hamas, eso ya lo sabe todo el mundo, está considerada por la Asociación para la Defensa de los Derechos Humanos (creo que se llama así), por Europa, Estados Unidos, Australia y no sé cuántos estados más, una organización terrorista que ha cometido y comete crímenes contra la humanidad.
¿Justifica esto la reacción del Estado de Israel contra la Franja de Gaza? Desde mi punto de vista, no. Ni esto, ni que desde que la OLP se refugió, o actuó, en el Líbano no han quedado ni los cedros, ayudados, desde luego, por las guerras civiles entre los libaneses.
Un estado de pleno derecho, como lo es el de Israel, tiene otros métodos para solucionar problemas de terrorismo sin meter los tanques en las ciudades, matar indiscriminadamente y provocar una masacre entre la población civil. Un estado tiene, o debe tener, argumentos y, sobre todo, sensatez para evitar las provocaciones. No debe, sobre todo, ponerse al mundo en contra.
Comprendo el temor de sentirse rodeado de naciones que quieren su aniquilación, la impotencia ante los fundamentalistas que, de los dos sexos y desde la tierna juventud, se meten en transportes públicos con un cinturón mortal. Pero la desproporción de fuerzas resulta insoportable a los ojos del mundo, entre los que me incluyo.
Y el Estado de Israel, habitado en su mayoría por judíos, no debe ponerse enfrente al mundo. Todavía, en muchas sociedades, están demonizados como, por desgracia, lo han estado siempre. Si hace siglos lo eran hasta de las epidemias de peste, y los piadosos cristianos lo solucionaban quemando las juderías y, por supuesto, apoderándose de sus tesoros, ahora, si siguen así, acabarán siendo los culpables, y esta vez con razón, de que estalle el polvorín de Oriente Medio.
¡No es esto, no es esto! Con lo que hablan los judíos, pese a la mezcla de lenguas, sería estupendo que emplearan esta facilidad para solucionar, de una vez por todas, los problemas.


10 comentarios:

Anónimo dijo...

qué delicada. Ben Gurión, Meir, Dayan fueron terroristas, como la mayoria de los israelies.

Anónimo dijo...

Decir, como aquí dice uno (o una), que la mayoría de los israelíes son terroristas, es simplificar demasiado la cuestión.

Anónimo dijo...

a ver si te informas un poco anonimo primero. Tano Ben Gurión como Golda Meir, fueron grandes personajes de la historia que merecen el respeto. Rubén Marín

Anónimo dijo...

LOS JUDIOS TIENEN DERECHO A DEFENDERSE DE LOS ATAQUES!!!!

Anónimo dijo...

Pregunto: ¿usted lanzaría cohetes contra un hipotético enemigo desde el colegio donde estudian sus hijos o desde el hospital donde tiene ingresada a su madre, por muy "malo" que fuese ese enemigo?
Germán Ortigosa

Anónimo dijo...

Ahora Obama lo arreglará todo con la ayuda de Dios, madera de predicador tiene, demosle un año de franquicia. Silvia

Anónimo dijo...

para Germán Ortigosa. Si no tuviera otro sitio desde donde hacerlo sí lo haría. A ver si ahora los terroristas musulmanes van a ser canonizados.

Anónimo dijo...

Los judíos se merecen lo que les ha pasado, desde luego. En el Holocausto murieron muy pocos, menos de los que nos quieren hacer creer porque los datos oficiales están "inflados".

Ni tienen derecho a defenderse ni tienen derecho a atacar. A defenderse no, porque invadieron territorios que NO LES PERTENECÍAN. A atacar tampoco, porque no se defienden de un ataque ilegítimo o ilícito, sino plenamente justificado: son unos INVASORES.

tadea.es dijo...

Negar el holocausto está penado. Será por algo.

Anónimo dijo...

El anónimo que me contesta no se ha enterado de lo que he escrito. Precisamente decía lo contrario de lo que ha entendido: que lanzar cohetes contra Israel desde un colegio es mirar muy poco por los tuyos. Germán Ortigosa.