viernes, marzo 21, 2014

Réquiem por la vaca Serrana Negra Soriana

 
Voy a tratar (desde la ignorancia por el sector de la ganadería), de entonar un réquiem por la vaca serrana negra. Un réquiem que tal vez se prolongará algún año, hasta el momento de la estocada final. Se trata de un servicio fúnebre más de los tantos que, desde hace alrededor de sesenta años, se vienen oficiando. Por los pueblos en general, por las escuelas, por los caminos, por las actividades agro-pecuarias, por la fisonomía de la ciudad y los pueblos. Y ahora por la vaca serrana negra. Aunque también se podría hacer por el derribo del viejo mercado de abastos, por ejemplo. Pero vayamos a la vaca.

Recuerdo que desde hace muchos años, y hasta fechas más o menos recientes, era difícil abrir un periódico provincial y no encontrar una noticia relacionada con la granja de Taniñe. Se consideraba un proyecto modélico dirigido a preservar y proteger  una especie autóctona que todavía pastaba por los montes de Soria. A mí entonces, lo de la vaca serrana negra me interesaba poco, en realidad comencé a sentir interés por ella a la vez que conocía la antigua actividad de la Carretería. Movida por ese interés, hace ahora, este mes de noviembre, tres años, tuve ocasión de vivir, en Quintanar de la Sierra, una jornada preparada con todo cariño para quienes allí nos habíamos desplazado, por miembros de la Fundación Real Cabaña de Carreteros, que antes se denominó Cabaña Real de Carreteros de Burgos-Soria o Cabaña Real de Carreteros, Trajineros, Cabañiles y sus derramas. Los descendientes de carreteros uncieron bueyes, hijos de la vaca negra serrana y, con la vieja carreta conservada, se dirigieron al monte para cargar en ella troncos. Fue una jornada inolvidable viviendo todo el proceso y empapándonos de esa antigua actividad.


A partir de esa visita me interesé por la cecina de la serrana negra, y cada vez que voy a Vinuesa, compro una pieza en la carnicería Medrano.

Accedí después a un libro sobre esta raza, escrito por la soriana Elvira de la Orden Gómez. Por él supe que el antecesor de este animal fue el Bos taurus ibericus, el mismo que puede contemplarse en las pinturas rupestres de Valonsadero. También se recoge en él que los romanos escribían de los numantinos que, entre sus costumbres, estaba la del pastoreo de vacuno negro. O sea, que se puede decir, sin temor a errar demasiado, que esta raza es un monumento vivo. De ello saben mucho Pedro Gil Abad, burgalés estudioso de todo lo relacionado con la Carretería y la vaca negra, y el escritor de Covaleda, Pedro Sanz Lallana, que ha escrito una magnífica novela sobre esta actividad y prepara la segunda parte.

Esta reflexión me ha llevado a buscar un periódico que conservé hace años y recordé de pronto. En El Mundo, de 19 de noviembre de 2006, y en referencia a la vaca autóctona catalana, la alberesa, se lee que la administración catalana la considera “patrimonio genético universal” y para el director de la Fundación Territorio y Paisaje, Jordi Sargatal, su desaparición “sería más mala o drástica que la de todo el románico empordanés”. Pese a ello, ya entonces estaba, también, en vías de extinción, pero no se han extinguido.

Pero claro, en Castilla, los catalanes no son ejemplo de nada, más bien al contrario. A quien se le ocurre aunar tradición y modernidad. Cómo interpretar que una ciudad portuaria y europea como Barcelona tenga, en mitad de Las Ramblas, un mercado inaugurado en 1840, tan viejo. En fin, volvamos a la vaca serrana negra, tan vieja también.

De esta vaca, no lo olvidemos, se elaboraba la antigua mantequilla de Soria, dos veces, al menos, premiada en certámenes internacionales, ya que, aunque la leche que produce una serrana negra es inferior en cantidad a la de una frisona, por ejemplo, es en cambio de mayor calidad, rica en grasa, fundamental para la elaboración de un producto santo y seña de Soria.

Según la Federación Española de Razas Autóctonas (FEDERAPES), quedan 324 madres de la serrana negra. Si, como se lee en la prensa soriana, se sacrifican 170, significa que se cargan el tercio del censo mundial.


Si para escribir algo sobre la vaca a la que me voy refiriendo basta con consultar aquello que se ignore, para interpretar lo del sacrificio de ellas y el desmantelamiento de la granja de Taniñe haría falta que los responsables políticos de la decisión explicaran mejor a la ciudadanía varias cosas, en el caso de que a la ciudadanía le interesara.

La primera de ellas es si se ha hecho todo lo posible para evitar el sacrificio. He consultado con un técnico soriano que me ha pedido no diga su nombre. Parece ser que, desde nunca, se han buscado alternativas para promocionar y difundir la raza ni, tampoco, se ha incentivado a los jóvenes agricultores para que apostasen por este ganado, al menos no suficientemente. Para él, la solución, o al menos una de las soluciones, sería privatizar la explotación de Taniñe y otra, extraer embriones de las madres para no perder el patrimonio genético. En cuanto a la dificultad para erradicar la tuberculosis de la explotación, ha preferido no decir nada. Sí se ha lamentado de que el esfuerzo prolongado de personas y administración no haya servido para nada ya que, dejar la responsabilidad de la raza en peligro de extinción en manos de dos o tres ganaderos es condenarla a la desaparición, por muchos esfuerzos que esos dos profesionales hagan, de los que no dudo.

Me parece que, si no se ha hecho todo lo humanamente posible para preservar esta raza autóctona, debería hacerse. No se puede seguir perdiendo población, escuelas, actividades y todo lo que ello lleva anejo en esta provincia. No se puede vivir, creo yo, sólo del turismo. Está muy bien luchar para que Soria se convierta en reserva de la Biosfera (creo haber escuchado eso esta mañana de boca del alcalde de la ciudad), es muy bueno promocionar todos los recursos posibles, pero todo eso ha de estar apoyado por unas actividades propias agro-pecuarias. A veces se nos olvida que Soria fue y sigue siendo, fundamentalmente, una provincia de estas características. Sería estupendo que con las actividades de nuevo cuño destinadas a la promoción turística: casas rurales, réplicas de dinosaurios, actividades lúdicas en Tierras altas, pudieran convivir en perfecta y auténtica armonía la vaca negra serrana, las ovejas merinas, las cañadas cordeles y veredas, las antiguas tiendas de coloniales y todo aquello que conformó lo que a día de hoy es el mundo rural soriano.

Resulta incómodo escribir sobre una decisión tomada por una administración soriana que ha dado sobradas muestras de sensatez a la hora de promocionar estas desoladas tierras de Soria. Además, el tonto útil de turno aprovechará para opinar sobre la congruencia o no de que una no soriana “venga a Soria a decir lo que tenemos que hacer los sorianos”, esto ya se ha producido en más de una ocasión, hasta por algún miembro de partido político minoritario, más preocupado por su modo de vida burguesa que por la problemática de la tierra que le vio nacer, partidario del “cuantos menos seamos a más tocamos”. Total, la forastera sólo lleva treinta y cuatro años viviendo aquí. Perdón por el desahogo, a los que soy poco aficionada.

1 comentario:

Marina Garcia dijo...

He vuelto de la ruta carreteril que ha llevado simbólicamente pez a Pasaia y su Nao San Juan y supongo pudiera ser un buen momento para apoyar a la serrana negra que ahora quedan menos pero en tierras vascas y navarras las han reencontrado con mucha ilusión.
Me ha gustado mucho tu réquiem y creo lo que seguiré leyendo de tus palabras, salud!!