viernes, septiembre 18, 2015

Por la recuperación de Otíñar

El primero a quien, después de cercar un terreno, se le ocurrió decir "Esto es mío", y halló personas bastante sencillas para creerle, fue el verdadero fundador de la sociedad civil. Cuántos crímenes, guerras, muertes, miserias y horrores habría ahorrado al género humano el que, arrancando las estacas o arrasando el foso, hubiera gritado a sus semejantes: "¡Guardaos de escuchar a ese impostor; estáis perdidos si olvidáis que los frutos son para todos y que la tierra no es de nadie!"

Jean-Jacques Rousseau (1712-1778)



Hace ya unos años visité, por primera y única vez, en compañía de mi hija Leonor, la aldea de Otíñar (en casa siempre fue nombrada Otiña sin tilde y sin erre final). Durante mi infancia ya muy lejana, me llevaban de excursión hasta el monumento dedicado a Carlos III y desde allí contemplaba el que ya me parecía magnífico paisaje, sin entender bien ni qué era paisaje, ni qué magnífico.

A raíz de aquél viaje escribí una entrada en mi blog con el título “Primero fue el Otiñar”, que me inspiró mi hija cuando, al ver lo que restaba de la aldea, susurró: “Así que aquí empezó todo”. Después contacté con Eloy, familia como no podía ser de otra manera, y más tarde con Juan Carlos Roldán, ambos, como otros muchos, otiñeros de alma, descendientes de aquellos otros que cultivaron las tierras.


En casa de mis abuelos se hablaba poco de Otiña y, cuando se hacía, era de manera nostálgica, a veces preocupada “ya no queda casi nadie”, “la tía tal se ha venido a vivir a Jaén”. A veces, en susurro, escuchaba a mi abuela decir a mi madre o a alguna de mis tías: “es que el tío Paco era muy rojo”. Ahora, leyendo lo que me van enviando, supongo que se referiría a Francisco Soler Sabariego (los mismos apellidos que mi abuelo, aunque eran primos hermanos), quien participó en la colectivización de las tierras del Otíñar durante la Guerra Civil. Creo que estuvo bastante tiempo en la cárcel. Debió ser aquel intento que duró apenas unos años (y tan caro pagaron los otiñeros), como un fandango de El Cabrero cantado desde el viejo castillo que vigila, secular, la vieja carretera que une Jaén con Granada. Una utopía, una quimera, como las colectivizaciones de Cataluña y Aragón, como todos los intentos de la gente humilde desde que el mundo es mundo.

Quien más recordó siempre a aquella aldea fue mi madre, hasta su muerte en el año 2008. Conocía todas las casas, recordaba los albérchigos, los ochíos de la tía Serafina, la taberna del tío Juan “el Cojo” (hermano de mi abuela), los veranos en casa de la abuela Juliana con la tía Espiritusanto. Luego fue la modista de los dueños, en la calle Espiga, donde acudía cuando las obligaciones con otras clientas se lo permitían. Toda la familia de mis abuelos maternos era de Otiña: Soler, Sabariego, Sutil, Requena, Romero...
Cuando subíamos desde donde nos vimos obligadas a dejar el coche, porque una enorme piedra impedía seguir por un camino público, lo primero que me extrañó fue el bosquecillo de unos árboles que ahora, gracias a Juan Carlos Roldán, sé que se llaman ailantos, una especie que no conozco en Soria. Después, cuando me sitúe en el centro de la plaza donde una gran casa blanca, todavía en pie, decía con su porte que sería la de los dueños, sentí que algo mío estaba también allí y, desde entonces, deseo volver, y volveré, en cuanto me sea posible.

Y todo esto me hace pensar, y creer firmemente, que pueden arrasar las casas -como han hecho-, borrar las huellas físicas, cambiar los nombres, pero nunca podrán arrancar de los descendientes de aquellos otiñeros que habitaron las casas asoladas, que encendían el fuego de los hogares, que parían y morían en la misma cama, el sentimiento de arraigo, la memoria colectiva hasta de personas que, como es mi caso, han pisado una sola vez el solar de lo que fueron calles de el Otíñar.

Resido, desde hace más de 37 años, en Soria. El sistema político-social de Castilla -con el minifundio- es radicalmente opuesto al latifundista de Andalucía. No se comprendería aquí que una dehesa de propios -como lo fue el Otíñar- pasara a manos privadas. Tampoco se entendería un pueblo sin ordenanzas ni concejos, en general abiertos. No existen, ni existieron, aldeas con colonos. Pero sí caciques hasta fechas muy recientes. Y muchos pueblos abandonados por la decisión tomada a mediados del siglo pasado, por Patrimonio Forestal (o algo así que ya no existe) de reforestar algunas sierras que tradicionalmente habían servido de pasto y cobijo veraniego a los rebaños de trashumantes. Pero nadie tocó las viviendas, nadie arrasó las iglesias, nadie convirtió en cascotes los lugares donde muchas generaciones habían nacido, vivido y muerto. Ni tan siquiera el Estado. Por eso, ahora, algunos descendientes de ellos pueden volver y encontrar la casa, en ruinas, sí, pero susceptible de ser restaurada. Y pienso en mi querido pueblo de Sarnago, en plena sierra de la Alcarama, cuyos antiguos habitantes están consiguiendo que vuelva a ser parecido a lo que era, a base de esfuerzo, unidad y hacenderas.



Ha llegado a mis oídos que los descendientes de otiñeros van a luchar para que se declare a el Otíñar lugar de Memoria Histórica de Andalucía, y desde luego que lo es, en eso lo han convertido, en especial la aldea del siglo XIX.

El sábado, 26 de septiembre, van a celebran, en el mítico paraje del Puente de la Sierra, una verbena por la recuperación de los caminos y espacios públicos de Otíñar. Desde las 9 de la mañana hasta las 10 de la noche, toda una jornada reivindicativa a la que, desde aquí, me uno de corazón y espero que el año próximo les pueda acompañar y la celebremos en el corazón físico de la aldea.







7 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimada Sra:
Leo en su entrada al final que habla sobre que el lugar de Otíñar se pretende convertir en Lugar de Memoria Histórica, no tenía noticias al respecto. Si fuera tan amable le rogaría me indicase la fuente de tal información.

Un saludo, y felicidades por su blog.

José Gacía Almagro dijo...

Estos temas los suele llevar la Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica de Jaén, seguro que ellos te pueden orientar.

José Gacía Almagro dijo...

O el grupo municipal del PSOE, lo llevaban en su programa de las municipales.

http://www.nosunejaen.es/wp-content/uploads/2015/05/Programa-PSOE-Jae%C4%9Bn-2015.pdf

Isabel Goig Soler dijo...

Para anónimo.

Pues como pertenezco a la Asociación de la Memoria Histórica de Soria nos enteramos de lo que se hace en otras. Me pareció muy interesante que un lugar como Otíñar, desfenestrado, se incluya.
¿Es usted también descendiente de otiñeros como yo?
Reciba un cordial saludo
Isabel

Anónimo dijo...

Muchas gracias Isabel:

Simplemente me interesa la historia y el patrimonio de la Ciudad de Jaén, es que hice esta misma pregunta en la página facebook de la plataforma y mi comentario fue borrado y mi usuario bloqueado, sigo sin entender por qué, así que pensé que igual usted me lo dijera, ya que no se había escuchado nada en Jaén al respecto.

Muchas gracias. Un saludo.

Jesús

Anónimo dijo...

Otíñar, Sarnago, Peñalcázar... la despoblación, que no el olvido, une a estos y otros muchos lugares de nuestra España rural. Por cierto, la Otíñar comentada, ¿es la Santa Cristina del XIX que dista unos 2 km? ¿A cuál hace referencia la autora?

Isabel Goig dijo...

Todo forma un conjunto. Pero mis recuerdos transmitidos son de la aldea de mediados del siglo XIX. En casa nunca se la llamó Otíñar ni, por supuesto, Santa Cristina, siempre fue Otiña.
Un saludo