domingo, noviembre 21, 2010

Sostener Soria



Cuando algún miembro de la familia enferma, todos acuden a cuidarlo y mimarlo dejando de lado las rencillas. Seguro que el cariño cura más y mejor que cualquier medicina al uso. La familia también está presta cuando, como en los tiempos que nos están tocando vivir, algún miembro de ella se ve abocado a situaciones de crisis que hacen imposible seguir adelante con el bienestar y la despreocupación que se había vivido en los últimos años.
Soria, nuestra provincia, lleva muchos años padeciendo esa crisis, al igual que gran parte del mundo rural. La estupidez humana, que es mucha y crece, unida al desconocimiento de la tierra y los montes, ha ido vaciando de humanidad el mundo rural, auténtico y fundamental, y sobre poblando las ciudades hasta convertirlas en lugares inhabitables y ficticios, donde todo se sucede sin ton ni son. La tendencia, en algún momento, tendrá que cambiar. Pero mientras esto sucede, emociona comprobar los esfuerzos de algunas personas que han decidido continuar en Soria y sus tierras, para sostenerla y cuidarla mientras las tendencias y las modas dan la vuelta.
Olvidada por los políticos nacionales, esos que cuentan votos y no personas, algo por otro lado legítimo y entendible desde el punto de vista de acudir a donde hay más demanda, en detrimento de pequeñas comunidades, aunque estas acaben definitivamente muriendo, los políticos locales, esos que no vemos como tales, sino como gestores cercanos, se esfuerzan en colocar tiritas sin parar en las heridas de cañones, y hasta se enfrentan, como recientemente hizo el alcalde de Soria, a su propio partido, que deja a la provincia empantanada con unas obras que, todo hay que decirlo, tal vez no hubiera sido necesario que se empezaran nunca.
Pese a algunas voces disonantes, me gusta ver los esfuerzos que cada uno, desde su parcela, hace para cuidar la provincia. Los ecologistas tratan de que no se considere algo perdido y cada uno haga su agosto al grito de ya no hay casi nadie y vale todo. Las asociaciones reivindicativas saliendo a la calle, caminando hacia atrás para llamar la atención. Los políticos cercanos, los gestores, con sus tiritas. El mundo de la cultura con sus quimeras. El científico luchando por la Dieta Mediterránea y por conseguir la sede en Soria. Los cocineros con sus setas. Hasta nosotras, recorriendo las tierras para dejar constancia de este baile, aquel guiso, la otra piedra que estaba y ya no está. Y que nadie piense que se recibe nada a cambio, todos, o casi todos, trabajan gratis y por amor, si algún día llegaran los beneficios, los que han estado al pie del cañón ya no se enterarán.
La recorro frecuentemente, y lo que más me emociona son las personas que se han quedado, pese a todo, y morirán aquí sin plantearse por un momento que la ciudad les va a proporcionar más felicidad. Esos pequeños grupos humanos que permanecen en la fría sierra y cada año se esfuerzan por enseñar al que acude su danza recuperada, como sucedió ayer mismo, sábado, en Santa Cruz de Yanguas, mientras el alcalde tostaba migas y asaba chorizos para agasajar al visitante. O como el pastor Félix de Prado, a quien encontré en la cuneta de la carretera de Verguizas, rodeado de sus careas, cuidando sus cien ovejas –“tenía mil y las he vendido, me he quedado con estas para entretenerme”- cubierto con la manta a cuadros.  O como los que me voy a encontrar dentro de un rato en Aldealices, enseñando a aprovechar el acebo, uno de sus recursos.
Casi todos estamos atentos, sosteniendo a Soria y sus tierras. Se puede o no estar de acuerdo en la forma de hacerse, pero lo importante es hacerlo. Sé que algunos están en contra de estos remiendos, pero me parece que no hay otra solución. El borrón y cuenta nueva no funciona cuando de seres humanos que conforman una comunidad se trata. A nadie se le ocurre, cuando el familiar está enfermo, matarlo y hacer otro nuevo.
Por todo ello, y firmemente convencida de que, como dijo Camus, se ayuda más a un ser –a una colectividad- dándole una imagen buena de sí mismo que enfrentándole constantemente con sus defectos, he de desear que sigamos sosteniendo Soria más o menos como lo estamos haciendo.

3 comentarios:

santalba dijo...

Hola Isabel,

Te propongo un sinónimo:

Apuntalar Soria.

Ya no es suficiente con nuestros brazos, somos demasiado pocos. Ahora necesitamos de tentemozos con los que apuntalarla.

Santi

Anónimo dijo...

También podemos ayudar, aunque parezca simbólico, los que estamos fuera: conservando la casa paterna, volviendo por Soria en cuantas ocasiones podemos, comprando productos sorianos, promocionando Soria y provincia entre amigos y conocidos, en el trabajo...
Paquillo Pajero.

Anónimo dijo...

Muy optimista me parece lo que escribes, Isabel. Ya veremos dentro de treinta años. ni los inmigrantes se quedan, Soria para ellos está de paso hacia otras latitudes. En fin, ojalá. Rubén