viernes, diciembre 04, 2009

Josep Estelrich i Costa


Miscel.lània homenatge
a Josep Estelrich i Costa
Editors: Joan Font i Roig, Joan Moratinos Jaume
Climent Picornell Bauzà y Joan Bauçà I Barceló
Monografies santjoaneras, 20
Sant Joan 2009

Los miembros del Col.lectiu Teranyines se han unido para homenajear a don Josep Estelrich i Costa, don Pep, como se le conoce popularmente. Este colectivo, de Sant Joan (Mallorca), tiene como fin estudiar la historia y la cultura de este pueblo de algo más de mil seiscientos habitantes, situado en el Pla mallorquín, de donde es oriundo el personaje homenajeado.

Estelrich, el mayor de siete hermanos, nació en el año 1922 y toda su vida ha estado dedicada a la Iglesia. Desde niño ingresó en la Escolanía de Lluc, y a partir de ahí su curriculum como sacerdote es tan intenso y largo como su propia vida. Su andadura personal ha demostrado que en muchas ocasiones las jerarquías van por un camino y las personas por otro, por mucho que esto don Pep tal vez lo negaría. La vida de este sacerdote ha sido de compromiso social, sobre todo en su faceta de director de la Residencia Sant Pere, para jóvenes obreros y estudiantes, y también de compromiso con la tierra y la lengua de la isla que le vio nacer.

Su labor como investigador histórico es monumental. Por ello ha recibido varios premios: el Bartomeu Oliver, otorgado por la Obra Cultural Balear; el diploma de socio de honor de la Societat Arqueològica Lul.liana; y el premio Jaume II del Consell Insular de Mallorca, en reconocimiento a una labor intensa de investigación, y también por todo su trabajo sobre la figura, la obra y el patrimonio del padre Rafel Ginard. Don Pep fue el fundador del Col.lectiu Teranyines, que con esta publicación le rinde homenaje. Tal vez su trabajo más largo e intenso haya sido la catalogación del archivo del monasterio de Santa Elisabet de Palma, de donde fue capellán y sobre el que escribió su historia.

Destacada ha sido también su colaboración con el grupo de investigación Jaume IV, creado para la búsqueda de documentos y de los restos mortales de los últimos componentes de la dinastía mallorquina, de la que es miembro, y para la que ha transcrito numerosos documentos.

Ha sentido pasión por la naturaleza y el excursionismo, lo que demuestra el gran número de fotografías vestido para la ocasión, y caminando por las sierras altas y escarpadas de las sierras mallorquinas. Cada año celebraba la misa de Sant Bernat de Menthon, patrón de los excursionistas.

Cuarenta y tres artículos y más de cincuenta historiadores y amigos de don Pep, se reúnen en esta publicación para homenajear a don Josep Estelrich i Costa. Unos temas son históricos, otros versan sobre tradiciones y cultura, algunos religiosos, en fin, 660 páginas intensas, con ilustraciones, donde destaca la parte destinada a dar a conocer los recuerdos, vivencias y testimonios de aquellos que le conocen bien.

Felicidades don Pep

jueves, noviembre 26, 2009

Ysabellis y Mallorca



A mediados de noviembre fui invitada para acudir a Mallorca a fin de presentar la novela Ysabellis, Regine Maioricarum. Siempre presta para visitar la Isla, no dudé ni un instante en darme esa satisfacción y, sobre todo, volver a abrazar a mis queridos amigos mallorquines.

Quiero, desde aquí, dar las gracias a todos ellos, porque, una vez más, han conseguido que vuelva a la península deseando tornar cuanto antes a su hermosa tierra.

El jueves, día 12 de noviembre, la novela fue presentada en el Consell Insular, magnífico edificio neogótico, por el catedrático de la UIB, Gabriel Ensenyat, presidido por el consejero Cosme Bonet. Al día siguiente, en un acto organizado por el escritor e historiador mallorquín Pere Morey, tuve ocasión de acudir a la Librería Ágora, de Palma, donde la propietaria, Ramona Pérez, me acogió con el cariño y el interés que saben proporcionar la gente de Mallorca. Y aún hubo otro acto, en el colegio Norai, del Puerto de Alcudia, en esta ocasión organizado por Andrés Gil, soriano de Reznos, que ejerce en él su magisterio.

A todos ellos, a los medios de comunicación, a Pere Fullana, y muy especialmente al Grup de Investigació Jaume IV, quiere agradecerles la forma en que me arroparon, acogieron y organizaron los actos.

Sobre el Grupo, debo decir que ha sido gracias a sus componentes, el que la novela sobre la última reina de Mallorca haya sido escrita. Josep Mas, Miquel Gayà, Gabriel Ensenyat, Helena Inglada, Josep Estelrich, Climent Picornell, Francesca Jaume, Jaume Riera y yo misma, formamos parte de ese a modo de asociación que gira alrededor del rey de Mallorca, pero también de la amistad y el afecto.

Muchas gracias y hasta siempre.

lunes, noviembre 23, 2009

La Seu d'Ègara, en Tarrasa




En el resto de la península, e incluso en algunos lugares de Cataluña, cuando se escucha hablar de Tarrasa, se piensa en la industria textil y en un lugar donde, en el siglo pasado, fueron asentándose los que llegaban de otras partes de España en busca de trabajo.
Yo misma, que de adolescente pasaba temporadas en Tarrasa, en casa de mi tía-abuela Espiritusanto, preciosa mujer madre de ocho hijos varones, natural de Jaén, he visto siempre esta villa como el resto de los mortales, más bien fea de construcciones y poco cuidada.
Hace unos días, en compañía de mi hijo Israel y de mis dos nietos mayores, fuimos a ver las iglesias de Sant Pere de Terrassa, gracias a un anuncio aparecido en la revista Sàpiens. El Conjunt Monumental de les Esglésies de Sant Pere, conocido también como la Seu d’Ègara, nombre de la ciudad de Tarrasa en la época romana, es impresionante.
La zona abarca un período ininterrumpido desde la época ibérica, pero lo más destacable es el conjunto de las tres iglesias, todas en una misma explanada, que conservan la construcción de los siglos VI al VIII. El conjunto verdaderamente monumental, de la época episcopal, se compone de la basílica de tres naves dedicada a Santa María, que hacía funciones de catedral; el edificio funerario de Sant Miquel, que también podría ser un martyrium o santuario cristiano dedicado a un mártir; y la iglesia parroquial, de tres naves, dedicada a Sant Pere. Todo ello acompañado de pinturas murales de la Alta Edad Media, románicas, y retablos góticos, entre ellos cuelga, en Sant Pere, uno de Jaume Huguet, el dedicado a los santos Abdón y Senén.
En la iglesia de Santa María, me llamó poderosamente la atención el motivo de una de sus pinturas murales, el asesinato de santo Tomás Becket. También en Soria, en las ruinas de la iglesia de San Nicolás, tenemos representada esta escena.
Si se deciden a visitar este hermoso conjunto, muy cerca de él está también el Castell Cartoixa de Vallparadís, el claustre del convent de Sant Francesc, y la torre del Palau donde se interpreta la zona medieval de Tarrasa.


lunes, noviembre 09, 2009

Sor Felicidad, de Serón, en Valldonzella


Caminaba por la zona alta de Barcelona en busca de la Torre Castanyer, donde Machado pasara sus últimos días en España, que es lo mismo que decir sus últimos días en la vida. Quería recordar que por esas calles estaba el monasterio moderno de Valldonzella, el medieval, en la Creu Coberta, hace siglos que desapareció. En él, el antiguo, descansaban los reyes de sus viajes antes de entrar a Barcelona a través de las murallas. En él, murió el rey Martí el Humano, dejando huérfano de dinastía catalana a su reino. Y en él, también, se encerró su última esposa, la preciosa Margarida de Prades.
El nuevo Valldonzella, construido a principio del siglo XX, de estilo modernista, está ubicado a los pies de la montaña del Tibidabo, concretamente en la calle del Císter, a cuya orden pertenecen las monjas que lo habitan. Es un edificio magnífico, ocupada una de sus alas por la Rectoría de la Universidad Ramon Llull.
He de confesar que me gusta mucho el clero regular, ajeno a los tejemanejes del secular, con sus propias normas, orando y laborando en la paz intramuros. Así que llamé al torno para pegar un poco la hebra con alguna sor. Me abrió una de ellas, de par en par, y ante mi extrañeza porque no se parapetaba tras el torno giratorio, le pregunté si eran de clausura. Ella me dijo que los monasterios nunca se concibieron como cerrados y con verjas, que eso lo fue haciendo el ser humano, al entrar en los conventos gentes poco convencidas, o por imposiciones de padres, tutores y reyes. Desde hace años, las vocaciones lo son de verdad, y para permanecer dentro no necesitan rejas. La Comunidad se dedica a la encuadernación.
Todo esto me lo contaba sor Felicidad González Hernández. Le dije que venía de Soria. “¿De dónde dice que viene?”. “De Soria”, repetí. “Yo soy soriana, de un pueblo pequeño cerca de Aragón, que probablemente no conocerá”. “Dígame el nombre, seguro que lo conozco”. Sor Felicidad es de Serón de Nágima, pero lleva mucho tiempo en Valldonzella, y va pocas veces a su pueblo natal. Ha sido abadesa durante dieciocho años.
La diáspora soriana hace que encontremos paisanos por todas partes, y muchos de ellos en cargos importantes. Le prometí a sor Felicidad volver a visitarla y llevarle algún libro de su tierra.

sábado, octubre 24, 2009

El desafortunado comentario de la señora Yagüe



Asisto en silencio a la polémica sobre el monumento al general Yagüe, ubicado en San Leonardo, su pueblo natal. Suscribo todo lo que al respecto dice, opina y gestiona la Asociación para la Memoria Histórica de Soria, a la que pertenezco.
Como investigadora sobre la Guerra Civil, podría aportar datos sobre el asunto, cosa que en este momento no voy a hacer.
Si, de forma particular, escribo estas líneas, es por el regusto amargo y la indignación que me han producido unas palabras de la señora María Eugenia Yagüe, y que he leído, entrecomilladas, en la edición digital de HERALDO DE SORIA: “no aceptan [algunos sectores], ni admiten que han perdido la Guerra Civil”.
Esto es terrible. Entendía a la señora Yagüe como hija. Incluso comprendía que ella, que ha conocido al padre y no al militar, viera lo sucedido de distinta forma al resto de los mortales. Después de esto, ni la entiendo, ni la comprendo, ni quiero hacerlo.
O sea, que como una parte de España perdió una guerra en la que se vio envuelta por el por el afán de poder de un grupo de militares golpistas, y después, permaneció encarcelada y humillada durante muchos años, quedó por ello anulada para la eternidad toda capacidad de reclamar, investigar y conseguir que la verdad, toda la verdad, vea la luz. Traducido al lenguaje vulgar: habéis perdido, a joderse.
Sinceramente, no creo que el Partido Popular deba lamentar la baja en sus filas de la señora Yagüe. Hay personas decentes y trabajadoras en ese partido, concretamente en Soria, a las que conozco personalmente, que no necesitan afiliados como estos.
Por otro lado, las leyes, estemos o no de acuerdo con ellas, existen para se cumplan. Ahora mismo, si no la derogan, hay una que impide monumentos a franquistas.

jueves, octubre 01, 2009




Al poco de pasar Bailén le dije a mi hermana que olía a aceite, y ese olor nos acompañó hasta que a la vista tuvimos el cerro de santa Catalina, y recortada sobre el cielo la silueta de la alcazaba de Jaén. A sus pies, iluminada, la magnífica catedral de los Vandelvira sustituye a la vieja, como queriendo tapar la infamia del asesinato del condestable Iranzo.


Durante toda nuestra estancia, el olor a aceite nos acompañó, mezclado con el de las buganvillas y los jazmines de la casa de los primos. El mismo olor de mi infancia, cuando, subida en un taburete, me asomaba al pequeño aljibe donde el abuelo Juan depositaba el aceite que iba a gastar la familia a lo largo del año siguiente. El mismo, también, que el de la alacena de la abuela Rafaela, donde guardaba los quesos en aceite, comprados a los productores de la Mancha, que acudían a venderlos, romana al hombro, vestidos con anchos blusones grises.


La parte vieja de Jaén, de la plaza de las Palmeras hacia arriba, apenas ha cambiado. Eso nos ha permitido revivir la infancia. Recorrer las callejuelas del barrio de la Magdalena, conociendo ahora que se trata del barrio judío, escuchando las palabras de la madre -¡tan reciente su muerte!- recordando cómo las paseaba subida en altos tacones, pese a lo empinado y empedrado de ellas.


Aquella casona de la calle santo Domingo bajo, junto a la de San Miguel, donde los tíos tenían el horno y vivían, ahora es una casa de pisos, pero han conservado la estructura y algunas partes de la configuración exterior. Parecía que salía por las puertas y ventanas el olor del pan recién hecho, los ochíos, los hornazos y los mantecados de aceite que las manos delicadas de las mujeres de la casa, entre ellas las de la tía Esperanza, amasaban y daban forma, para que luego las clientas los colocaran con cariño en cestas y los taparan con blanquísimos paños, antes de guardarlos en las alacenas.


No han cambiado ni los nombres de las calles. Campanas, Cerón, Martínez Molina. Bernabé Soriano, conocida como la Carrera desde siempre, la han hecho peatonal. Echamos de menos al hombre que muchos años atrás, vendía cacahuetes con cáscaras y pelados, tapada la cesta para que se mantuvieran calientes. Hasta la placa de quien fuera nuestro médico pediatra, el doctor F. Luque, sigue en la fachada.


El mercado sí ha cambiado. Del viejo no queda nada. Pero el entorno es el mismo. Muy cerca está la calle Pescadería, donde nacimos las tres hermanas mayores. No está ya una pastelería, puerta con puerta de nuestra casa. Desde una de nuestras ventanas veíamos trabajar de noche a unos hombres vestidos de blanco, que nos parecían muy alejados de nuestros ojos y muy peligrosos, y que asociábamos con la bruja de la Casita de chocolate.


Sigue el colegio de la Amiga de Piedra, donde aprendimos las primeras letras, nosotras, nuestras primas, nuestra madre y nuestras tías. Y el de las Teresianas, donde acudiría años después, en una calle que sale de la Alcantarilla. Ya no está por ahí el comercio de los Guapos, donde nuestra madre me enviaba, de vez en cuando, a comprar café para no dormirse y coser durante casi toda la noche, en compañía de Mari Luz, su oficiala de ocho pesetas diarias.


Pequeños recuerdos de una infancia feliz que ha sido posible revivirla gracias a que Jaén, su parte vieja, sus barrios cobijados al amparo del castillo, de la vieja alcazaba, se ha mantenido reconocible y hermosa.

martes, septiembre 29, 2009

Los andrajos de Jaén


No necesitábamos saber que los andrajos de nuestros primos están relacionados con el gazpacho de Caroig o con los manchegos. Tampoco que, según Joan Corominas, la palabra andrajo podría venir de falda. Ni que sinónimos de andrajos (siempre en plural) son harapo, guiñapo o zarria. Nada de eso.
Para los andrajos que el pasado sábado, 26 de septiembre, comimos en Puente Tablas, de Jaén, fue necesario que se juntaran varias circunstancias, o elementos. Uno de ellos, el que los primos fueran panaderos y supieran hacer una masa sin levadura, bien trabajada y afinada. Que otro primo fuera cazador y saliera al monte para conseguir unos cuantos conejos. Que nuestras primas hubieran heredado de las abuelas, las tías y la madre la sabiduría para aderezarlos. Y, sobre todo y muy en especial, que reinara el cariño tocado con una migaja de nostalgia y la satisfacción de volver, después de muchos años, a la tierra de origen. Si además, a todo esto se une la posesión de una gran casa desde donde se ve el castillo de Santa Catalina, las torres de la catedral de Jaén, las lomas con olivos y, a sus pies, se escucha el discurrir del río Guadalbullón…, ustedes dirán.
Los andrajos es comida propia de nuestra tierra, de Jaén, como decía arriba. Podrían compararse con el gazpacho manchego, aunque en el caso de éste, la masa sin levadura, cenceña, se cuece en el horno antes de despedazarla y añadirla al guiso. En el caso de los andrajos, se añade cruda y se cuece en el caldo.
Preparen conejo de monte, ajos, hierbabuena, pimientos verdes y tomates y hagan con ello un buen sofrito (los ajos y la hierbabuena machacados). Vayan añadiendo pimentón, cominos, pimienta, guindillas, azafrán, orégano y un buen vaso de vino blanco. Después añadan el agua y cuando el conejo esté casi cocido es el momento de ir echando la masa bien fina, abriéndola con las manos para que se afine aún más, y a trozos pequeños. Hay que mover sin parar para que no se pegue. Añadan más hierbabuena, es el sabor que debe predominar. El guiso ha de quedar espeso.
Los andrajos pueden acompañarse de vinos de Jaén. Porque en Jaén hay vinos también, además de los olivos que han hecho de ella la capital mundial del aceite. Incluso hay una variedad autóctona de uva, la “molinera de Bailén”, que junto con la Tempranillo hacen buenos caldos. Todo esto lo sabemos por el primo Vicente, entendido en yantares y derivados.
Pero con lo que se debe acompañar este condumio es con personas como las que teníamos a nuestro alrededor, con tanto cariño, tanta amabilidad y tanta hospitalidad, que hasta las paredes se derretían.

sábado, septiembre 19, 2009

Putas, drogadictos...

El atropello de una prostituta en La Jonquera cuando huía de los Mossos, que acudían a un menester que nada tenía que ver con ella, ha sido, por lo leído, un fatal accidente con huida incluida del conductor. El caso es que la mujer ha muerto porque las cosas se están poniendo muy difíciles para las prostitutas. Se han empeñados las autoridades, con más ahínco las municipales, en hacerlas desaparecer de las calles sin ofrecerles, a cambio, otras alternativas.
Hace unos días, unos vecinos se quejaban, también, de un albergue para pobres, por lo conflictivo, ya que se peleaban entre ellos por un quítame allí estos cartones. Otros se quejan de que unos drogadictos han ocupado unas naves abandonadas y acumulan vertidos y suciedad por los alrededores. Hoy mismo, en Lleida, los vecinos cogen firmas por el deterioro de un barrio, debido a la prostitución y las drogas. Podría seguir recodando o acudir a cualquier buscador por Internet, pero estaría escribiendo hasta mañana.
El caso es que todo aquel, grupo o individuo, que no cuadre con la idea que tenemos de lo que debe ser una sociedad bienpensante y bienestante, nos molesta, sin parar a reflexionar que esta es la sociedad que ahora mismo tenemos, para desgracia de quienes nos molestan porque no encajan.
En este sistema político-social-económico en el que vivimos el primer mundo, no tenemos ni idea de qué hacer con aquellos que nos estorban. Podríamos escribir también con lo que nos incomoda: vertederos, cárceles, residuos.
Así que si empezamos a quitar gitanos no integrados, inmigrantes que no trabajan (en ocasiones molestan hasta los que trabajan), prostitutas, mendigos, drogadictos, jóvenes que se pasan con los botellones… restan unos millones de españoles, precisamente para los que están pensadas las leyes y la sociedad.
No sé si muchos se pararán un instante a pensar, provisto de cierto grado de empatía, en que todos esos grupos son seres humanos igual que el resto, con muchas más penas y casi ninguna alegría. Los gitanos de las míseras barracas, que viven entre la mierda, tienen hijos pequeños a los que quieren profundamente y cuidan mejor, mucho mejor, que el ciudadano-medio-de clase media-alta-tirando a baja, caritativo de 20 céntimos de euro con el mendigo. Los drogadictos no saben cómo desengancharse, o son seres completamente desgajados de las familias, algunas, tal vez, de esa clase media-alta… Los mendigos se pelean por cartones porque es lo único a lo que pueden acceder. Las putas se prostituyen, en la mayoría de los casos, porque las mafias les obligan, o porque tienen que criar hijos, o, a veces, porque les da la real gana.
¿Qué hacemos con todos ellos? ¿guetos? ¿gas? ¿Dónde los escondemos para que no afecten a nuestras delicadas narices y nuestras selectas miradas? En todo esto nada tiene que ver la crisis que llevamos padeciendo durante más de un año, esto no ha cambiado nada, ni con bienestar ni con crisis.
Todos esos grupos marginales que tanto incordian y afean plazas y monumentos, no son más que la prueba palpable del gran fracaso de nuestro sistema capitalista, en el que entran -¡por descontado!- los gobiernos más o menos socialistas, más o menos progresistas.
Así que miremos con los ojos bien abiertos, paseemos entre ellos, dejémonos invadir por sus olores, porque son nuestros, muy nuestros. A ver si en algún momento somos capaces de levantar la voz y el puño (pero de verdad), por esos seres de nuestras pesadillas.

sábado, septiembre 05, 2009

Recordando el Holocausto


Últimamente, con motivo del final de la II Guerra Mundial, los medios de comunicación recuerdan aquellos años terribles en los que nuestros antepasados se mataban bárbaramente y se mutilaban con ceguera terrible, mandados desde lugares seguros por políticos y militares hijos de mala madre, henchidos de ira y soberbia, sedientos de poder y necesitados de pasar a la Historia como héroes. Porque en este mundo siempre ha habido, hay y habrá brutos, muchos brutos, revestidos de periodistas e historiadores, que acaban encontrando justificación a las barbaridades que el ser humano es capaz de cometer contra otros seres humanos, arrogándose, en nombre de los gobernados o de los súbditos, el derecho a matar o destruir.

Me parece muy bien que se recuerden estos hechos sangrientos e injustificables, aunque no haya mucha necesidad de ello. La condición humana repite sin cesar los mismos modelos, y sólo con leer cada día el periódico o ver la televisión, se puede comprobar.

Pero la barbarie que hace setenta años asoló Europa, la vieja Europa, la culta y desarrollada Europa, la colonizadora de salvajes, que se llevó por delante millones de personas y dejó en la miseria al resto, resulta más impactante para ser recordada y evitar que vuelva a suceder.

Lo más impresionante de aquella generalizada masacre fue, sin lugar a dudas, el Holocausto, y a él dedican la parte más importante de esta conmemoración. La matanza de judíos, gitanos y todas aquellas étnicas que no servían a los nazis para conseguir la pureza de su raza aria, hace años que se pone en tela de juicio por algunos historiadores y, últimamente, hasta por algún sacerdote de la Iglesia Católica, pese a que negarlo es, por fortuna, delito.

Muchas personas –la mayoría- hemos creído a pies juntillas el Holocausto, y debemos seguir creyendo en ello, pese a los davisirvings que pretender imponer sus teorías. Ellos habrán investigado, pero no por ello debemos caer en su trampa. Los documentos, naturalmente, no van a dejar para la Historia a cuántos mataron y cómo lo hicieron, datados, firmados y sellados. La Humanidad, en general, hemos escuchado y leído los testimonios de los supervivientes, las fotos del horror, sabemos o hemos visitados los campos de exterminio, y sería una burla fatal para algunos que todavía siguen vivos, la negación de lo que allí sucedió.

Por si acaso alguien siente tentaciones de creer a los presuntos historiadores que niegan el Holocausto, hay que recordar que desde principio de los años setenta, cuando tuvo lugar la visita de Willy Brandt a Israel, todos los políticos que han visitado el país judío –la última Ángela Merkel- piden perdón por lo que hicieron sus paisanos. En Berlín se levantó un monumento a los judíos asesinados. Cada alemán que viaja a Israel deposita flores en el Yad Vashem o Museo del Holocausto. ¿Se flagelaría de esa forma un país como Alemania, ante el mundo, si David Irving y sus seguidores llevaran razón? ¿Y la Iglesia, más dada a otorgar perdones que a pedirlos, se hubiera humillado en la misma cabeza de los dos últimos papas?

Si se le dan alas al revisionismo, como ha hecho un periódico de tirada nacional con un delincuente como Irving, puede llegar a abrirse un debate nefasto, innecesario, de incalculables consecuencias.

sábado, julio 04, 2009

Sin derecho a tumbas

Tumbas

Algunas veces subo hasta El Espino
y en las tumbas amadas, de rodillas,
rezo un momento y pongo florecillas
cogidas por el borde del camino

¡yacen tantos aquí, bajo estos cielos!
dulces amigos de mi edad primera
que no me importa corta o larga espera
si sé que al fin tierra tendré con ellos

Pero no me acongojan estos muertos
Adolfo, Blas, Aurelio, Justo, Juan
Alfredo y tantos otros, porque están
siempre de llanto, rezo y flor cubiertos

duélenme aquellos cuya sombra yerra
por los barrancos y los montes fríos
o por los arenales de los ríos
o en tierra amarga porque no es su tierra

Duélenme aquellos que el silencio esconde
aquellos que la muerte fue arrastrando
dándoles dura tierra sin su cuando
después de triste muerte sin su donde

¡Señor! Pues tú trazaste su camino
en esas pobres tumbas ignoradas
haz nacer florecillas perfumadas
como estas que yo pongo en El Espino.

Virgilio Soria. 1939


A fin de recopilar datos sobre un aspecto concreto de la Guerra Civil en Soria, he estado mirando bastantes ejemplares del periódico LABOR, órgano de FET y JONS, editado en Soria. Aunque no venga al caso con el comentario, algo –entre mucho- que llama la atención, son las continuas noticias relacionadas con Hitler, tipo “El Führer con los chiquillos”, además del estilo propio de Falange, después heredado por el Movimiento.

Aparecen también los juicios sumarísimos que se van haciendo a los “rojos”, a medida que se conquista territorio, y posterior fusilamiento. Naturalmente, no aparece ningún juicio a los falangistas y similares, que sacaron de sus casas a hombres y mujeres, les pegaron cuatro tiros y les dejaron tirados como a perros. Es necesario tener el estómago en perfecto estado de revista, pero una se mete en investigaciones que no sabe dónde van a llevarla, y sigue en ellas porque ya resulta difícil parar.

El comentario de hoy está relacionado con el trato dado a los muertos del Alzamiento/Movimiento, todos, al parecer, pertenecientes al que sería después partido único, la Falange, según el periódico LABOR.

La sección “Héroes de España” estaba encabezada con un ¡¡PRESENTES!! Y a continuación mostraban las fotos de los jóvenes fallecidos en la lucha, de paisano, las características: edad, procedencia, etc., y cerraba la columna un ¡¡IN PACE!! Otra sección, de ese día o del siguiente, se encargaba de hacer el panegírico del fallecido y de transmitir las condolencias a la familia. Se cerraba con un Arriba España. Viva Franco. En uno de esos dos números, aparecía la esquela. Y en otro, pasados algunos días, las misas que en cada pueblo o en la iglesia de la capital que correspondiera, se celebraba con asistencia de jefes falangistas, autoridades y, por supuesto y sin que pudiera ser de otra forma, de todo el pueblo o barrio. En ellas, el sacerdote, desde el púlpito, volvía a hacer un panegírico del fallecido y, de paso, arremetía contra los “rojos”. A la salida, con fervor, se entonaban himnos, se saludaba brazo en alto y se daban vivas a los divino y lo humano, más a lo primero, si tenemos en cuenta que por las fechas, Franco se encontraba en ese apartado. Al año siguiente se repetía la ceremonia, toda la ceremonia. A todo esto, habría que añadir las lápidas en las fachadas o en el interior de las iglesias, con sus nombres grabados a fuego.

Todos homenajes me parecen bien. Todo es poco para unos jóvenes que, probablemente sin ideología, les tocó ir a defender los caprichos y el anhelo de poder y gloria de unos militares botazas y zafios y de una oligarquía sedienta de dinero. Unas muertes de muchachos, entre los 18 y los 24 años, tan injusta como cabreante.

Pero al ver todos estos homenajes se apodera de una la rabia y la impotencia del agravio comparativo. Una humillación, un ultraje, que todavía, más de setenta años después, herederos de esa oligarquía en muchos casos, luchan para que se perpetúe.

¿Cómo es posible, que a día de hoy, una parte de la ciudadanía, que sabe perfectamente lo que sucedió, que sabe que esta España nuestra está sembrada de fosas, se niegue a que los restos sean exhumados? Esto no cabe en ninguna cabeza de bien nacido. Si los que cometieron aquellos asesinatos fueron unos hijos de la gran chingada, salvajes, crueles y desalmados, los que, solicitándolo la familia, se oponen a que compartan un poco, sólo un poco, de los homenajes que otros recibieron, pudiendo reposar en paz junto a la familia, estos, no le van a la zaga.