martes, mayo 14, 2013

Adiós a Agrarias en Soria



Recuerdo una tira de cómic del genial Quino: Mafalda le pregunta a sus padres si tienen planeado su futuro o qué, los padres se miran sorprendidos y la niña se da media vuelta diciendo algo así como me lo temía. Podríamos aplicar esta pregunta a los responsables del desastre poblacional de Soria que dura ya cincuenta o sesenta años, con lo cual deberíamos ir a los cementerios acompañados de una médium e invocar a muchos espíritus. Algunos, no obstante, están vivos y coleando. Por poner el último ejemplo, el rector y responsables de la Universidad de Valladolid quienes, de un plumazo, o varios, han dejado a Soria sin la carrera de Agrarias. De seguir así, el Campus de los Pajaritos va a verse más desangelado que la Ciudad del Medio Ambiente.
Hasta en las ejecuciones a los ejecutados se les daba el tiro de gracia. No se sabe la razón por la cual a los pistoleros la conciencia les destellaba un segundo y aprovechaban para aliviarles el último sufrimiento.
Pues que hagan lo mismo con Soria de una puñetera vez para saber a qué hemos de atenernos. Que dejen de marear la perdiz, se reúnan todos los responsables y repartan el territorio entre varias provincias. Como vivo cerca de la carretera de Logroño, me pido La Rioja, por eso del buen vino. No estoy de broma, no, la cosa es tremendamente seria, pero si nos dicen ya qué va a pasar con Soria, nuestros hijos y nietos sabrán a lo que atenerse.
Si ya se cargaron Tierras Altas con la repoblación forestal, la zona de la Sierra Pela por lejanía con la capital, la tierra rayana no se sabe bien porqué, las escuelas convertidas en museos, y nos quedan diez u once poblaciones para resistir, qué más da el resto, pero que lo digan, que lo expliquen. No hay nada peor que la incertidumbre.
¿Son, acaso, los polígonos industriales –a los que pronto se añadirá otro en Garray- un juego de despiste para que resistamos hasta que tomen la decisión final, haciéndonos creer que el futuro en Soria existe?
Lo de eliminar Agrarias en Soria, precisamente en Soria, es la última cabronada. Vamos a ver cuál es la siguiente.

martes, abril 16, 2013

Los nazis no practicaban escraches, los recibían


Estamos asistiendo al espectáculo del desmorone de la sociedad que han venido diseñando para la ciudadanía unos grupúsculos de políticos sin escrúpulos, cuando existía la política todavía, y no había sido sustituida por la insostenible economía dominándolo todo. Y los políticos, pobres, ¡pobres! (como escribiría sobre el hombre César Vallejo), en lugar de evitar esa situación, se lanzan al río revuelto como poseídos por los demonios de la avaricia.
Y la gente se cabrea, y ellos, sin argumentos ante los cientos de personas que protestan y reclaman por la incontenible e incontinente codicia de políticos y banqueros, que les dejan en la calle y arruinados para siempre, acuden al “Y tú más”, como si a estas alturas de la historia los ciudadanos hubiéramos perdido la razón y el raciocinio definitivamente.
En los últimos días han diseñado un latiguillo nuevo por si cuela, “estas son las técnicas que utilizaban los nazis”, para definir los escraches. El argumento se les puede volver en contra, ya que aquello que los nazis hacían no era precisamente escraches. Es al revés. Los nazis no tenían necesidad de ellos porque tenían el poder y ese poder, durante muchos años, lo utilizaron para matar a millones de personas. Ellos, los nazis, no señalaban, ellos quemaban, destruían y mataban.
Cuando acabó la guerra muchos de ellos se escondieron como pudieron, algunos, al principio del final de la guerra, se escabullían entre los que habían torturado, otros marcharon a Argentina, Brasil o España, llevando la vida pacífica que sus conciencias les permitiera (o sea, muy tranquila). Después, durante muchos años, fueron los cazadores de nazis liderados por Simón Wiesenthal, quienes señalaron, o sea, hicieron escraches, contra los nazis, cuando localizaban su domicilio. Gracias a eso algunos –pocos desde mi punto de vista- fueron detenidos y juzgados.
O sea, reitero, los escraches los hacían las víctimas a los nazis. ¿Se percatan sus señorías, o es necesario explicarlo mejor?

miércoles, marzo 13, 2013

El abogado nazi Pelluz



 A este personaje, Angel Pelluz, le va a pasar como a Pinochet y esa panda de boques, que se libran de la cárcel por la edad provecta. Abogado viene del latín advocatus, “el llamado para auxiliar”. Y este tipejo, de 90 años, que está quitándole el curro a otros con edades más acordes, ha decidido auxiliar a una panda de nazis, de postillas de lepra, que dejaron en coma a un indigente de una paliza, diciendo que los mendigos no son personas humanas, sino cánceres de la humanidad, que no quieren trabajar y ocupan un terreno público.
Tú y los que defiendes sí sois cánceres de la humanidad, de los más malignos, de los que no tienen cura, de los que matan, en este caso a los demás. Tumores postillosos y costrosos.
Menos mal que, de vez en cuando, la Justicia actúa como tal, y tanto la fiscal como el juez han decidido que se deriven diligencias por si hubiera cometido delito el Pelluz. Sí, claro que lo ha cometido, es apología del terrorismo y de la violencia, de la barbarie, del asesinato. ¡Con la que está cayendo! Hasta el Colegio de Abogados ha actuado de oficio. A ver si entre todos le amargan los pocos años –espero- que le quedan de vida a este sinvergüenza.
Ya lo dijo el escritor barcelonés de cuyo nombre no hay manera de que me acuerde: los crímenes y los asesinatos, no acabarán hasta que entren en la cárcel el delincuente, el asesino y su abogado.

miércoles, febrero 13, 2013

Políticos rancios, políticos jóvenes


Hace ya demasiados años que vivimos en un bipartidismo insoportable. Esta forma de gobierno, tal vez interesante en la segunda mitad del siglo XIX, resulta más que agobiante en el siglo XXI. El sistema electoral que conviene a los políticos españoles hace esto posible y, tan a gusto se sienten en él, que ni derechas ni izquierdas mueven una propuesta para terminarlo.
Conlleva esto el tener que soportar, siempre, ad eternum parece ser, a los mismos políticos en todas las instituciones. Como en la cola de la pescadería, van cogiendo turno y cuando les toca se vuelven a poner al final otra vez, cansinamente. Las mismas jetas, los mismos discursos, aparecen un día y otro, un año y otro, en los medios, en los mítines, en los mercados. Y los sufridos ciudadanos –votantes o no- han de presenciar el espectáculo de verles envejecer ante nuestros ojos. Envejecer física y mentalmente, porque con ser siempre el mismo discurso, el entorno cambiante según los tiempos vividos lo hacen rancio, como la manteca que cuelga durante meses en los ganchos de los someros, una rancidez apestosa y pegajosa.
Estos políticos nuestros se han equivocado, en esto también. La sabiduría de la experiencia es algo inherente a los filósofos, a los pensadores, a los escritores, pero ellos no son nada de eso, son, sencillamente, unos avariciosos, algunos corruptos, muy corruptos, que no sirven en la vejez más que para estorbar y dar ejemplo de lo que no debe hacerse. Su experiencia en chanchullos y corruptelas no la queremos. Queremos, muchos, que se vayan de una puñetera vez y consigan tanta paz como descanso dejen. Que mantengan lo adquirido, legalmente o no, y se vayan y nunca más asomen la cara a ningún sitio donde podamos verles.
Tampoco nos sirven esos nuevos rostros que a veces se sacan de la chistera para dar imagen de modernidad. Ya vemos a Cospedal, por ejemplo, con la peineta en la cabeza presidiendo procesiones, y hablando de populismo o coroneles “con todo su cariño”, imitando a Vidal-Quadras cuando sugiere que la Guardia Civil podría intervenir en Cataluña. O a Báñez agradeciendo a la virgen del Rocío no sabemos qué, pero algo relacionado con el paro y la desgracia de millones de personas. Tampoco esto nos interesa a muchos.
Queremos jóvenes asesorados por sabios que envejecen dignos y pudorosos, o poseedores del ímpetu de las personas no maleadas, capaces de ver las cosas como son, porque están en contacto con la realidad, en la calle, y no en los despachos sin desinfectar desde que reinaba Alfonso XII, con el cráneo de santa Constanza o el brazo incorrupto de santa Teresa.
Queremos a jóvenes como Beatriz Talegón, capaz de criticar a los socialistas por reunirse en hoteles de cinco estrellas, cuando a ella tal vez le hubiera gustado más una casa rural con vistas al bosque, o al mar, con jóvenes de su edad comiendo pizzas. O como Ada Colau, capaz de sentarse ante sus rancias señorías y definir perfectamente a  los banqueros llamándoles criminales, al fin y al cabo eso sólo significa que cometen delitos graves.
Id, por favor, id en buena hora. Ya sabemos que es duro para el bolsillo, sabemos que esa, precisamente, es la cuestión, pero conformaros con los tropecientos millones de euros, con los diez pisos, con otros tantos coches, y todo eso que habéis conseguido a lo largo de toda vuestra vida y la nuestra. No vais a ser eternos, lo único que vais a conseguir es ser los más ricos del cementerio. Y a ser posible, si todavía os queda un resto de dignidad, no cobréis pensiones, dejad ya en paz las arcas del Estado.

martes, enero 01, 2013

Los asesinos de Víctor Jara



Para muchos el año ha acabado bien. La noticia de la identificación –oficial- de los asesinos del cantante chileno Víctor Jara es una muy buena nueva. Cierto que han transcurrido cuarenta años desde aquel 1973, pero casi el doble han pasado desde el asesinato de García Lorca y ni tan siquiera se han podido recuperar sus restos, como los de miles y miles de asesinados anónimos en la guerra civil española que duermen el sueño de los justos en las cunetas y valles de esta España nuestra.
La década de los años setenta es bien recordada por la gente de mi generación. Tal vez todo empezó en mayo de 1968 en París, esa ciudad y esa fecha mítica, donde todo intelectual que se precie, ya sea facha refacha, incluso fascista, estuvo allí (o así lo coloca en sus numerosas autobiografías, pues ya se sabe que ellos consideran sus vivencias, verdaderas o inventadas, lo más interesante del mundo) levantando adoquines y soportando cargas de la policía, que las hubo y en abundancia.
Los años setenta son aquellos en los que pudimos ver a Barbra Streisand (quien por cierto, y con mucho acierto, nunca se ha operado su apéndice nasal de judía) y a Robert Redford interpretando magníficos papeles en Tal como éramos, y Federico Fellini dirigió Amarcord.
Fue en la música donde los jóvenes contestatarios echaron el resto. Los años setenta fueron los tiempos de la Nueva Trova Cubana; de la Nova Canço que dio al mundo L’estaca, de Lluis Llac, himno antifranquista; y de la Nueva Canción Chilena, con grupos como Inti-Illimani, Quilapayún (¡aquella cantata de Santa María de Iquique que escuchábamos en un tocadiscos pequeño comprado a plazos en el Círculo de Lectores!) y, especialmente, del cantautor Víctor Jara, y su Te recuerdo Amanda, dedicada a una pareja de obreros, para la que utilizó el nombre de su hija. Fue la década de muchos más acontecimientos, pero quiero detenerme en estos. Ah, también fue, lamentablemente, la década de Julio Iglesias, que sigue, impertérrito, momificado y mal operado, martirizando los oídos de las gentes de buena fe que no llegan con la suficiente presteza a cambiar el dial de la radio, son sólo segundos, pero se hacen eternos. Y he de hacer un inciso local y decir, una vez más, que en Soria disfrutamos de un grupo a quienes siempre que les escucho me recuerdan a aquella época, me refiero a Zafra-Folk. Lo que sucede es que a veces queremos trascender lo local y caemos, en picado, en el catetismo patético.
Para mí (perdón por la referencia personal) fue esa la década más feliz de mi vida, pues en ella nacieron mis tres hijos, y concretamente 1973 fue el año en que vio la luz mi primogénito. Para Víctor Jara, en cambio, fue el año de su muerte, de su asesinato.
El general Pinochet, ese bulldog con mirada asesina que trataba de medio ocultar tras unas gafas de sol, se levantó contra el gobierno constitucional de Salvador Allende, como han hecho a lo largo de los siglos los botazas repugnantes de tantos países. Las armas son las que tienen el poder, y quienes las poseen, poseen también la tierra y la vida de aquellos que tratan de enfrentárseles, de una u otra manera. Contra las armas no existe antídoto, y si existiera no daría tiempo de aplicarlo, las armas matan y eso fue lo que hizo uno de los hijos de puta más grandes que ha dado la historia, matar a miles de chilenos que no pensaban como él y los suyos.
En el Estadio de Chile, que hace ya años lleva el nombre de Víctor Jara, fueron dirigidos, entre otros muchos, los profesores y estudiantes de la Universidad Técnica del Estado, donde Víctor era profesor. Allí le torturaron brutalmente y le dirigieron las balas, cuarenta y cuatro impactaron, con una hubiera sido suficiente, pero descargaron contra él y otros, todo el odio que la gentuza ruin y depravada es capaz de sentir por alguien que se atreve a enfrentarse a ellos. El ampararse, como los argentinos hicieron en su día, en que cumplían órdenes, no les redime ni una pizca de responsabilidad, el número de disparos habla de ello, de que lo hicieron a gusto y con saña.
Hugo Sánchez Marmonti, Pedro Barrientos Núñez, Roberto Souper Onfray, Raúl Jofré González, Edwin Armando Roger Dimter Bianchi “el Príncipe”,  Nelson Hasse Mazzei, Luis Bethke Wulf, Jorge Eduardo Smith Gumucio. Unos dispararon, otros ordenaron, y por encima de todos ellos el perro Pinochet. El juez que ha ordenado el procesamiento es Miguel Vásquez.
El asesinato fue el 16 de septiembre de 1973.
Justicia para Víctor Jara y cárcel para los asesinos, que lo dudo.