sábado, febrero 13, 2010

De lo nuclear y Soria



Pertenezco a una generación donde la mayoría hemos estado en contra de los toros, del futbol, del sistema capitalista y, por encima de todo, en contra de la energía nuclear. Por supuesto, sin saber demasiado de lo último al principio, aunque luego nos hayamos ido informando. Por lo que a mí respecta, no he cambiado de forma de ver la vida, si acaso, y por eso de ir en contra de lo razonable, me he radicalizado más. Ha sido siempre para mí una cuestión de ética y estética, y me complace cada vez más encontrar personas en el caminar de la vida que mantienen sus firmes convicciones.
Energía nuclear no, y mil veces no. Pero nos metieron en esto hará ya unos cuarenta años, y de aquellos polvos llegan estos lodos. Nos guste o no, la mierda radioactiva está ahí y en algún sitio hay que colocarla.
Se escuchan voces criticando la actuación del gobierno, que no debería, dicen, haber dejado en manos de los ayuntamientos semejante pastel. El gobierno ha actuado de manera maquiavélica y, a sabiendas de que el asunto era complicado, ha propiciado que varias corporaciones se postulen para ellos escoger de la gavilla presentada, con algunas, que no todas, las bendiciones. Es necesario decir que este gobierno tiene poca participación en el tema nuclear, más bien al contrario, la decisión de cerrar Garoña dice mucho a favor de ellos. Pero los residuos los tienen encima de la mesa y una forma de quitárselos era propiciar esta postulación o pagar a otros países para que los alberguen, cuiden y mimen.
Una barbaridad en toda regla, porque un ayuntamiento administra de mil a tres mil hectáreas de tierra, que lindan a los cuatro vientos por otros tantos pueblos con más o menos hectáreas. O sea, que la instalación de un almacén de residuos radioactivos afecta a veinte ayuntamientos, por decir algo.
La sorpresa mayúscula de muchos sorianos fue ver en los medios que uno de nuestros municipios se ofrecía para albergar estos residuos. No voy a decir nada en contra de Torrubia, porque tanto este como cualquier otro que se hubiera ofrecido, lo ha hecho, estoy segura, con la intención de que el pueblo, y toda la zona, salgan del coma en que se encuentra toda la provincia.
El problema es otro. Todavía no sabemos qué modelo de provincia queremos. Parecía que lo íbamos perfilando, de cara al turismo más o menos culto: senderos, fauna y flora, micología, casas rurales, actividades etnográficas, museos, rehabilitación de edificios… Y ahora nos encontramos con esta sorpresa, para la que tenemos muchas, muchas papeletas, es muy posible que nos llevemos el premio.
No nos olvidemos del origen. Lo de Torrubia y otros municipios es una pequeña muestra de lo que nos espera a nivel mundial. Este sistema que padecemos desde hace menos de cien años, es la barbarie y el salvajismo, auspiciado por el capital y sustentado por gobiernos de todo el mundo con sus agentes necesarios: políticos, poder judicial, fuerzas del orden, y otros de parecido pelaje.
Estos agentes, con sus artimañas, nos han envuelto para llevarnos al consumo desorbitado, han hipotecado a nuestros jóvenes colocándoles ladrillos en vertical, a los no tan jóvenes los horizontales de la segunda y tercera residencia (y hasta ahora desgravaban las tres), les han vendido coches potentísimos para circular por calles estrechas, han destrozado el mundo rural (único sostenible del mundo), y todo ello ha llevado a un consumo para lo cual es necesario todo tipo de energía. En definitiva, nos comemos la tierra en dos generaciones más.

martes, enero 12, 2010

El timo de la gripe A

El ser humano nace, o el mundo de las piezas de un juego, la mayoría, o en el mundo del que las mueve, la minoría. Tratar de salir del primero es muy difícil, por no decir imposible. Desde arriba, los que mueven las fichas, no tienen más misión en el mundo que controlar a los de abajo, haciendo a veces que todo cambie para que todo siga igual.
¿Democracia? démosla, cuando todos crean que son libres y decidan, les ataremos fuerte, con ataduras que no parezcan, para que sigan contribuyendo a nuestros intereses. “Y el hombre… pobre, pobre!, vuelve los ojos…”, decía César Vallejo en Los Heraldos Negros. Creo que esa impotencia de saber que nada se puede hacer si no es todos juntos, hace que muchos callen y sigan.
Cuando el primer mundo cree que es libre, porque vota a unas listas cerradas de un partido cualquiera, o no vota, pero da igual, porque los políticos gobernarán aunque sea con los votos de sus padres, es el momento de que los peones hagan millonarios a los especuladores urbanísticos, que ahora lloran en el interior de coches exclusivos, o rodeados de obras de arte adquiridas con dinero negro, o en la casa de la playa. De los peones se hará cargo, primero el Estado –o sea, todos- y después los comedores sociales.
Mientras la Banca sigue repartiendo beneficios entre los suyos –en cantidades ofensivas para la mínima sensibilidad- recibe el apoyo de los gobiernos, para que todo siga igual. Todos dependen del capital, de un capital amasado con el sudor de los peones, igual que las piedras de las pirámides de los faraones.
Y en esto llegan los laboratorios farmacéuticos, los que juegan con la salud de los peones. Esa salud es, en muchas ocasiones, lo único que poseen los peones, y es necesario cuidarla, desde luego, sin masa no hay dinero, sin dinero no hay poder. Pero se pueden permitir el lujo de jugar con ellos en lo de la salud también. Es cuestión de hacer cálculos.
Los laboratorios farmacéuticos llevan muchos años haciéndose multimillonarios, pero no les debe parecer suficiente tomando al ser humano de uno en uno y, de vez en cuando, lanzan epidemias más imaginarias que reales, para que se implique el mismísimo Estado, que es uno de los agentes imprescindibles para manejar al personal.
Y llega la gripe A, primero porcina. Meses bombardeando a los peones a través de otros agentes necesarios, los medios de comunicación. No sé si los gobiernos son idiotas, en grupo, o uno a uno. El caso es que todos, desde el de América con la CIA incluida, hasta el más modesto de los países del Este, sin hacer más averiguaciones, se lanzan a comprar cientos de millones de dosis para vacunar a los peones, no se les vayan a morir demasiados y pase la epidemia de suavizar el paro a dejarles sin mano de obra.
No sólo compran vacunas, también mascarillas, guantes, termómetros, antivirales, antipiréticos, antisépticos…, miles y miles de millones de euros que han ido a parar, directamente, a los bolsillos de los socios de las multinacionales farmacéuticas. Nada de este dinero irá al Tercer Mundo para vacunas necesarias, para combatir el SIDA o la malaria.
Mientras, una monja benedictina, Teresa Forcadas, con poco más de cuarenta años, especialista en medicina interna, doctora en Salud Pública, doctora en Teología, que viste pantalones, a quien le gusta Lluis Llach, María del Mar Bonet y Elvis Presley, activista con hábito, autora de “Los crímenes de las grandes compañías farmacéuticas”, entre otros libros, ha tenido los bemoles de lanzar a los cuatro vientos que lo de la gripe A era una falacia, y recomendar la no vacunación. Yo no la he visto en la televisión pública, ni privada; ni la he escuchado en la radio pública, ni privada. Esta mujer ha tenido eco en la televisión catalana, donde pude escucharla, y en Internet.
La “epidemia” de gripe A se ha saldado, hasta ahora, con la décima parte de casos mortales que la estacional. Los agentes necesarios para que el Primer Mundo funcione como lo hace, y el Tercero esté en reserva para futuras actuaciones, son los distintos estados con sus políticos al frente amparados por sus fuerzas represivas y los medios de comunicación, además de algunos tontos útiles sueltos. Sólo nos queda un medio libre: Internet, pero ya están urdiendo leyes para que esta libertad se limite.
¿Nadie va a pagar, a nadie se va a responsabilizar, del derroche de millones de los contribuyentes que se han invertido en pro de la industria farmacéutica?

jueves, diciembre 31, 2009

Petra, el ball de bot, y Miquel Femenías










Qui s’enamora no es cansa
si viu amb l’opinió
que després d’una maror
sol venir una bonança.
(Trozo de letra de un ball de bot)

Petra es un pueblo de algo más de dos mil setecientos habitantes, situado en el Pla de Mallorca. De su importante actividad cerealística, pueden verse las siluetas redondas de los molinos de viento. Magnífica es la iglesia de San Pedro, levantada sobre un viejo templo románico, de cuando el gran Conquistador, Jaime I, se hizo con las Baleares. De sus cruces de término, dos son góticas.



Todo ello, y mucho más: la llanura, la sierra de Tramontana y el caserío del que destaca la iglesia, pueden contemplarse desde el lugar más importante para los petrencs, el Puig de Bonany, a 317 metros de altitud. Un santuario corona el Puig, y flanquean el camino pinos, acebuches, romeros, brezos y otras plantas que, tal vez endémicas de Baleares, no reconozco.



En Petra nació Miquel Josep Serra i Ferrer, conocido como el beato fray Junípero Serra (Petra, 1713-Monterrey-California, 1784). Antes de conseguir renombre universal, conoció las primeras letras en el convento franciscano de San Bernardino, de Petra. Muy joven marchó a Palma donde, tras hacerse religioso de la orden de San Francisco, fue doctor en Filosofía y Teología, y ocupó la cátedra de Teología Escotista en la Universidad Luliana de Palma. Se le haría pequeño el mundo al frater, porque llegó a fundar misiones que luego se convertirían en las grandes ciudades norteamericanas como San Francisco, Sacramento, Los Ángeles y San Diego, entre otras.



A este importante personaje, le han dedicado en Petra su casa natal, restaurada, conservando en ella todo lo relacionado con tan ilustre persona, y muy cerca, una casa-museo que desde 1959 fundaron los Amigos de fray Junípero Serra. Además de guardarle fiesta el tercer domingo de septiembre.



En Petra nació también una persona, no por menos universal, menos querido en su entorno. Se llama Miquel Femenías, aunque es más conocido como Miquel Manyo. Va a cumplir 76 años y hoy, 31 de diciembre, hace 47 años que se casó con Catalina Rosselló, de cuyo matrimonio nacieron dos hijos, Margalida y Tomeu.



El nombre de Miquel Manyo está unido, desde hace 55 años, al ball de bot, primero en la Rondalla Es Pla y, cuando ésta desapareció, en el grupo el Puig de Bonany.



El ball de bot, o tradicional, o popular, es propio de Mallorca. En tiempos se improvisaba, tanto en la danza como en el canto, pero en la actualidad está más reglamentado. Se trata de una serie de bailes como los boleros (nada que ver con los que conocemos por tales), jotas, fandangos (también en el resto de España) copeos y mateixes. Todos ellos acompañados por bajo, bandurria, laúd, guitarra, violín, xeremía, tambor, zambomba, fobiol y clarinete.



Los componentes del grupo van ataviados de forma muy llamativa, como puede verse en las fotos: calzones anchos, faja de lana o algodón los hombres, y falda larga y ancha, de tejidos vistosos y coloristas, las mujeres.



De esta forma se visten Miquel Manyo y su nieta Alexandra, para bailar en Petra o en cualquier otro lugar donde la presencia del grupo es requerida. Es costumbre que los padres inicien a las hijas en el ball, y después, los abuelos a las nietas. Miquel bailaba con Margalida primero, y ahora lo hace con la preciosa Alexandra, siempre haciendo chocar las castañuelas y cantando las letras de los balls.



Ver bailar a abuelo y nieta es algo impresionante. Tomeu me consiguió un CD de la Televisión Local de Petra (gracias), donde puede verse a los dos, incansables. Miquel rodeando desde el aire, sin tocarla, a Alexandra, como protegiéndola y guiándola a la vez, mientras la niña, seria y responsable, sigue los consejos intuidos del padrí. Parecen dos brazadas de plumas volando, impresión que se rompe cuando Miquel deja caer los pies, seguros, firmes y jóvenes, sobre el tablado.



Los títulos más representativos de los bailes mallorquines son: Mateixa des Puig de Bonany, Parado de Valldemossa, Sant Antoni, Jota de Sant Joan, Ses vermadors, Copeo de Muntanya, Es cambuix, Mateixa bunyolina, Jota de Petra, Ball de sa neu, Jota marinera, S’Escandalari, Copeo matancer, Jota dels enamorats, Mateixa de primavera, Bolero mallorquí y Jota mallorquina.

martes, diciembre 08, 2009

MAI NO MORIRÀS, GILGAMESH!



Muchas formas pueden utilizarse para contar una epopeya. Desde la pura y dura, basada en la documentación de primera mano –casi siempre inexistente-, hasta la narración familiar, íntima, a veces al calor de la lumbre. La del mítico Gilgamesh, el semidiós que quiso ser enterrado debajo del río Éufrates, el soberano de Uruk, permite esta última modalidad.
No es al amor de la lumbre exactamente, pero sí en la soledad de una habitación de hospital donde, Pere Morey, el autor de esta novela, sitúa el escenario para que un abuelo –Enric Gil Games- vaya contando a su nieto Bernat la historia, el camino, la leyenda, de su homónimo Gilgamesh.
El abuelo, con el corazón muy enfermo, le cuenta la leyenda poco a poco, por prescripción de su médico-hija, Catalina, lo que le permite reservar fuerzas para, antes de dormir, recordar una vida intensa, un camino que en parte se asimila al de Gilgamesh y su amigo Endiku. Él también gozó de la amistad de otro valiente, Lluc. Juntos, durante la guerra y más tarde en el Maquis, buscaban, como el soberano de Uruk, la sabiduría, la eternidad. Comprendieron que ésta se consigue, en cierto modo, con las obras, con los hechos, transmitiéndolos. No en vano, la epopeya de Gilgamesh, todavía, dos mil quinientos años después, se conoce. Su protagonista, como dice Pere Morey, nunca morirá.
Tampoco lo hará el abuelo Enric, al menos en muchos años, como le promete Bernat, quien contará su historia a toda la descendencia que llegue a conocer.
Más interesante, por cercana, es la historia real que el abuelo recuerda cada noche antes de dormir. Su huida de Mallorca, por la segunda boca de las Coves del Drac hasta el gran lago, seguidos por la Guardia Civil. Una huida angustiosa que recuerda el viaje de Gilgamesh en busca de Utana para que le explicara el secreto de la inmortalidad.
O el amor que sentía por su esposa griega Irene, la madre de su hija y abuela de Bernat, muerta muy joven, que recuerda la Siduri de Gilgamesh, personaje que, según me confesó Pere, es su preferido. Sus amantes, Pirea entre ellas, que proporciona una sorpresa casi al final de los recuerdos de Enric, cuando años después, ya jubilado, vuelve para visitar los lugares de aquella etapa difícil y dura de su vida.
De esta hermosa publicación, llevada a cabo por Editorial Moll, con dos ediciones y otra, la primera, corregida y aumentada, ha editado una Guía Didáctica y un cuaderno para la enseñanza, la Consellería d’Educació i Cultura del Govern de les Illes Balears. Es una buena forma para acercar a los niños a las grandes epopeyas y a la Historia, sin que lo sientan como un castigo.
He tenido el placer de conocer al autor y pasear con él, y otros mallorquines, Soria. La ternura y sensibilidad que rezuma MAI NO MORIRÀS, GILGAMESH!, es una fiel reflejo de la personalidad de Pere Morey.

viernes, diciembre 04, 2009

Josep Estelrich i Costa


Miscel.lània homenatge
a Josep Estelrich i Costa
Editors: Joan Font i Roig, Joan Moratinos Jaume
Climent Picornell Bauzà y Joan Bauçà I Barceló
Monografies santjoaneras, 20
Sant Joan 2009

Los miembros del Col.lectiu Teranyines se han unido para homenajear a don Josep Estelrich i Costa, don Pep, como se le conoce popularmente. Este colectivo, de Sant Joan (Mallorca), tiene como fin estudiar la historia y la cultura de este pueblo de algo más de mil seiscientos habitantes, situado en el Pla mallorquín, de donde es oriundo el personaje homenajeado.

Estelrich, el mayor de siete hermanos, nació en el año 1922 y toda su vida ha estado dedicada a la Iglesia. Desde niño ingresó en la Escolanía de Lluc, y a partir de ahí su curriculum como sacerdote es tan intenso y largo como su propia vida. Su andadura personal ha demostrado que en muchas ocasiones las jerarquías van por un camino y las personas por otro, por mucho que esto don Pep tal vez lo negaría. La vida de este sacerdote ha sido de compromiso social, sobre todo en su faceta de director de la Residencia Sant Pere, para jóvenes obreros y estudiantes, y también de compromiso con la tierra y la lengua de la isla que le vio nacer.

Su labor como investigador histórico es monumental. Por ello ha recibido varios premios: el Bartomeu Oliver, otorgado por la Obra Cultural Balear; el diploma de socio de honor de la Societat Arqueològica Lul.liana; y el premio Jaume II del Consell Insular de Mallorca, en reconocimiento a una labor intensa de investigación, y también por todo su trabajo sobre la figura, la obra y el patrimonio del padre Rafel Ginard. Don Pep fue el fundador del Col.lectiu Teranyines, que con esta publicación le rinde homenaje. Tal vez su trabajo más largo e intenso haya sido la catalogación del archivo del monasterio de Santa Elisabet de Palma, de donde fue capellán y sobre el que escribió su historia.

Destacada ha sido también su colaboración con el grupo de investigación Jaume IV, creado para la búsqueda de documentos y de los restos mortales de los últimos componentes de la dinastía mallorquina, de la que es miembro, y para la que ha transcrito numerosos documentos.

Ha sentido pasión por la naturaleza y el excursionismo, lo que demuestra el gran número de fotografías vestido para la ocasión, y caminando por las sierras altas y escarpadas de las sierras mallorquinas. Cada año celebraba la misa de Sant Bernat de Menthon, patrón de los excursionistas.

Cuarenta y tres artículos y más de cincuenta historiadores y amigos de don Pep, se reúnen en esta publicación para homenajear a don Josep Estelrich i Costa. Unos temas son históricos, otros versan sobre tradiciones y cultura, algunos religiosos, en fin, 660 páginas intensas, con ilustraciones, donde destaca la parte destinada a dar a conocer los recuerdos, vivencias y testimonios de aquellos que le conocen bien.

Felicidades don Pep

jueves, noviembre 26, 2009

Ysabellis y Mallorca



A mediados de noviembre fui invitada para acudir a Mallorca a fin de presentar la novela Ysabellis, Regine Maioricarum. Siempre presta para visitar la Isla, no dudé ni un instante en darme esa satisfacción y, sobre todo, volver a abrazar a mis queridos amigos mallorquines.

Quiero, desde aquí, dar las gracias a todos ellos, porque, una vez más, han conseguido que vuelva a la península deseando tornar cuanto antes a su hermosa tierra.

El jueves, día 12 de noviembre, la novela fue presentada en el Consell Insular, magnífico edificio neogótico, por el catedrático de la UIB, Gabriel Ensenyat, presidido por el consejero Cosme Bonet. Al día siguiente, en un acto organizado por el escritor e historiador mallorquín Pere Morey, tuve ocasión de acudir a la Librería Ágora, de Palma, donde la propietaria, Ramona Pérez, me acogió con el cariño y el interés que saben proporcionar la gente de Mallorca. Y aún hubo otro acto, en el colegio Norai, del Puerto de Alcudia, en esta ocasión organizado por Andrés Gil, soriano de Reznos, que ejerce en él su magisterio.

A todos ellos, a los medios de comunicación, a Pere Fullana, y muy especialmente al Grup de Investigació Jaume IV, quiere agradecerles la forma en que me arroparon, acogieron y organizaron los actos.

Sobre el Grupo, debo decir que ha sido gracias a sus componentes, el que la novela sobre la última reina de Mallorca haya sido escrita. Josep Mas, Miquel Gayà, Gabriel Ensenyat, Helena Inglada, Josep Estelrich, Climent Picornell, Francesca Jaume, Jaume Riera y yo misma, formamos parte de ese a modo de asociación que gira alrededor del rey de Mallorca, pero también de la amistad y el afecto.

Muchas gracias y hasta siempre.

lunes, noviembre 23, 2009

La Seu d'Ègara, en Tarrasa




En el resto de la península, e incluso en algunos lugares de Cataluña, cuando se escucha hablar de Tarrasa, se piensa en la industria textil y en un lugar donde, en el siglo pasado, fueron asentándose los que llegaban de otras partes de España en busca de trabajo.
Yo misma, que de adolescente pasaba temporadas en Tarrasa, en casa de mi tía-abuela Espiritusanto, preciosa mujer madre de ocho hijos varones, natural de Jaén, he visto siempre esta villa como el resto de los mortales, más bien fea de construcciones y poco cuidada.
Hace unos días, en compañía de mi hijo Israel y de mis dos nietos mayores, fuimos a ver las iglesias de Sant Pere de Terrassa, gracias a un anuncio aparecido en la revista Sàpiens. El Conjunt Monumental de les Esglésies de Sant Pere, conocido también como la Seu d’Ègara, nombre de la ciudad de Tarrasa en la época romana, es impresionante.
La zona abarca un período ininterrumpido desde la época ibérica, pero lo más destacable es el conjunto de las tres iglesias, todas en una misma explanada, que conservan la construcción de los siglos VI al VIII. El conjunto verdaderamente monumental, de la época episcopal, se compone de la basílica de tres naves dedicada a Santa María, que hacía funciones de catedral; el edificio funerario de Sant Miquel, que también podría ser un martyrium o santuario cristiano dedicado a un mártir; y la iglesia parroquial, de tres naves, dedicada a Sant Pere. Todo ello acompañado de pinturas murales de la Alta Edad Media, románicas, y retablos góticos, entre ellos cuelga, en Sant Pere, uno de Jaume Huguet, el dedicado a los santos Abdón y Senén.
En la iglesia de Santa María, me llamó poderosamente la atención el motivo de una de sus pinturas murales, el asesinato de santo Tomás Becket. También en Soria, en las ruinas de la iglesia de San Nicolás, tenemos representada esta escena.
Si se deciden a visitar este hermoso conjunto, muy cerca de él está también el Castell Cartoixa de Vallparadís, el claustre del convent de Sant Francesc, y la torre del Palau donde se interpreta la zona medieval de Tarrasa.


lunes, noviembre 09, 2009

Sor Felicidad, de Serón, en Valldonzella


Caminaba por la zona alta de Barcelona en busca de la Torre Castanyer, donde Machado pasara sus últimos días en España, que es lo mismo que decir sus últimos días en la vida. Quería recordar que por esas calles estaba el monasterio moderno de Valldonzella, el medieval, en la Creu Coberta, hace siglos que desapareció. En él, el antiguo, descansaban los reyes de sus viajes antes de entrar a Barcelona a través de las murallas. En él, murió el rey Martí el Humano, dejando huérfano de dinastía catalana a su reino. Y en él, también, se encerró su última esposa, la preciosa Margarida de Prades.
El nuevo Valldonzella, construido a principio del siglo XX, de estilo modernista, está ubicado a los pies de la montaña del Tibidabo, concretamente en la calle del Císter, a cuya orden pertenecen las monjas que lo habitan. Es un edificio magnífico, ocupada una de sus alas por la Rectoría de la Universidad Ramon Llull.
He de confesar que me gusta mucho el clero regular, ajeno a los tejemanejes del secular, con sus propias normas, orando y laborando en la paz intramuros. Así que llamé al torno para pegar un poco la hebra con alguna sor. Me abrió una de ellas, de par en par, y ante mi extrañeza porque no se parapetaba tras el torno giratorio, le pregunté si eran de clausura. Ella me dijo que los monasterios nunca se concibieron como cerrados y con verjas, que eso lo fue haciendo el ser humano, al entrar en los conventos gentes poco convencidas, o por imposiciones de padres, tutores y reyes. Desde hace años, las vocaciones lo son de verdad, y para permanecer dentro no necesitan rejas. La Comunidad se dedica a la encuadernación.
Todo esto me lo contaba sor Felicidad González Hernández. Le dije que venía de Soria. “¿De dónde dice que viene?”. “De Soria”, repetí. “Yo soy soriana, de un pueblo pequeño cerca de Aragón, que probablemente no conocerá”. “Dígame el nombre, seguro que lo conozco”. Sor Felicidad es de Serón de Nágima, pero lleva mucho tiempo en Valldonzella, y va pocas veces a su pueblo natal. Ha sido abadesa durante dieciocho años.
La diáspora soriana hace que encontremos paisanos por todas partes, y muchos de ellos en cargos importantes. Le prometí a sor Felicidad volver a visitarla y llevarle algún libro de su tierra.

sábado, octubre 24, 2009

El desafortunado comentario de la señora Yagüe



Asisto en silencio a la polémica sobre el monumento al general Yagüe, ubicado en San Leonardo, su pueblo natal. Suscribo todo lo que al respecto dice, opina y gestiona la Asociación para la Memoria Histórica de Soria, a la que pertenezco.
Como investigadora sobre la Guerra Civil, podría aportar datos sobre el asunto, cosa que en este momento no voy a hacer.
Si, de forma particular, escribo estas líneas, es por el regusto amargo y la indignación que me han producido unas palabras de la señora María Eugenia Yagüe, y que he leído, entrecomilladas, en la edición digital de HERALDO DE SORIA: “no aceptan [algunos sectores], ni admiten que han perdido la Guerra Civil”.
Esto es terrible. Entendía a la señora Yagüe como hija. Incluso comprendía que ella, que ha conocido al padre y no al militar, viera lo sucedido de distinta forma al resto de los mortales. Después de esto, ni la entiendo, ni la comprendo, ni quiero hacerlo.
O sea, que como una parte de España perdió una guerra en la que se vio envuelta por el por el afán de poder de un grupo de militares golpistas, y después, permaneció encarcelada y humillada durante muchos años, quedó por ello anulada para la eternidad toda capacidad de reclamar, investigar y conseguir que la verdad, toda la verdad, vea la luz. Traducido al lenguaje vulgar: habéis perdido, a joderse.
Sinceramente, no creo que el Partido Popular deba lamentar la baja en sus filas de la señora Yagüe. Hay personas decentes y trabajadoras en ese partido, concretamente en Soria, a las que conozco personalmente, que no necesitan afiliados como estos.
Por otro lado, las leyes, estemos o no de acuerdo con ellas, existen para se cumplan. Ahora mismo, si no la derogan, hay una que impide monumentos a franquistas.

jueves, octubre 01, 2009




Al poco de pasar Bailén le dije a mi hermana que olía a aceite, y ese olor nos acompañó hasta que a la vista tuvimos el cerro de santa Catalina, y recortada sobre el cielo la silueta de la alcazaba de Jaén. A sus pies, iluminada, la magnífica catedral de los Vandelvira sustituye a la vieja, como queriendo tapar la infamia del asesinato del condestable Iranzo.


Durante toda nuestra estancia, el olor a aceite nos acompañó, mezclado con el de las buganvillas y los jazmines de la casa de los primos. El mismo olor de mi infancia, cuando, subida en un taburete, me asomaba al pequeño aljibe donde el abuelo Juan depositaba el aceite que iba a gastar la familia a lo largo del año siguiente. El mismo, también, que el de la alacena de la abuela Rafaela, donde guardaba los quesos en aceite, comprados a los productores de la Mancha, que acudían a venderlos, romana al hombro, vestidos con anchos blusones grises.


La parte vieja de Jaén, de la plaza de las Palmeras hacia arriba, apenas ha cambiado. Eso nos ha permitido revivir la infancia. Recorrer las callejuelas del barrio de la Magdalena, conociendo ahora que se trata del barrio judío, escuchando las palabras de la madre -¡tan reciente su muerte!- recordando cómo las paseaba subida en altos tacones, pese a lo empinado y empedrado de ellas.


Aquella casona de la calle santo Domingo bajo, junto a la de San Miguel, donde los tíos tenían el horno y vivían, ahora es una casa de pisos, pero han conservado la estructura y algunas partes de la configuración exterior. Parecía que salía por las puertas y ventanas el olor del pan recién hecho, los ochíos, los hornazos y los mantecados de aceite que las manos delicadas de las mujeres de la casa, entre ellas las de la tía Esperanza, amasaban y daban forma, para que luego las clientas los colocaran con cariño en cestas y los taparan con blanquísimos paños, antes de guardarlos en las alacenas.


No han cambiado ni los nombres de las calles. Campanas, Cerón, Martínez Molina. Bernabé Soriano, conocida como la Carrera desde siempre, la han hecho peatonal. Echamos de menos al hombre que muchos años atrás, vendía cacahuetes con cáscaras y pelados, tapada la cesta para que se mantuvieran calientes. Hasta la placa de quien fuera nuestro médico pediatra, el doctor F. Luque, sigue en la fachada.


El mercado sí ha cambiado. Del viejo no queda nada. Pero el entorno es el mismo. Muy cerca está la calle Pescadería, donde nacimos las tres hermanas mayores. No está ya una pastelería, puerta con puerta de nuestra casa. Desde una de nuestras ventanas veíamos trabajar de noche a unos hombres vestidos de blanco, que nos parecían muy alejados de nuestros ojos y muy peligrosos, y que asociábamos con la bruja de la Casita de chocolate.


Sigue el colegio de la Amiga de Piedra, donde aprendimos las primeras letras, nosotras, nuestras primas, nuestra madre y nuestras tías. Y el de las Teresianas, donde acudiría años después, en una calle que sale de la Alcantarilla. Ya no está por ahí el comercio de los Guapos, donde nuestra madre me enviaba, de vez en cuando, a comprar café para no dormirse y coser durante casi toda la noche, en compañía de Mari Luz, su oficiala de ocho pesetas diarias.


Pequeños recuerdos de una infancia feliz que ha sido posible revivirla gracias a que Jaén, su parte vieja, sus barrios cobijados al amparo del castillo, de la vieja alcazaba, se ha mantenido reconocible y hermosa.