domingo, febrero 06, 2011

Queridos progres


Habrá un día en que todos
Al levantar la vista,
veremos una tierra
que ponga libertad.

José Antonio LABORDETA

Tantas veces hemos despotricado contra Europa, contra el primer mundo, prepotente e insolidario, decadente y viejo (que no anciano). Un mundo formado por un conjunto de democracias imperfectas, más bien de partitocracias insolentes y aburridas, cuando no corruptas. Y, sin embargo, este primer mundo tan imperfecto ha costado, como dijo Churchill, sangre, sudor y lágrimas construirlo. Las luchas de los bienintencionados, han sido siempre por la libertad, las de los mandatarios por el poder y el dinero. Pero estaba la base de la libertad, y percatándose, como se han percatado siempre los europeos, de este hecho bastardo de los poderosos, no estuvieron, y creo que no estamos, dispuestos a dar un paso atrás en la conquista de esas libertades, mas bien todo lo contrario, el deseo es ampliarlas.
En general, queremos sobre todo unas libertades en las que las distintas religiones ocupen el lugar que les corresponde, es decir, la intimidad de las personas, la espiritualidad de quienes las sienten y practican, ya sean politeístas o monoteístas. Y a la vez, queremos que aquellos que no sienten la religión, no la practican, puedan vivir, como de hecho sucede hasta ahora, en la más absoluta de las libertades para gestionar sus temas, o conflictos si los hubiera, relacionados con sus ideales. Esto, que parece tan elemental, insisto, ha costado muchas vidas, millones de vidas.
Cada Cultura, cada pueblo, tiene derecho a reclamar su libertad como mejor le plazca, o como mejor considere, y nadie puede arrogarse la intervención en esos hechos. Si en Europa llevamos años luchando por la no intervención en países con otras culturas, intervenciones que, como bien sabemos, tenían, y tienen, intereses económicos, y nada más que económicos, tal vez debamos seguir por esa línea.
Pero, ya que nuestros queridos progres, neoprogres y seudoprogres, ven un charco y se tiran de cabeza, habrá que decirles, a ellos, y sólo a ellos, que no se puede defender una cosa y la contraria. Creo yo. Es decir, no se puede defender a una mujer a quien van a lapidar (son cientos los casos), o a las niñas a quienes van a hacerle la ablación y mujeres a quienes ya se la hicieron (millones), y a aquellas que van a ser vendidas a maridos viejos, y a la vez salir a gritar y apoyar las revueltas del Norte de África (peliaguda zona, por cierto), que están siendo sustentadas por los Hermanos Musulmanes, entre otros integristas. Nuestros progres, algunos muy ilustrados, saben que la libertad que estos grupos exigen está basada en unos libros sagrados que, en el más reciente de los casos, datan del siglo VIII.
No he visto en estas revueltas a las mujeres, salvo algunas aisladas y testimoniales. ¡Cuidado! que a las mujeres, a veces, las dejan que se inmolen rodeadas de cinturones con explosivos. No he visto que nadie, habrá alguno pero no le he visto, reivindique en esas manifestaciones varoniles la situación de la mujer en la zona.
Podría ser que la mayoría de las mujeres de esos países estuvieran de acuerdo con la situación que viven. Dejémoslas entonces por favor, porque si no fuera así, podrían haberse rebelado ya, y si no es eso lo que quieren vivir deben decirlo y hay que ayudarlas, pero de verdad, apoyando otras revoluciones muy distintas de las que se están dando.
Lo que a mí me jodería bastante sería ver a mi nieta, y a las hijas de mis nietos, viviendo una cultura y una sociedad contra la que hemos luchado siglos.

jueves, enero 20, 2011

Volver al huerto



Los políticos, casi todos marionetas del capital, están empeñados en que sus súbditos no pensemos. Por eso, colocan de cara al público a unos cuantos tontos útiles, que van creando debate artificial. Últimamente han sido dos los artificiosos debates, ambos promovidos por la inclasificable e incalificable Leire Pajín. El primero fue el estudio de cómo quitar la custodia de los hijos a los padres, sólo ante la denuncia de la madre, inventada o no. Como ese no armó mucho revuelo, debido al acojone de los varones, la ínclita nos ha dejado a todos los fumadores sin espacios más allá de nuestra propia casa. Yo no voy a decir nada de esto, porque lo que ellos quieren es precisamente entretenernos y evitar que pensemos cómo y de qué manera quitarles el chollo que tienen de por vida. Que por cierto, tenemos la solución al alcance de la mano.
Nací en una zona rural y vivo en otra de similares características, donde los hechos y el discurrir de la propia vida son muy asequibles al entendimiento. Lo que en la actualidad nos está pasando está causado, entre otros motivos, por el catetismo, palabra que no encuentro en ningún diccionario. Los catetos, en contra de lo que se cree, no son los aldeanos, que están en su digno lugar, y ya quisieran los urbanitas. Para mí, los catetos son los nuevos ricos, los pequeño-burgueses, y gente de similar catadura.
Esta gente ha sido pasto del capital. Los mensajes, vía publicidad, sobre todo a través de las cadenas de televisión, iban dirigidos a ellos, y han picado. Pisos, a poder ser varios, propiedades verticales colgadas en el aire. Coches, a poder ser varios y potentes. Viajes a lugares exóticos. Obras de arte sobre valoradas. En fin, las locuras más tontas, todas conseguidas a golpe de préstamo.
El resultado de esta crisis, artificialmente creada, es que los pobres serán más pobres, los ricos más ricos, y los medio ricos perderán algo, sólo algo, aquello que no hayan logrado colocar a nombre de testaferros, sea esposa legal, hijos, nietos, o quien sea, con tal de salvar lo que se pueda.
La solución la tenemos ante la vista, viven todavía muchas personas que nos pueden aleccionar, y son nuestros mayores. Ellos, hasta hace cincuenta años, han vivido en la mayor pobreza, y después, hasta ahora mismo, en la austeridad. Y no por eso les veo infelices, todo lo contrario. Volvamos al huerto y todo lo que ello conlleva. Demos una vuelta al piso y hagamos inventario de todo lo que hemos ido acumulando, innecesario, y que ahora sirve de soporte al polvo, que por cierto provoca alergias. Abramos los armarios y, si las polillas no han hecho de las suyas, la ropa acabará en cajas debajo de la cama, para poder reponer la de nueva temporada. Chorrada tras chorrada.
Comprar o alquilar una casa en un pueblo, pedir al alcalde que nos deje un huerto de esos que están, como muchas casas, arruinado, y volver a la vida de hace cincuenta años es la solución, no sólo a los problemas individuales, sino a los problemas en general. Se trata de hacer la puñeta a los que nos han manejado. Con ello, se repartiría la población, se volverían a abrir escuelas, se ahorraría energía y combustibles y, si siguiéramos al pie de la letra los consejos de los mayores, no harían falta ni los vertederos. En el mundo rural se aprovecha todo y no hacen falta ansiolíticos. Hay que recordar que en algunos pueblos de Soria facilitan mucho las cosas si se tienen niños en edad escolar y pueden evitar que se les cierre la escuela.
La industria pequeña, casi familiar, es en los pueblos lo suficientemente rentable como para conseguir un sueldo, nada más que un sueldo, que es de lo que se trata. Hacer unos quesos, hacer jabón, cuidar un pequeño atajo de ovejas, elaborar unas tartas, envasar tomates, ensartar collares, o aquello que la imaginación dé de sí. Si en los pueblos se fuera instalando la gente, la mediana industria se vería obligada a atomizarse. Y, en fin, en caso de que vengan mal dadas, se pueden colocar un par de colmenas, criar un cerdo, unas gallinas, unos conejos, y completar con ello el huerto.
Hay comodidades a las que nadie está dispuesto a renunciar, pero también se pueden tener en el mundo rural: la televisión, la lavadora, Internet… Las consolas y demás tonterías también funcionan en los pueblos, pero en ellos los niños las necesitarán menos, y las actividades extraescolares pagadas también, porque los juegos en la calle, con otros niños, están todos inventados.
De igual manera que nos condujeron a lo inútil e insustancial, podemos darle la vuelta a la tortilla, y fastidiarles el chiringuito. Es más fácil de lo que se cree, sobre todo para personas de mediana edad hartas de grandes ciudades, que pueden alquilar la propiedad que tienen en el aire y vender uno de los dos o tres coches de los que disfruta la familia.

sábado, diciembre 04, 2010

Los controladores para sicarios antisistema

Ya se ha visto que el hecho de militarizar a los controladores aéreos no ha surtido ningún efecto, vamos que no se han puesto a temblar ni nada, lo que nos indica que, por fortuna, el Ejército no pinta nada en cuestiones civiles. Ya veremos lo del estado de alarma, aunque creo que tampoco ha empezado a temblar el colectivo en cuestión.
Espero que, al menos, todo este zarandeo social sirva para que a los controladores les apliquen la ley antiterrorista, acorde con su actitud de secuestro a trescientos mil ciudadanos, perjuicios económicos a varios sectores de la actividad laboral de este país y chantaje al Estado. Por muchísimo menos la aplican a otros.
Escrito lo anterior desde la perspectiva del sistema que nos invade desde la época de Carolo. Pero esto me lleva a otras reflexiones. Primera, que la crisis ha de llegar, está visto, dado el número de perjudicados sólo en los aeropuertos, más los que se lanzan a las carreteras pese al mal tiempo, y los que viajan en trenes y autocares, que no ha llegado aún.
Y segunda, que cuando de una vez queramos de verdad tumbar a este sistema, nada de grupos quemando contenedores en las Ramblas de Barcelona, ni de okupas por los barrios madrileños, directamente se contrata al colectivo de controladores, como sicarios, ojo, porque a estos eso de la solidaridad obrera no les suena, y previo pago de su importe, caro, muy caro, se cargan el sistema en un mes.
Así que los grupos antisistema tienen que ir pensando en tenerlos en nómina.

domingo, noviembre 21, 2010

Sostener Soria



Cuando algún miembro de la familia enferma, todos acuden a cuidarlo y mimarlo dejando de lado las rencillas. Seguro que el cariño cura más y mejor que cualquier medicina al uso. La familia también está presta cuando, como en los tiempos que nos están tocando vivir, algún miembro de ella se ve abocado a situaciones de crisis que hacen imposible seguir adelante con el bienestar y la despreocupación que se había vivido en los últimos años.
Soria, nuestra provincia, lleva muchos años padeciendo esa crisis, al igual que gran parte del mundo rural. La estupidez humana, que es mucha y crece, unida al desconocimiento de la tierra y los montes, ha ido vaciando de humanidad el mundo rural, auténtico y fundamental, y sobre poblando las ciudades hasta convertirlas en lugares inhabitables y ficticios, donde todo se sucede sin ton ni son. La tendencia, en algún momento, tendrá que cambiar. Pero mientras esto sucede, emociona comprobar los esfuerzos de algunas personas que han decidido continuar en Soria y sus tierras, para sostenerla y cuidarla mientras las tendencias y las modas dan la vuelta.
Olvidada por los políticos nacionales, esos que cuentan votos y no personas, algo por otro lado legítimo y entendible desde el punto de vista de acudir a donde hay más demanda, en detrimento de pequeñas comunidades, aunque estas acaben definitivamente muriendo, los políticos locales, esos que no vemos como tales, sino como gestores cercanos, se esfuerzan en colocar tiritas sin parar en las heridas de cañones, y hasta se enfrentan, como recientemente hizo el alcalde de Soria, a su propio partido, que deja a la provincia empantanada con unas obras que, todo hay que decirlo, tal vez no hubiera sido necesario que se empezaran nunca.
Pese a algunas voces disonantes, me gusta ver los esfuerzos que cada uno, desde su parcela, hace para cuidar la provincia. Los ecologistas tratan de que no se considere algo perdido y cada uno haga su agosto al grito de ya no hay casi nadie y vale todo. Las asociaciones reivindicativas saliendo a la calle, caminando hacia atrás para llamar la atención. Los políticos cercanos, los gestores, con sus tiritas. El mundo de la cultura con sus quimeras. El científico luchando por la Dieta Mediterránea y por conseguir la sede en Soria. Los cocineros con sus setas. Hasta nosotras, recorriendo las tierras para dejar constancia de este baile, aquel guiso, la otra piedra que estaba y ya no está. Y que nadie piense que se recibe nada a cambio, todos, o casi todos, trabajan gratis y por amor, si algún día llegaran los beneficios, los que han estado al pie del cañón ya no se enterarán.
La recorro frecuentemente, y lo que más me emociona son las personas que se han quedado, pese a todo, y morirán aquí sin plantearse por un momento que la ciudad les va a proporcionar más felicidad. Esos pequeños grupos humanos que permanecen en la fría sierra y cada año se esfuerzan por enseñar al que acude su danza recuperada, como sucedió ayer mismo, sábado, en Santa Cruz de Yanguas, mientras el alcalde tostaba migas y asaba chorizos para agasajar al visitante. O como el pastor Félix de Prado, a quien encontré en la cuneta de la carretera de Verguizas, rodeado de sus careas, cuidando sus cien ovejas –“tenía mil y las he vendido, me he quedado con estas para entretenerme”- cubierto con la manta a cuadros.  O como los que me voy a encontrar dentro de un rato en Aldealices, enseñando a aprovechar el acebo, uno de sus recursos.
Casi todos estamos atentos, sosteniendo a Soria y sus tierras. Se puede o no estar de acuerdo en la forma de hacerse, pero lo importante es hacerlo. Sé que algunos están en contra de estos remiendos, pero me parece que no hay otra solución. El borrón y cuenta nueva no funciona cuando de seres humanos que conforman una comunidad se trata. A nadie se le ocurre, cuando el familiar está enfermo, matarlo y hacer otro nuevo.
Por todo ello, y firmemente convencida de que, como dijo Camus, se ayuda más a un ser –a una colectividad- dándole una imagen buena de sí mismo que enfrentándole constantemente con sus defectos, he de desear que sigamos sosteniendo Soria más o menos como lo estamos haciendo.

domingo, octubre 31, 2010

Un penoso deber

Por Antonio Ruiz Vega

Últimamente me ha tocado hacer tres necrológicas casi seguidas (que recuerde: la de Dámaso Santos Amestoy, la de Ulises Blanco y la de José Antonio Labordeta), lo cuál, a mi edad, comienza a ser preocupante. Los antedichos eran mis amigos, pero también se mueren quienes no lo fueron. No es el caso de Miguel Moreno y Moreno, que acaba de fallecer. Quiero decir que no era mi enemigo, al menos no mi enemigo personal, aunque sí me declaro aquí y ahora enemigo de lo que representaba y de lo que fue en vida.
Puede que desde un punto de vista piadoso lo mejor sea callar ante una persona que ya no está entre nosotros y que, como todo el mundo, tendrá familiares, amigos, etc. que le aprecien y lloren. Pero es que Miguel Moreno y Moreno, además de una persona es un símbolo y es al símbolo al que yo ahora quiero referirme.
Quienes sufrimos la pasada dictadura le achacamos (aparte del retraso social, cultural y económico al que sometió al país) el envilecimiento espiritual de todo un pueblo. Las demás lacras, con el tiempo, han ido desapareciendo o nivelándose, pero la condición servil de los españoles continúa siendo la misma, aproximadamente.
Podríamos decir que Franco nos emasculó (a unos más que a otros) e implantó entre nosotro un espíritu de servidumbre voluntaria que no lleva camino de desaparecer. Decía Manuel Azaña que la libertad no hace mejor al hombre, lo hace, sencillamente, hombre. Por la misma razón su ausencia le impide serlo.
Cuarenta años de represión nos hicieron peores, nos hicieron acostumbrarnos a la humillación, nos ahormaron a los caprichos de la autoridad. Cambiaron nuestra condición taurina (a la manera que quería Miguel Hernández) por la ovina, que tanto lamentaba don José Ortega y Gasset.
Aquella época, de una mediocridad insufrible, no hubiera podido existir de no ser por toda una clase social que se encumbró y medró a la sombra del dictador. Aquello que se llamó –años después- el franquismo sociológico. Fue la complicidad de cientos de miles de personas la que permitió que el franquismo se extendiera y fuera interiorizado –como lo ha sido- por la masa social. Porque ninguna dictadura puede durar 40 años sólo por la fuerza. Incluso el mismo Franco (asesorado no sabemos por quien) llegó a decir que aspiraba no sólo a vencer, sino a convencer.
Y este “convencer” es quizá lo más ominoso de la dictadura, porque para conseguirlo tuvo que maniatar a la disidencia, abolir la libertad de expresión y dejar hablar sólo a los de su cuerda. Fue ese gota a gota de permeación totalitaria la que algunos llevaron a cabo durante años, décadas enteras. Mientras tanto los demócratas teníamos que callar y cuando nos atrevíamos a alzar la voz, se nos silenciaba por la fuerza. Así se fue creando una imagen, una idea de España que, en buena medida, sigue vigente.
Cuando otras dictaduras terminaron sus publicistas fueron a menudo ejecutados sólo por serlo (Rosenberg en Alemania, Brasillach o La Rochelle en Francia, y eso que eran grandes escritores). Aquí el dictador murió en la cama y sus adláteres pudieron reciclarse en demócratas sin que nadie les persiguiera ni molestara.
Que yo sepa pocos o ninguno pidió perdón por haber sido el vocero de los sayones.
Personas sin las que el franquismo no hubiera podido seguir existiendo y funcionando van a pasar a la historia como poco menos que adláteres de la democracia. Recordemos a Gabriel Cisneros del que ya nadie conoce su clara trayectoria fascista. Mientras los verdaderos demócratas sufríamos la violencia policial, la cárcel o la preterición social otros desarrollaron una carrera profesional exitosa.
Creo que decir esto era mi deber.

Antonio Ruiz Vega

miércoles, octubre 27, 2010

Impresentable Dragó



No seré yo quien de el título de su última publicación, porque lo que él necesita para que su ego siga engordando es publicidad. Su ego y el dinero que ello le proporciona, pues parece que Hacienda le sigue los pasos.
Alguien tendrá que repasar sus manifestaciones clasistas contra los obreros, los turistas y otros segmentos de la sociedad. Ahora, además, se declara pederasta y, por tanto, delincuente.
Este fantasma senil que es Dragó, debe ser puesto de una vez en su sitio, que no es otro que el olvido más absoluto.
Por cierto, recordar que desde hace unos quince años, es hijo adoptivo de Soria. Ya entonces tendrían que haberle nombrado hijo, pero con otro atributo detrás.

lunes, octubre 04, 2010

Jaén y Miguel Hernández

En un reciente viaje a Jaén con mi hermana Concha, visité el Departamento de Cultura de la Diputación Provincial, situado en un ala del palacio de Villadompardo, en el barrio de la Magdalena, a la entrada del cual pueden visitarse los baños árabes. Tenía interés en conseguir el número 5 extra de la revista Paraíso, editada en el año 2009. En ella aparece el artículo de Eduardo A. Salas,” ¿De quién son estos olivos? Presencias y experiencias jiennenses de Miguel Hernández”. Y me lo regaló una funcionaria cuyo nombre lamento no recordar.


Después de leer el artículo fui a visitar, con emoción, aquellos por los que había estado el poeta en su estancia en Jaén, donde por cierto llegó recién casado con Josefina Manresa, y no es arriesgado decir, conociendo la biografía de Hernández, que la época jiennense fue la única feliz de su vida personal, al menos de la que compartió con su esposa, porque la relación sentimental con Maruja Mallo creo que debería ser inscrita en la pasión por el descubrimiento del sexo, y la no confirmada con María Zambrano, en el deslumbramiento intelectual.


Josefina Manresa, pese a las diferencias culturales e ideológicas, debió ser su amor más profundo y sincero. Ella era la mujer sencilla –“Te me mueres de casta y de sencilla”- que el poeta deseaba para madre de sus hijos, obsesión esta de perpetuarse siempre presente en la corta vida de Miguel Hernández.


Cuando el poeta llegó a Jaén estaba en el esplendor y pujanza de sus veintisiete años. Hacía pocos que había descubierto su ideología política, después de varios años de moverse en ámbitos derechistas, ultraderechistas podría decir, que habría que achacar al ambiente levítico de la Orihuela de la época, y a la influencia de Ramón Sijé y el canónigo Almarcha. Esa fuerza de la juventud apasionada de Hernández –todo en él fue apasionado- se va a ver reflejada en sus artículos periodísticos en “La Voz del Frente”, editado por El Altavoz del Frente, en Jaén, y que Eduardo A. Salas, en la Revista Paraíso, relaciona hasta quince títulos. Esplendor y pujanza en la vida del poeta que acabarían con el final de la contienda.


Fue en Jaén donde el poeta escribió “Aceituneros”. Si se conoce esa provincia andaluza, no extrañará que un escritor, impresionado por la alfombra de olivos centenarios de tronco retorcido y gris, dedique a ellos unas líneas, o un libro entero. Miguel Hernández le hizo un poema, no a los olivos ni a los olivareros, si no, y como no podía ser de otro modo, a los aceituneros, -“decidme en el alma, ¿quién, quién levantó los olivos?”- a los hombres y a las mujeres que esperaban y esperan “la recogida de aceituna”, como casi únicos ingresos en la, entonces sobre todo, paupérrima economía familiar. Si un niño tenía dedos, ya podía ir a recoger la aceituna.


En Jaén, el matrimonio Hernández-Manresa, junto con otros, como el formado por el alcarreño José Herrera Aguilera “Petere”, y Carmen Soler, habitarían en un palacio confiscado a unos nobles. Me interesé por este edificio en un viaje anterior con Leonor, mi hija, y pregunté al Ayuntamiento de Jaén por él, vía e-mail. La respuesta llegó de Mari Carmen Pérez, arqueóloga municipal del ayuntamiento, en 2007. En él se me decía que la casona estaba sita en la calle Francisco Coello, 19, y “cuenta con un nivel de protección estructural según el Plan Especial de Protección y Reforma Interior del Casco Histórico”. Me remitía a una publicación que no he podido conseguir hasta la fecha: “El viejo Jaén”, de Manuel López Pérez, editado en 2003 por la Obra Social de la Caja de Granada. Me copiaba textualmente el párrafo de ese libro dedicado a la casa donde vivió unos meses Miguel Hernández: "Tuvo aquí su casa el Marquesado de Villalta y luego de Blancohermoso. Una casa inmensa, con un primoroso patio acristalado, majestuosa escalera ennoblecida por la cruz procesional de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que allí se guardaba durante el año y un delicioso jardín aterrazado que volcaba sobre las calles linderas una catarata de rosas de pitiminí. Incautada en los agitados días de 1936, en ella vivió sus primeros días de recién casado -Marzo/Mayo de 1937- el poeta Miguel Hernández, que nos llegó en compañía de Josefina Manresa desde su Orihuela natal”.


Para mí, esta casa tiene otras connotaciones, por eso en el viaje de 2007 me gustó tanto encontrar la lápida en conmemoración de la estancia del poeta. Durante unos años residí en la de enfrente, concretamente en el número diez de la que por entonces denominábamos calle Llana, tal vez por ser la única de estas características en todo el barrio, perpendicular a todas las estrechas (esta también lo es) y empinadas que se dirigen desde la Catedral al barrio de la Alcantarilla.


En el número 10 se ubicaba por los años cincuenta y sesenta la Delegación de Trabajo, de la que mi abuelo materno era conserje, y en la parte alta vivían mis abuelos, y nosotros con mucha frecuencia. Esa casa, la del conserje, grande, con una terraza que daba a la torre de la Catedral, sigue siendo la casa de mi infancia, la de mis sueños frecuentes. Tenía un hermoso patio, después de unas anchas escaleras, donde mi abuela –pese a estar el patio rodeado de las oficinas de la Delegación- cuidaba macetas preciosas y con una de ellas, de cintas, gané un premio por el que me regalaron “Los cien mejores cuentos chinos”.


En el Colegio de las Teresianas, a cien metros de la calle Llana, estudié durante dos años, primero y segundo, el Bachillerato Elemental de la época, y en él también estudiaba la nieta de la entonces marquesa de Blancohermoso, mi vecina del número 19, la casa circunstancial del poeta. Yo, con matrícula gratuita por ser hija de la modista de las teresianas, ella con todos los honores, aunque en aquel colegio no había dos puertas, todas entrábamos por la misma. Era la época de las señoritas Stuick, Moreno, Esteban…


Concha y yo, con las primas Soler, Maricarmen y María Esperanza, fuimos a Jabalcuz, otro paraje de nuestra infancia, donde se acudía, en coche o caminando, a “tomar el fresco” las calurosas noches jiennenses. Allí, y pese a que en la infancia una se fija poco en lo que le rodea, y menos en los olores, se debía oler Andalucía entera, porque con el paso de los años, y al volver a aspirar lo que se aspiró en la infancia, se recuerda, curiosamente, pero se recuerda a la perfección aquel aroma de jazmines y dompedros que acompañó nuestros primeros años.


De aquel Jabalcuz de la infancia sólo quedan los jardines, bellísimos y muy cuidados, ahora propiedad del Ayuntamiento de Jaén, diseñados por el mismo que hizo una parte del parque del Retiro, en Madrid. Lo que fuera balneario está en ruinas. Alrededor de todo el conjunto se ha edificado una urbanización -¡cómo no!- Uno de los propietarios de este espacio –no recuerdo si el primero, o el que mandó construir el balneario- fue el jiennense José del Prado y Palacio, ministro primero, y alcalde de Madrid después, durante el reinado de Alfonso XIII, quien le concedería el marquesado de Rincón de San Ildefonso. Me gustaría creer que lo hiciera sobre el solar de los alrededores de la iglesia del mismo nombre.


Y allí estaba la alberca, a la entrada de los jardines, la misma alberca a la que mi madre nos impedía acercar, con el fondo de piedras y barro, la misma en la que se bañaba Miguel Hernández según el artículo de Eduardo A. Salas, porque quien conozca su biografía, sabe que el poeta siempre andaba buscando lugares donde bañarse.


La belleza de Jaén y de su entorno de sierras altas y afiladas, el camino hacia Jabalcuz, que discurre por la Fuente de la Peña, donde el poeta vería en los lavaderos protegidos por la peña que da nombre a la fuente, a las mujeres lavando esa ropa “donde las sábanas había de recobrar la blancura perdida en el transcurso de los sueños del hombre que trabaja, suda y lleva a la cama restos de barbecho, polvo de camino…” (recogido por Salas de “Compañera de nuestros días”, de Hernández), inspiraron al poeta Miguel Hernández poesías, artículos y obras de teatro, de gran compromiso social.











domingo, septiembre 19, 2010

La expulsión de los gitanos

Los pogromos soviéticos han pasado a la Historia como eso, precisamente, como un linchamiento de una etnia concreta, los judíos. Menos de un siglo después, en la civilizada y refinada Europa, se persiguió a los judíos, a los gitanos, y a grupos sociales sin mucha relevancia para la exquisita y ya por entonces decadente Europa. Y ese hecho terrible ha pasado a la Historia como lo que fue y que todos sabemos, o deberíamos saber.

Ahora se ha inventado el término “políticamente correcto”, por lo tanto a según qué hechos, o qué guerras, no se atreven a enunciar lo que subyace, aquello que ha sido la causa de ese hecho o esa guerra. Son otros tiempos y conviene maquillar la eczema, como venía a decir Camus.

El presidente de la República Francesa (¿alguien recuerda el nombre del primer ministro? Creo que Fillon, Fillol, o algo así), va a repatriar (expulsar antes de lo políticamente correcto) a gitanos búlgaros y rumanos, y dicen las encuestas, que el 65% de los franceses está de acuerdo con la decisión.

No sé si somos capaces de darnos cuenta de lo grave de esta decisión, de lo que puede desencadenar. Porque lo que subyace en ella es, ni más ni menos, que la corriente xenófoba y racista que hace ya años recorre Europa. Mejor sería decir que nunca ha dejado de estar presente en ella, si acaso, un continente espantado por lo sucedido durante 1942-1946, contuvo un poco la respiración y fue capaz de conmoverse. Después, los judíos se hicieron fuertes, crearon un Estado con el apoyo de sus correligionarios de EE.UU, y pasaron de ser víctimas a verdugos. Poco más podían hacer rodeados de enemigos.

Pero los gitanos no se han hecho fuertes todavía, no tienen un Estado, es más, son pobres, tremendamente pobres en su mayoría, y son nómadas, y tienen unas costumbres que no gustan a los refinados europeos de pisos de más cien metros, con sofases mullidos, tres televisiones, y con vistas, unas vistas que podrían dar, justamente, frente a las chabolas de los gitanos, y eso queda muy feo, no hace juego con los estores.

Los pobres molestan siempre, también esos que se cubren con cartones en las entradas de los metros, o en las cabinas bancarias, por eso, los muchachos fascistas los queman. Y es que Europa, y España especialmente, empezó la casa por el tejado, y sigue en él, sin preocuparse de los cimientos. Interesa mucho más inaugurar tramos de autovías, AVES, y demás obras faraónicas, que solucionar el problema terrible del hambre y la pobreza.

Así que los gitanos –y los pobres- se ven obligados a robar cobre, por ejemplo, que casualmente compran los payos. Otro tanto sucede con la droga que se vende en barrios infames por gitanos, pero que compran los payos y, a niveles de alturas manejan, naturalmente, los payos.

Todo esto que está sucediendo puede tener consecuencias terribles. La representante europea para estos temas dice ¡Basta ya!, y en lugar de apoyarla, cada Estado miembro pone el grito en el cielo y, haciendo lo políticamente correcto, o los que les interesa a cada cual, hacen causa común con Sarkozy.

Y me pregunta Leonor, mi hija, ¿para qué sirve Europa entonces si no puede moderar este asunto tan grave? Pues para moderar los temas económicos que son los que interesan, y no precisamente para solucionar los asuntos sociales desde la raíz. Y de paso, para debilitar a la Unión que juega a ser EE.UU.

viernes, septiembre 10, 2010

Por La Rioja Alavesa




Mi amigo Jaime del Huerto y yo hemos pasado un verano difícil. Él se rompió un huesecillo de la mano tratando de salvar a su perrita de las aguas del río Duero, y además está de obras en su casa. El mío –mi verano- ha estado acompañado de mis nietos en una casa de Quintana Redonda, y aunque lleno de risas y cariño, no ha dejado de ser algo complicado, por aquello de la fuerza incansable de los niños que choca con los años de los abuelos.

Antes de incorporarnos a nuestras respectivas obligaciones –o devociones- entre las que se cuenta un proyecto común sobre la Trashumancia, y tratando Jaime de huir de las fiestas de su pueblo –yo no me pude escapar de las de Quintana- fuimos el primer sábado de septiembre a la Rioja Alavesa. Magnífica tierra e impresionantes paisajes desde que se llega al Puerto de Piqueras y durante todo el viaje. La Sierra de la Demanda mira todo desde arriba. El Ebro, río nuestro, soriano también, discurría majestuoso por la campiña.

Como Jaime es exquisito para todo, escogió la visita a unas bodegas de Briones donde, además de vino para degustar y comprar en una tienda como las que colocan a la salida de los monumentos, pudimos disfrutar de un magnífico museo dedicado al mundo del vino.

Francamente, y a primera vista, no las tenía todas conmigo. Como he dicho me parecía todo demasiado exquisito para tratarse de unas bodegas recias y contundentes, donde además había que solicitar con antelación fecha y hora para acceder a ellas. Por esta vez no se cumplió aquel dicho de que la primera impresión es la que vale.

Lo verdaderamente interesante para mí fue el museo que lo llaman del vino, pero que podría llamarse también arqueológico, etnológico, costumbrista, o todo a la vez, porque de todo hay en aquellas cinco o seis magníficas y enormes salas, a las que habrá que volver, ya que resulta difícil verlo todo con el detenimiento que se merece en una sola visita.

Desde la Prehistoria hasta nuestros días, todo lo relacionado con el mundo del vino, y forzando las tuercas puede ser casi todo, está allí representado. Cerámica de todas las épocas de nuestra Historia, desde la tosca hallstática hasta la refinada y negra griega. Instaladas en una enorme sala, la colección de prensas es impresionante. Vimos algunas como la “prensa de lliura” de Sant Vicenç de Calders, Tarragona, por cierto construida con madera de Soria, la de Tarragona. Allí pueden verse las distintas fases del vino, desde las tierras donde crece la viña, hasta las botellas, decantadores, y sacacorchos de todas formas. Todo ello acompañado de audiovisuales y elementos didácticos.

La bodega está bajo tierra, en un círculo que exteriormente se halla amparado por la Sierra de Cantabria. Es moderna pero interesante. Esa noche tenía lugar en su interior con concierto. Allí catamos dos tipos de vino.

Desde allí nos dirigimos al pueblo de Briones, magnífica su plaza con casas solariegas de piedra y arcos de medio punto, y la airosa torre barroca de la iglesia. Buscábamos un establecimiento para comer. Y ahí empezó la parte menos buena de la excursión. Ni en ese pueblo ni en San Vicente de la Sonsierra, a tiro de piedra del primero, encontramos ninguno. Bueno uno, pero, naturalmente, estaba a rebosar. El resto estaban cerrados a cal y canto por vacaciones, en pleno verano, con un calor de justicia. Se nota que La Rioja ha sido la comunidad autónoma que más tiempo ha estado en el ranking de las que gozan de mejor nivel de vida.

Se iba haciendo tarde, de un sitio nos mandaban a otro, ni tan siquiera a esa hora podíamos encontrar una tienda abierta, hasta que nos enviaron a un pueblecillo encaramado sobre un alto, Rivas de Tereso, donde en un establecimiento de comidas, lleno también a rebosar, nos facilitaron una mesa junto al ventanal y pudimos comer.

Muy bien comimos, por cierto, servidos con amabilidad riojana. Patatas a la idem, pimientos rellenos, bacalao, y todo ello regado con un vino estupendo –el de la casa- de la cercana Haro. Y a la salida, saciado ya el apetito, encontramos un árbol con maduras y dulcísimas ciruelas claudias.

viernes, junio 18, 2010

La ocupación de las vías pecuarias




He de confesar que esta mañana he recibido con alegría la multa de 30.000 euros al Ayuntamiento de Abejar por urbanizar parte de la Cañada Real, según daba conocer Diario de Soria, en primera página y con letras bien grandes. Mi alegría no tiene nada de maldad, y lo siento por el Ayuntamiento de Abejar, que tal vez ignoraba la comisión de delito cuando urbanizó parte de la vía pecuaria para el polígono industrial y lo hizo a favor de ese pueblo industrioso y ejemplar.
Mi júbilo va por otro lado. Soy una enamorada de la trashumancia, sobre todo desde que en el último año investigo sobre esta antigua actividad, visitando Oncala y los pueblos de alrededor con frecuencia, hablando con antiguos trashumantes sobre su vida, dura y alejada de la familia, pero a la vez, como todo lo rural, auténtica, sin artificio.
En el año 1982, Emilio Ruiz Ruiz y Clemente Sáenz Ridruejo, publicaron en el número 64 de la revista Celtiberia un magnífico trabajo sobre la Cañada Oriental Soriana, cuyo trayecto hicieron, a pie a veces, y en todoterreno en general, entre la Sierra de Soria y el Valle de Alcudia.
Como ejemplo del estado en que se encontraba la vía, reproduciré algunos comentarios sobre los primeros sesenta o setenta kilómetros:
“En la Comarca de Almarza (…) un entorno casi estrictamente dedicado a la cabaña, se ha sustituido en gran parte por roturos, perdiéndose cercas, arbolado y praderíos”. “Entre Tera y Cubo de la Sierra ha cabaña ha sido disminuida por los colindantes; sus anchuras remanentes son de 20 a 40 metros”. “La soberbia umbría fluvial [en Garray] ha sido despojada, con toda suerte de talas, dragados e instalaciones. Tras Garray, en su término, la Galiana sólo conserva unos 20 metros. La concentración parcelaria ha borrado múltiples vestigios”. “Justo antes del cruce con la carretera Soria-Logroño (aproximadamente a 2,5 kilómetros de Soria) el pontón romano, una larga bóveda de unos 3 metros de alto y dos de ancho, ha sido invadida por un basurero. ¡Triste destino de las galianas!”. “La entrada a Soria de los ganados está degradada, habiendo sido además invadida por edificaciones”.
Las vías pecuarias no son propiedad de nadie, ni de ninguna administración, son, según el texto de la Ley 3/1995, “corredores ecológicos”, “legado histórico de interés capital, único en Europa”, etc. Las comunidades autónomas por donde discurren son las responsables de su cuidado. La roturación y edificación sobre ellas está considerado como falta muy grave y, además de la sanción, la ley obliga a reparar el daño causado.
Esto último, si se aplicara, obligaría a derruir cientos de viviendas en Soria capital. Sin necesidad de llegar a tanto, porque la ley 22/1974 era menos favorable a las galianas que la de 1995, y por ella se regirían durante veinte años, estas vías, como patrimonio que son del Estado y, por consiguiente de todos los españoles, han de ser protegidas de la insaciable avaricia (incluso en momentos de crisis) de los especuladores inmobiliarios y de agricultores olvidadizos con los límites de sus fincas. El hecho de que los rebaños apenas circulen en los últimos quince años por las cañadas, no significa que cualquiera se puede apropiar del patrimonio colectivo. A nadie se le ocurre llevarse a casa una columna del yacimiento de Numancia, sin saber que eso le puede costar hasta la cárcel.
Por eso me alegro de la multa, aunque espero que no tengan que hacerla efectiva y, por esta vez, se conformen con la reparación del daño causado. El toque de bolsillo es de los pocos que entendemos. Además, en este caso, sirve como ejemplo disuasorio.