domingo, febrero 06, 2011
Queridos progres
jueves, enero 20, 2011
Volver al huerto
sábado, diciembre 04, 2010
Los controladores para sicarios antisistema
domingo, noviembre 21, 2010
Sostener Soria
domingo, octubre 31, 2010
Un penoso deber
Últimamente me ha tocado hacer tres necrológicas casi seguidas (que recuerde: la de Dámaso Santos Amestoy, la de Ulises Blanco y la de José Antonio Labordeta), lo cuál, a mi edad, comienza a ser preocupante. Los antedichos eran mis amigos, pero también se mueren quienes no lo fueron. No es el caso de Miguel Moreno y Moreno, que acaba de fallecer. Quiero decir que no era mi enemigo, al menos no mi enemigo personal, aunque sí me declaro aquí y ahora enemigo de lo que representaba y de lo que fue en vida.
Puede que desde un punto de vista piadoso lo mejor sea callar ante una persona que ya no está entre nosotros y que, como todo el mundo, tendrá familiares, amigos, etc. que le aprecien y lloren. Pero es que Miguel Moreno y Moreno, además de una persona es un símbolo y es al símbolo al que yo ahora quiero referirme.
Quienes sufrimos la pasada dictadura le achacamos (aparte del retraso social, cultural y económico al que sometió al país) el envilecimiento espiritual de todo un pueblo. Las demás lacras, con el tiempo, han ido desapareciendo o nivelándose, pero la condición servil de los españoles continúa siendo la misma, aproximadamente.
Podríamos decir que Franco nos emasculó (a unos más que a otros) e implantó entre nosotro un espíritu de servidumbre voluntaria que no lleva camino de desaparecer. Decía Manuel Azaña que la libertad no hace mejor al hombre, lo hace, sencillamente, hombre. Por la misma razón su ausencia le impide serlo.
Cuarenta años de represión nos hicieron peores, nos hicieron acostumbrarnos a la humillación, nos ahormaron a los caprichos de la autoridad. Cambiaron nuestra condición taurina (a la manera que quería Miguel Hernández) por la ovina, que tanto lamentaba don José Ortega y Gasset.
Aquella época, de una mediocridad insufrible, no hubiera podido existir de no ser por toda una clase social que se encumbró y medró a la sombra del dictador. Aquello que se llamó –años después- el franquismo sociológico. Fue la complicidad de cientos de miles de personas la que permitió que el franquismo se extendiera y fuera interiorizado –como lo ha sido- por la masa social. Porque ninguna dictadura puede durar 40 años sólo por la fuerza. Incluso el mismo Franco (asesorado no sabemos por quien) llegó a decir que aspiraba no sólo a vencer, sino a convencer.
Y este “convencer” es quizá lo más ominoso de la dictadura, porque para conseguirlo tuvo que maniatar a la disidencia, abolir la libertad de expresión y dejar hablar sólo a los de su cuerda. Fue ese gota a gota de permeación totalitaria la que algunos llevaron a cabo durante años, décadas enteras. Mientras tanto los demócratas teníamos que callar y cuando nos atrevíamos a alzar la voz, se nos silenciaba por la fuerza. Así se fue creando una imagen, una idea de España que, en buena medida, sigue vigente.
Cuando otras dictaduras terminaron sus publicistas fueron a menudo ejecutados sólo por serlo (Rosenberg en Alemania, Brasillach o La Rochelle en Francia, y eso que eran grandes escritores). Aquí el dictador murió en la cama y sus adláteres pudieron reciclarse en demócratas sin que nadie les persiguiera ni molestara.
Que yo sepa pocos o ninguno pidió perdón por haber sido el vocero de los sayones.
Personas sin las que el franquismo no hubiera podido seguir existiendo y funcionando van a pasar a la historia como poco menos que adláteres de la democracia. Recordemos a Gabriel Cisneros del que ya nadie conoce su clara trayectoria fascista. Mientras los verdaderos demócratas sufríamos la violencia policial, la cárcel o la preterición social otros desarrollaron una carrera profesional exitosa.
Creo que decir esto era mi deber.
Antonio Ruiz Vega
miércoles, octubre 27, 2010
Impresentable Dragó
lunes, octubre 04, 2010
Jaén y Miguel Hernández
domingo, septiembre 19, 2010
La expulsión de los gitanos
viernes, septiembre 10, 2010
Por La Rioja Alavesa
Antes de incorporarnos a nuestras respectivas obligaciones –o devociones- entre las que se cuenta un proyecto común sobre la Trashumancia, y tratando Jaime de huir de las fiestas de su pueblo –yo no me pude escapar de las de Quintana- fuimos el primer sábado de septiembre a la Rioja Alavesa. Magnífica tierra e impresionantes paisajes desde que se llega al Puerto de Piqueras y durante todo el viaje. La Sierra de la Demanda mira todo desde arriba. El Ebro, río nuestro, soriano también, discurría majestuoso por la campiña.
Como Jaime es exquisito para todo, escogió la visita a unas bodegas de Briones donde, además de vino para degustar y comprar en una tienda como las que colocan a la salida de los monumentos, pudimos disfrutar de un magnífico museo dedicado al mundo del vino.
Francamente, y a primera vista, no las tenía todas conmigo. Como he dicho me parecía todo demasiado exquisito para tratarse de unas bodegas recias y contundentes, donde además había que solicitar con antelación fecha y hora para acceder a ellas. Por esta vez no se cumplió aquel dicho de que la primera impresión es la que vale.
Lo verdaderamente interesante para mí fue el museo que lo llaman del vino, pero que podría llamarse también arqueológico, etnológico, costumbrista, o todo a la vez, porque de todo hay en aquellas cinco o seis magníficas y enormes salas, a las que habrá que volver, ya que resulta difícil verlo todo con el detenimiento que se merece en una sola visita.
Desde la Prehistoria hasta nuestros días, todo lo relacionado con el mundo del vino, y forzando las tuercas puede ser casi todo, está allí representado. Cerámica de todas las épocas de nuestra Historia, desde la tosca hallstática hasta la refinada y negra griega. Instaladas en una enorme sala, la colección de prensas es impresionante. Vimos algunas como la “prensa de lliura” de Sant Vicenç de Calders, Tarragona, por cierto construida con madera de Soria, la de Tarragona. Allí pueden verse las distintas fases del vino, desde las tierras donde crece la viña, hasta las botellas, decantadores, y sacacorchos de todas formas. Todo ello acompañado de audiovisuales y elementos didácticos.
La bodega está bajo tierra, en un círculo que exteriormente se halla amparado por la Sierra de Cantabria. Es moderna pero interesante. Esa noche tenía lugar en su interior con concierto. Allí catamos dos tipos de vino.
Desde allí nos dirigimos al pueblo de Briones, magnífica su plaza con casas solariegas de piedra y arcos de medio punto, y la airosa torre barroca de la iglesia. Buscábamos un establecimiento para comer. Y ahí empezó la parte menos buena de la excursión. Ni en ese pueblo ni en San Vicente de la Sonsierra, a tiro de piedra del primero, encontramos ninguno. Bueno uno, pero, naturalmente, estaba a rebosar. El resto estaban cerrados a cal y canto por vacaciones, en pleno verano, con un calor de justicia. Se nota que La Rioja ha sido la comunidad autónoma que más tiempo ha estado en el ranking de las que gozan de mejor nivel de vida.
Se iba haciendo tarde, de un sitio nos mandaban a otro, ni tan siquiera a esa hora podíamos encontrar una tienda abierta, hasta que nos enviaron a un pueblecillo encaramado sobre un alto, Rivas de Tereso, donde en un establecimiento de comidas, lleno también a rebosar, nos facilitaron una mesa junto al ventanal y pudimos comer.
Muy bien comimos, por cierto, servidos con amabilidad riojana. Patatas a la idem, pimientos rellenos, bacalao, y todo ello regado con un vino estupendo –el de la casa- de la cercana Haro. Y a la salida, saciado ya el apetito, encontramos un árbol con maduras y dulcísimas ciruelas claudias.
viernes, junio 18, 2010
La ocupación de las vías pecuarias
He de confesar que esta mañana he recibido con alegría la multa de 30.000 euros al Ayuntamiento de Abejar por urbanizar parte de la Cañada Real, según daba conocer Diario de Soria, en primera página y con letras bien grandes. Mi alegría no tiene nada de maldad, y lo siento por el Ayuntamiento de Abejar, que tal vez ignoraba la comisión de delito cuando urbanizó parte de la vía pecuaria para el polígono industrial y lo hizo a favor de ese pueblo industrioso y ejemplar.
Mi júbilo va por otro lado. Soy una enamorada de la trashumancia, sobre todo desde que en el último año investigo sobre esta antigua actividad, visitando Oncala y los pueblos de alrededor con frecuencia, hablando con antiguos trashumantes sobre su vida, dura y alejada de la familia, pero a la vez, como todo lo rural, auténtica, sin artificio.
En el año 1982, Emilio Ruiz Ruiz y Clemente Sáenz Ridruejo, publicaron en el número 64 de la revista Celtiberia un magnífico trabajo sobre la Cañada Oriental Soriana, cuyo trayecto hicieron, a pie a veces, y en todoterreno en general, entre la Sierra de Soria y el Valle de Alcudia.
Como ejemplo del estado en que se encontraba la vía, reproduciré algunos comentarios sobre los primeros sesenta o setenta kilómetros:
“En la Comarca de Almarza (…) un entorno casi estrictamente dedicado a la cabaña, se ha sustituido en gran parte por roturos, perdiéndose cercas, arbolado y praderíos”. “Entre Tera y Cubo de la Sierra ha cabaña ha sido disminuida por los colindantes; sus anchuras remanentes son de 20 a 40 metros”. “La soberbia umbría fluvial [en Garray] ha sido despojada, con toda suerte de talas, dragados e instalaciones. Tras Garray, en su término, la Galiana sólo conserva unos 20 metros. La concentración parcelaria ha borrado múltiples vestigios”. “Justo antes del cruce con la carretera Soria-Logroño (aproximadamente a 2,5 kilómetros de Soria) el pontón romano, una larga bóveda de unos 3 metros de alto y dos de ancho, ha sido invadida por un basurero. ¡Triste destino de las galianas!”. “La entrada a Soria de los ganados está degradada, habiendo sido además invadida por edificaciones”.
Las vías pecuarias no son propiedad de nadie, ni de ninguna administración, son, según el texto de la Ley 3/1995, “corredores ecológicos”, “legado histórico de interés capital, único en Europa”, etc. Las comunidades autónomas por donde discurren son las responsables de su cuidado. La roturación y edificación sobre ellas está considerado como falta muy grave y, además de la sanción, la ley obliga a reparar el daño causado.
Esto último, si se aplicara, obligaría a derruir cientos de viviendas en Soria capital. Sin necesidad de llegar a tanto, porque la ley 22/1974 era menos favorable a las galianas que la de 1995, y por ella se regirían durante veinte años, estas vías, como patrimonio que son del Estado y, por consiguiente de todos los españoles, han de ser protegidas de la insaciable avaricia (incluso en momentos de crisis) de los especuladores inmobiliarios y de agricultores olvidadizos con los límites de sus fincas. El hecho de que los rebaños apenas circulen en los últimos quince años por las cañadas, no significa que cualquiera se puede apropiar del patrimonio colectivo. A nadie se le ocurre llevarse a casa una columna del yacimiento de Numancia, sin saber que eso le puede costar hasta la cárcel.
Por eso me alegro de la multa, aunque espero que no tengan que hacerla efectiva y, por esta vez, se conformen con la reparación del daño causado. El toque de bolsillo es de los pocos que entendemos. Además, en este caso, sirve como ejemplo disuasorio.