martes, mayo 17, 2016

Este año las ovejas no llegarán a Oncala


Cuando las familias se marcharon en busca de una vida mejor, se llevaron con ellos, además de los enseres materiales, los recuerdos de sus vidas y los de sus ancestros. Unos recuerdos que, como sucede con los objetos, se agrandan en la distancia, pero ni se agotan ni se pierden, especialmente si se van transmitiendo. Eso permite recrearlos en un momento determinado, recreación que, si bien pierde frescura, sirve para enseñar a todo aquel que quiera cómo era la vida cuando se marcharon. Para que esto surja el efecto deseado, se ha de estar muy orgulloso del pasado, considerarlo como lo que ha formado a las personas, tanto individual como colectivamente.
 
Desde mi punto de vista (¡lo he dicho y escrito ya tantas veces!), el mundo rural es y ha sido susceptible de provocar ese orgullo de pertenencia más que ningún otro. Y dentro de ese mundo, la particularidad de la Trashumancia ha significado el puntal sobre el que apoyar un mundo de conocimientos, de transmisión de otras culturas, a las que a la vez se colonizaba otras sin pretenderlo, por el efecto de la solidaridad, pero también de la necesidad. Fue también la necesidad, la de comunicarse con quienes se quedaban en sus lugares fijos de residencia, lo que hizo que no existiera el analfabetismo entre los trashumantes. Fue un trabajo duro, durísimo, pero tan enriquecedor, a la vez tan primitivo, tan telúrico, que procuró una sociedad, dentro del mundo rural, distinta y enriquecedora. Una actividad entroncada con los primeros grupos humanos que debían desplazarse en busca del alimento para sus animales, los que a la vez servían de sustento a ellos mismos. El hombre, el trashumante, miraba y reflexionaba, consciente o inconscientemente, empapándose de todo aquello que el ser humano es capaz de asumir y transmitir. Quizá tuvo tiempo de plantearse, mientras curaba las heridas de los animales, evitaba que los lobos mermaran sus rebaños, o vigilaban la rapiña, que ellos, los trashumantes, eran el grupo humano más primitivo que pisaba la tierra, antes de que el hombre dominara las semillas, de que la Agricultura se escribiera con mayúsculas, los trashumantes eran los señores de los montes.


  De unos años a esta parte, alternando Oncala con Los Campos, se ha venido mostrando a todo aquel que lo deseara la cara más amable de la Trashumancia. Este año de 2016 le tocaba a Oncala, pero no podremos verlo. No sé exactamente los motivos, ni tampoco me interesan demasiado, porque me temo que entre ellos estará la cuestión económica y la falta de interés, pero en realidad lo que subyace (como en casi todo en esta depauperada provincia) es la falta de almas para arrimar el hombro en esta y en cualquiera de las actividades que se pretendan hacer. Los viejos trashumantes ya se marcharon a otro espacio donde dicen los creyentes que se está mejor, pero donde ya no se vive. Las distintas administraciones (¡será por administraciones!) se mueven de elecciones en elecciones y en el interregno andan probando maridajes y preparando las fiestas de la capital donde ahí sí que hay diversión y fotógrafos y televisiones, y de todos los medios.
 
Esperemos que lo de este año sea sólo una suspensión puntual y volvamos a participar en la fiesta de la Trashumancia.

viernes, febrero 26, 2016

¡¡Felicidades otiñeros!!



 Foto de Agustín Garzón Martínez, sacada de facebook.
Secretos vericuetos, fragosidades del alma, no se sabe por dónde se cuelan un trozo de tierra, una nube siempre distinta, un río que fluye sin detenerse, o unas rocas magníficas esas sí, siempre las mismas, y somos capaces de sentir como algo nuestro, algo en lo más profundo de nuestro ser, una aldea donde vivieron nuestros antepasados. Resulta ser algo así como un misterio.

Paul Eluard le escribía a la pérfida Gala que es el recuerdo de los momentos más sencillos y los más desprovistos de esplendor los que prueban la imposibilidad de destruir el amor. Los recuerdos sencillos me llegaron de mi madre, y desde que ella no está, tiendo a conservarlos como un homenaje a aquella mujer capaz de transmitirme cómo encendía el cigarro al abuelo ciego con una ascua moviéndola sin cesar. Ese misterio de sentir Otíñar (Otiña siempre en boca de mi madre), como algo mío, puede ser que se explique desde el hecho de saber que allí fui concebida hace sesenta y cuatro años. Y estando, como ha estado Otíñar siempre dentro de mí, no fue hasta pasado el medio siglo de mi vida cuando en compañía de mi hija (como ya he escrito más de una vez) decidí ver la aldea desde dentro y no desde el monumento a Carlos III, donde mis tíos me llevaban cuando era pequeña.

Lavadero del Covarrón. Foto Julia Sutil, sacada de facebook.


Y allí busqué, una vez traspasada una alambrada que pronto desaparecerá, entre los escombros de una aldea con categoría de villa desde su fundación, entre las ruinas propiciadas por manos inmisericordes deseosas de borrar la vida y las pequeñas historias (esas que conforman la Historia) cuál podría ser la lumbre baja donde mi madre buscaba la ascua; ante qué imagen colocada sobre algunas de las vacías hornacinas, habría sido bautizada en plena guerra civil por mi bisabuela Juliana Sabariego, mi prima Carmen Soler mientras mi tía-abuela Espiritusanto cantaba el Avemaría; buscaba la tienda de mi tío-abuelo Juan “el cojo”, la panadería de la tía Serafina.

Por eso hoy, cuando Juan Carlos Roldán (seguramente familia mía también), me ha escrito un mensaje diciendo que el Ayuntamiento de Jaén había aprobado la inscripción en el inventario municipal del castillo de Otíñar, los caminos, la plaza y las calles que conforman la antigua aldea, he sentido una inmensa alegría. Algo de todos los otiñeros les ha sido, muchos años después, devuelto.

Claro que no ha sido sin esfuerzo. Tengo a mi derecha setenta folios que han costado mucho tiempo, mucho trabajo, muchos sinsabores y, tal ven también, mucho dinero, a la plataforma “Por Otíñar y su entorno”. Todo, para deshacer un entuerto malintencionado llevado a cabo mucho antes de la aniquilación de la aldea, un agravio que llevó a poner puertas al campo, rejas a los ríos, y a apropiarse de caminos públicos. Y todo esto desde el primer tercio del siglo XIX.

Ahora, como se indica en el informe del ingeniero de Montes, pasará a la titularidad municipal la fortaleza y antigua villa de Otíñar, los caminos de Jaén a Campillo de Arenas, de los Arrieros, de Los Villares a La Guardia, de Los Villares a Otíñar, a Otíñar, de las Alcandoras, de la Cañada del Castillo, y del Campillo. Además de la plaza, calle de don Jacinto Cañada, y calle del Ejido de Santa Cristina, de la aldea de Santa Cristina (Otiña para los otiñeros).





La aldea. Foto Julia Sutil, sacada de facebook.


Es decir, que cuando se vuelva a subir a la aldea no nos dejaremos la mitad de los pantalones en la alambrada y nadie impedirá que busquemos, entre los escombros, el remache de un cazillo, un trozo de herradura, o una tira de albarca que todavía mantendrá los restos del ADN de un otiñero.

Y, sobre todo, sentados sobre cualquier piedra, podremos imaginar a las mozas con los cántaros en busca de agua, o hacer una hoguera en el centro para quemar las malas intenciones, el caciquismo, los señoríos y todo aquello que ha mantenido durante demasiados años a este país acogotado. Y todo ello a ritmo de melenchones.

Como cuando escribo lo hago solamente de la villa-aldea, he de aclarar aquí y ahora, que el conjunto de El Otíñar, en la Sierra Sur de Jaén, a unos catorce kilómetros de la capital, es un compendio de Prehistoria e Historia. Desde el Neolítico hasta la fundación de lo que se llamó aldea de Santa Cristina (Otiña), sus habitantes han dejado su impronta en forma de pinturas rupestres y otros yacimientos. El castillo de Otíñar, del siglo XIII, sigue enriscado y vigilante en el viejo camino que iba a Granada. Carlos III, en el Mirador del Vítor, tiene dedicado un monumento, erigido al “padre de sus pueblos”, por haber acondicionado el camino de Jaén a Otíñar. Este monarca mandó construir muchas de las hermosas fuentes en la capital, donde el agua abunda como en pocos lugares.

jueves, febrero 18, 2016

Los viejos periodistas en la SER

De un tiempo a esta parte procuro estar en casa cuando los martes, en la SER, dan voz a unos periodistas que han dado en llamar “viejos”, no por la edad, si no por la sabiduría que desprenden. No recuerdo el nombre de todos, pero sí de Cruz Vergara y Luis Miguel Largo, a quienes me une una relación más estrecha que al resto, creo que son Latorre y recientemente se ha incorporado Roberto Ortega. Disculpas si son más y mi consideración hacia ellos igualmente. Y, por supuesto, al moderador, Chema Díez.

Hoy, por ejemplo, día 16, han estado hablando de la despoblación, y he escuchado los razonamientos y comentarios más lógicos sobre este tema, tan serio, tan sangrante y tan preocupante de la toda la provincia de Soria, incluida la capital.

Mientras cocinaba todo aquello que le gusta a mi gente, para congelarlo y no estar todo los días entre fogones, y me bebía una buena copa (por lo grande) de vino de Castillejo de Robledo, Silentium, escuchaba muchos y buenos argumentos sobre el tema de la despoblación y me he parado en seco cuando alguno de ellos ha destacado la importancia de la actitud de los sorianos ante este hecho, para decirlo más claramente, la culpa, término o palabreja que no me gusta mucho por aquello que de pequeños nos inculcaron sobre la culpa teológica.

Cuando yo dije -o escribí, no recuerdo- algo semejante, en el año 1989, me cayó la del pulpo en un pueblo del Campo de Gómara. La conclusión de aquella rociada fue ¿Por qué los hijos de las periodistas pueden estudiar fuera y los de los campesinos no? No habían entendido nada. Ni yo era periodista (tenía las manos peladas de cocinar), ni mi hijo primogénito estaba estudiando, si no subido ya, a los dieciséis años, con su padre en un andamio. Los otros dos eran adolescentes.

Pues es así que, siguiendo la inveterada costumbre del mundo rural, del dicho convertido en axioma, aquí nos conocemos todos, más otro que también se repite cuantos menos seamos a más tocamos se deducen los silogismos filosófico-rurales sin más base que la pura inventiva.

Pues sí, periodistas, los propios sorianos son la tercera pata del banco. Pero insisto en el motivo de esta entrada en el blog: es un gustazo escuchar a personas que saben de lo que
hablan, que conocen la realidad soriana desde sus raíces, que no practican el periodismo de salón, que están aquí, vamos, en Soria. Conocer, ese es el único secreto y cuando las cosas se tienen claras, las palabras salen solas. O como diría mi amigo Frías: rem tene verba sequentur.

viernes, enero 01, 2016

¡Disfruta Soria!



Discurridos ya varios días desde los últimos comicios y visto cómo ha quedado el mapa político en Soria y su provincia, se puede decir, sin temor a errar, que los sorianos estamos -están- más que a gusto y satisfechos con las políticas practicadas con estas tierras en los últimos treinta y tantos años. La despoblación sufrida desde el final de la guerra hasta nuestros días parece haber creado una situación de bienestar en la que la mayoría se siente confortable. 

Las causas que en Soria motivaron el éxodo, a día de hoy no se darían. En primer lugar porque ya no queda población para marcharse. La falta de servicios mínimos en los pueblos no es tan angustiosa como en los años cincuenta o sesenta, cuando el transporte era a dos o cuatro patas. Otro tanto puede decirse con el cierre de las escuelas, no hay niños en los pueblos y los pocos que todavía resisten son transportados cómodamente. La regularidad de un salario, otra de las causas, ya no la tienen tampoco en las grandes ciudades. Aquellos que se marcharon e hicieron, al volver en verano, labor de proselitismo, ya no son creíbles, porque la televisión les enseña a los que todavía residen aquí cuál es la realidad. Y en cuanto a la presión social, o sea, a las malas lenguas, nadie hace puñetero caso, ya ninguna mujer se suicida, como me contaron en un pueblo, porque se diga que el niño es hijo del zagal y no del marido. 

Las encuestas dicen que el mundo rural, habitado por gente mayor, es conservador y vota a la derecha o a lo que ha votado siempre. Pero esta gente mayor del mundo rural, incluida Soria, antes fue joven y, siéndolo, sufrió el grave problema de la despoblación. Y cabe preguntarse ¿y si la despoblación no fuera un problema para ellos, sino más bien un alivio? Cuantos menos seamos a más tocamos. ¿Y los hijos, y los nietos? Ya han sido educados para buscarse la vida lejos del mundo rural y lo único que necesitan es una buena casa -la familiar- con unas comodidades que los constructores de ellas, abuelos, bisabuelos, ni soñaron que podrían llegar a tener. Una casa para pasar en ella algunos días al año. Las tierras -asuradas por los abonos químicos- ya han sido esquilmadas, y el futuro de esta provincia -si por casualidad hubiera alguno- no está en las tierras, ni los nietos de aquellas gentes están muy interesados en seguir cultivándolas. O sea, que el futuro no se vislumbra y eso es algo que perciben los que quedaron y quienes se fueron, y cuando no se vislumbra futuro se tira la toalla. Todo está ya hecho. 

Muchos pueblos están vacíos, literalmente, aunque haya vecinos censados por razones administrativas. El cincuenta, el sesenta o el porcentaje que sea, elevado, reside en la capital, lo que otorga a la ciudad la impresión incluso de bullicio en determinadas zonas y a determinadas horas. Las instituciones provinciales -Diputación especialmente- tienen la sede también en la capital, quedando la provincia envuelta en una nebulosa, como si se hubiera desgajado, como en un limbo, porque lo que no se vive, aquello que no se ve, hasta pudiera ser que no existiera. Otra cosa sería si la sede se ubicara en San Pedro Manrique, o en Retortillo, o en Reznos. Si a esto añadimos los innumerables edificios que existen esparcidos por toda la ciudad, dedicados a albergar centenares de funcionarios de las distintas administraciones (tengo un amigo que opina que todo lo relativo a Soria se podría gestionar con un ordenador desde un despacho), los sorianos de la capital tienen la falsa creencia de que aquí no pasa nada, de que incluso hay prosperidad. Si a esto le unimos que cuando los capitalinos se desplazan -incluidos la mayoría de políticos- lo hacen en fechas puntuales, cuando en algún pueblo vacío y desértico once meses al año se hace alguna actividad interesante, o directamente no conocen la provincia, insisto, lo que no se conoce no existe.

 

Y no pasa nada, realmente. Es la decadencia, que significa ir a menos. Y la decadencia es hasta hermosa, carece de fuerza, pero también de pasiones. El helenismo fue la decadencia de Grecia. Generalmente, cuando este ir a menos parece que va a hundir a una civilización, se regenera y renace. Aunque no creo que sea el caso que nos ocupa, pero nunca se sabe. 

Hay que llegar a la conclusión de que los sorianos están a gusto con sus dirigentes, con sus elefantes que tan bien ha descrito el profesor Carmelo Romero en Fauna humana, y tan detalladamente ha dibujado César Ordóñez. Son como sus animales de compañía, esos que les han acompañado a lo largo de toda su vida, que no han movido un dedo para evitar la despoblación, pero se les quiere y quién es capaz de abandonar una mascota. Me dicen, entre ellos mis hijos, que es necesario que desaparezca parte de la población, la más anciana y conservadora, para que esto cambie. Tengo mis dudas. Cuando esa parte desaparezca, al ser la mayoritaria y no tener recambio, en lugar de noventa mil habitantes (como todos sabemos son muchos menos), Soria y sus tierras se habrá quedado en los huesos, y aún le faltará alguno. Además ¿alguien se ha percatado de la cantidad de gente joven que tampoco está dispuesta a que esto cambie? Soria es también para los políticos, una bicoca. Y el que venga atrás que arree. 

Disfrutemos del modelo de provincia que la mayoría de sorianos llevan eligiendo décadas. Soñemos con ser los señores de la tierra, de los bosques y de los ríos. Disfrutemos de soledad productiva y de silencio (salvo en la ciudad, donde es imposible). Y, en todo caso, como diría un prócer soriano con menos años de los que llevo viviendo en Soria ¿quién es la Goig para decirnos lo que tenemos que hacer? Pues es verdad.

sábado, diciembre 12, 2015

Una campaña con imaginación




En un universo político pesado, incluso plúmbeo, como resulta ser el que se produce cada dos por tres en este país nuestro, encontrar en el centro neurálgico de Soria un partido político con imaginación, habrá que reconocer, por mucho que se quiera ignorar, que es de agradecer. (Disculpas por tantos infinitivos seguidos, pero vienen al pelo por eso de la subordinación). De la misma manera que también debe agradecerse el minuto de oro de Pablo Iglesias en el debate televisivo del pasado lunes. Hasta los lectores de El Mundo, sí, del periódico El Mundo digital, le dan ganador de un debate que no vi, pero si precisamente ese minuto.

Hace casi cincuenta años, cuando el Mayo del 68, ese evento francés en el que estuvieron todos los culturetas de nuestro país, aunque todavía no hubieran nacido, ya se gritaba eso de “La imaginación al poder”. Esa imaginación de los jóvenes de Podemos, unida a la sabiduría de quienes ya no son tan jóvenes, está dando como resultado una campaña alegre y atractiva. O sea, que a los eslóganes del 68 se le puede añadir una parte de la filosofía de Platón, veintitantos siglos atrás, El gobierno de los sabios, nada menos que en el siglo de Pericles, et voilà.

Así tenemos a mano unos pensamientos escritos en pequeños cuadrados de colores por el profesor Carmelo Romero: “Sólo no hay un futuro mejor cuando a una sociedad se le inculca y convence de que no lo hay”. “¿Acudirías a pirómanos para apagar fuegos? Para acabar con la corrupción ¿votarás a quienes la han fomentado?”. Junto a esto, los jóvenes, con Jorge Ramiro a la cabeza, han ideado una campaña en la que se derriban cubos de corrupción y otras lindezas; paneles donde todo el que quiera dibuja; un atril para que una niña, por ejemplo, pida no tener tantos deberes (como abuela lo apoyo); un panel con fotocopias de promesas hechas por políticos sorianísimos a lo largo de los años y, por supuesto, no cumplidas; o una comida de traje (traje lo que pude) donde comieron todos los que no trajeron, sin la garantía de que ese yantar se convierta en votos; o la rifa de un chorizo. O las conversaciones con Carmelo, en un reservado de Avalon. En fin, una sabia mixtura de conocimiento y juventud, sin que ello suponga que la juventud no pueda tener conocimientos ni que los sabios (sin bigote) no puedan ser y sentirse jóvenes.

Además de imaginación hay esfuerzo. La provincia recorrida, por pequeño que el pueblo sea. Hasta la presentación de la campaña tuvo su mensaje, fue el Torrearévalo, donde naciera Julián Sanz del Río, filósofo y pedagogo, hace ya doscientos años. Un pueblo donde quizá no duerman en invierno ni ocho almas (siempre que utilizo la metonimia alma por hombre recuerdo a Gógol y sus Almas muertas). Y recuerdo también, en esta campaña, a Delibes y al disputado voto de su Cayo. Un esfuerzo tremendo este que realiza la gente de Podemos y sin dinero, lo más difícil y lo más generoso de todo. Diré una vez más eso que le gusta tanto a mi amigo Nica, sin generosidad esta provincia no tiene futuro.

domingo, octubre 04, 2015

Lugares míticos de Jaén

Lugares míticos de Jaén
-Un paseo por dieciséis lugares imprescindibles para conocer la provincia-




Abrazado a tu cuerpo como el tronco a su tierra,
con todas las raíces y todos los corajes,
¿quién me separará, me arrancará de ti,
madre?
Miguel Hernández

Con este poema se abre el libro Lugares míticos de Jaén. Miguel Hernández vivió poco tiempo en Jaén, concretamente en un palacio de la calle Llana, pero el suficiente para dejar escrito un emocionante y reivindicativo poema convertido ya en himno de la provincia olivarera. También vivió el suficiente para acudir a bañarse a Jabalcuz. Quesada fue el lugar de nacimiento de su mujer, Josefina Manresa y donde, finalmente, ha ido a parar su legado.


Desde Puente Tablas. I. Goig

No sé si es bueno o malo que Jaén y sus tierras sean, a día de hoy, casi desconocidas, salvo el parque natural de Cazorla, Segura y las Villas. Rincones como los que se describen en esta publicación no se mantendrían auténticos en su casi olvido como si se destinaran al turismo. Eso no quiere decir que se abandone el patrimonio, riquísimo, de esta ciudad y su provincia. Como escribe Víctor Rodríguez Lledó en el prólogo,

La indiferencia causa más daño que cualquier tipo de vandalismo. Aceptar sin más el devenir de las cosas es una irresponsabilidad como ciudadano, si no nos gustan las políticas que aplican los que mandan -o las consideramos insuficientes o inexistentes- no podemos quedarnos de brazos cruzados; eso ya sabemos a lo que conduce: termas de Jabalcuz en estado de ruina, una Judería sucia y abandonada, el cementerio viejo cayéndose literalmente... Y esa no es la ciudad que queremos para nosotros, ni la que queremos dejarle a nuestros hijos.


Calle Llana. Casa donde residió un tiempo Miguel Hernández. I. Goig

El relieve hace de esta provincia un espacio mítico. Cuevas, fragosidad, antiguas culturas que han dejado para la posteridad un rico y variado patrimonio, donde destaca el íbero y su santuario de La Cuenva de la Lobera, y el romano, como las minas de El Centenillo, o Cástulo en Linares, o el oratorio rupestre de Valdecanales, cerca del embalse de Giribaile, por donde situamos mi hija Leonor y yo una parte de la novela La vida entre veredas. Pastos donde no cultivos, olivos en llanuras y bancales, todo ello gracias a los Sistemas Béticos, donde destacan la sierra Sur de Jaén, la sierra Mágina y las de Cazorla, Segura y las Villas. Y también, en la capital, un importante barrio donde habitaron judíos, hoy sefardíes, necesitado de algo más que de una gran Menorá. El agua acumulada en las sierras, que va encontrando el nivel freático por doquier, ha dejado en la ciudad monumentos como las fuentes de los Caños, la del Arrabalejo, y el raudal de la Magdalena con leyenda incluida.


Calle de Jaén. I. Goig

De todo lo anterior y mucho más dan cuenta los autores de este libro imprescindible. Como del viejo cementerio de San Eufrasio, lugar donde, por razones familiares como se comprenderá, acudía acompañada de mi abuela todos los domingos. De Otíñar, en la memoria familiar por ser casi todos otiñeros. De Jabalcuz, donde bajábamos los jiennenses a tomar el fresco cuando los calores del verano. O de la Peña de Almodóvar, lavadero público, a día de hoy con esculturas perfiladas en láminas metálicas que recuerdan a tantas mujeres lavanderas de familias que se lo podían permitir, como dice el autor.

Y como la unión hace la fuerza, esta publicación ha llegado a ser gracias a todos los que se relacionan a continuación, a quienes deseo sigan dándonos a conocer otros espacios, otros lugares, nuevas ideas y que vayan consiguiendo todo aquello que se propongan por el bien de una ciudad y una provincia realmente mítica.



Cementerio de San Eufrasio y Barrio Judío. I. Goig

Ficha de la publicación
Autores del texto

Rafael Cámara Expósito. El legado de una amplia minoría: la Judería.
Alejandro Casas Crivillé. El Centenillo. Baños de la Encina.
Rafael Alarcón Sierra. El oratorio rupestre visigodo de Valdecanales. Rus.
Manuel Palacios Ramírez. El cementerio de San Eufrasio. Jaén.
María Jesús Torres Soria. Santuario Ibérico de La Cueva de la Lobera. Castellar.
Alfonso Ramírez Contreras. Cástulo, puerto de encuentros. Linares.
Juan Cruz López. El refugio de la plaza de Santiago. Jaén.
José Manuel Almansa Moreno. La Iglesia de San Lorenzo. Úbeda.
Diego Polo Aranda. Paisaje y patrimonio cultural del agua. Pagalajar.
Ana María Tello Martínez. Jabalcuz. Jaén.
Estela Pérez Ruiz. Santa María de Cazorla: historia de una ruina inacabada. Cazorla.
José María Cantarero Quesada. El Castillo de Burgalimar: un otero varado sobre las aguas. Baños de la Encina.
Antonio Ramón Tudela Cárdenas. La Peña de Almodóvar. Jaén.
Silvia López Cano. La aldea de Mata Begid. Cambil.
Blas Prieto Sánchez. El valle del río Valdearazo. Valdepeñas de Jaén y Campillo de Arenas.
Juan Carlos Roldán Martín. Al Sur del municipio de Jaén: Otíñar.
Prólogo: Víctor Rodríguez Lledó
Epílogo: Jesús Manuel García Muñoz.


Castillo de Otíñar. I. Goig

Fotos: José Antonio Torres Escobar
Proyecto Forvm MMX
Blas Prieto Sánchez
Ilustraciones interior cementerio: Silvia López Cano
Diseño de cubierta: Gudmornin
Diseño y maquetación: Jesús Manuel García Muñoz
Revisores: David Hinojosa Sánchez, Ascensión Cubillo Villanueva y Jesús Manuel García Muñoz.

Jaén, Junio 2015
Crowdfundeado Verkami
Proyecto de Delirium Coder, S.L. Y Studio José Torres




viernes, octubre 02, 2015

Felipe González, el final de una época


Sin duda los dos partidos políticos mayoritarios de este país tienen, cada uno, una losa sobre ellos en las personas de los dos ex presidentes, González y Aznar. Si bien el segundo no puede derivar más hasta extremos, a González aún le queda algo de recorrido para llegar a igualarle, por la derecha, me refiero. Nada extraño en el presidente honorífico del Partido Popular, era de esperar que eso de hablar catalán en la intimidad y boutades parecidas, se trataba sólo de artimañas electoralistas. Pero lo de el otrora socialista, lo del Isidoro de la clandestinidad, tiene un análisis menos simplista, aunque a ambos les mueve el mismo sentimiento de haber pasado a mejor vida política y haberse convertido en abuelos cebolletas cargados de mala baba, que colocan frenos en las ruedas de las carretas de sus propios partidos.

Personalmente la actitud de Aznar me deja fría, porque nada esperaba de él, además de verle un poco guiñol, una caricatura de su propia caricatura. Pero lo de Felipe González es otra cosa. Hace décadas que se dedica a decepcionar a todos aquellos que esperaban de él, primero una conducta ética (que nada tiene que ver con la legal según Martínez Pujalte) hasta el final de sus días, después un magisterio acorde con el paso de los años y la experiencia. Algo así como la actitud de Julio Anguita.

Muy lejos de eso, cada fotografía de él, cada aparición, nos lo hace ver con la boca más torcida, la ceja más alta, y la nariz más respingona, es decir, más arrogante, pontificando sobre temas susceptibles de ser sometidos a análisis profundos, hasta llegar a lo temerario diciendo que Pinochet (el del golpe de Estado en Chile), respeta más los derechos humanos que Maduro. Que se lo pregunten a Víctor Jara y tres mil y pico más, pero allá en el limbo donde el militar les mandó.

Este comentario -el peor de todas las perlas que han salido de su torcida boca- no sólo es intolerable, sino nauseabundo, aún en las entendederas de un hombre que está cobrando (o ha cobrado) miles y miles de euros como consejero en empresas que él mismo privatizó, que cobra un pastón como pensión vitalicia, con la que, a decir de él mismo, no está de acuerdo, pero a la que no renuncia, como ha hecho Anguita con todas las prebendas a las que tiene derecho, porque son legales pero no éticas.


Este hombre convertido en no sé qué, debería jubilarse de una vez, dejar de vomitar bilis, hacer lo posible para relajar las facciones, y dedicarse a otras actividades. Por otro lado, el PSOE debería desligarse de él, ya tiene bastantes problemas con no remontar en votos, como para soportar el palo de Felipe González en las ruedas.

viernes, septiembre 18, 2015

Por la recuperación de Otíñar

El primero a quien, después de cercar un terreno, se le ocurrió decir "Esto es mío", y halló personas bastante sencillas para creerle, fue el verdadero fundador de la sociedad civil. Cuántos crímenes, guerras, muertes, miserias y horrores habría ahorrado al género humano el que, arrancando las estacas o arrasando el foso, hubiera gritado a sus semejantes: "¡Guardaos de escuchar a ese impostor; estáis perdidos si olvidáis que los frutos son para todos y que la tierra no es de nadie!"

Jean-Jacques Rousseau (1712-1778)



Hace ya unos años visité, por primera y única vez, en compañía de mi hija Leonor, la aldea de Otíñar (en casa siempre fue nombrada Otiña sin tilde y sin erre final). Durante mi infancia ya muy lejana, me llevaban de excursión hasta el monumento dedicado a Carlos III y desde allí contemplaba el que ya me parecía magnífico paisaje, sin entender bien ni qué era paisaje, ni qué magnífico.

A raíz de aquél viaje escribí una entrada en mi blog con el título “Primero fue el Otiñar”, que me inspiró mi hija cuando, al ver lo que restaba de la aldea, susurró: “Así que aquí empezó todo”. Después contacté con Eloy, familia como no podía ser de otra manera, y más tarde con Juan Carlos Roldán, ambos, como otros muchos, otiñeros de alma, descendientes de aquellos otros que cultivaron las tierras.


En casa de mis abuelos se hablaba poco de Otiña y, cuando se hacía, era de manera nostálgica, a veces preocupada “ya no queda casi nadie”, “la tía tal se ha venido a vivir a Jaén”. A veces, en susurro, escuchaba a mi abuela decir a mi madre o a alguna de mis tías: “es que el tío Paco era muy rojo”. Ahora, leyendo lo que me van enviando, supongo que se referiría a Francisco Soler Sabariego (los mismos apellidos que mi abuelo, aunque eran primos hermanos), quien participó en la colectivización de las tierras del Otíñar durante la Guerra Civil. Creo que estuvo bastante tiempo en la cárcel. Debió ser aquel intento que duró apenas unos años (y tan caro pagaron los otiñeros), como un fandango de El Cabrero cantado desde el viejo castillo que vigila, secular, la vieja carretera que une Jaén con Granada. Una utopía, una quimera, como las colectivizaciones de Cataluña y Aragón, como todos los intentos de la gente humilde desde que el mundo es mundo.

Quien más recordó siempre a aquella aldea fue mi madre, hasta su muerte en el año 2008. Conocía todas las casas, recordaba los albérchigos, los ochíos de la tía Serafina, la taberna del tío Juan “el Cojo” (hermano de mi abuela), los veranos en casa de la abuela Juliana con la tía Espiritusanto. Luego fue la modista de los dueños, en la calle Espiga, donde acudía cuando las obligaciones con otras clientas se lo permitían. Toda la familia de mis abuelos maternos era de Otiña: Soler, Sabariego, Sutil, Requena, Romero...
Cuando subíamos desde donde nos vimos obligadas a dejar el coche, porque una enorme piedra impedía seguir por un camino público, lo primero que me extrañó fue el bosquecillo de unos árboles que ahora, gracias a Juan Carlos Roldán, sé que se llaman ailantos, una especie que no conozco en Soria. Después, cuando me sitúe en el centro de la plaza donde una gran casa blanca, todavía en pie, decía con su porte que sería la de los dueños, sentí que algo mío estaba también allí y, desde entonces, deseo volver, y volveré, en cuanto me sea posible.

Y todo esto me hace pensar, y creer firmemente, que pueden arrasar las casas -como han hecho-, borrar las huellas físicas, cambiar los nombres, pero nunca podrán arrancar de los descendientes de aquellos otiñeros que habitaron las casas asoladas, que encendían el fuego de los hogares, que parían y morían en la misma cama, el sentimiento de arraigo, la memoria colectiva hasta de personas que, como es mi caso, han pisado una sola vez el solar de lo que fueron calles de el Otíñar.

Resido, desde hace más de 37 años, en Soria. El sistema político-social de Castilla -con el minifundio- es radicalmente opuesto al latifundista de Andalucía. No se comprendería aquí que una dehesa de propios -como lo fue el Otíñar- pasara a manos privadas. Tampoco se entendería un pueblo sin ordenanzas ni concejos, en general abiertos. No existen, ni existieron, aldeas con colonos. Pero sí caciques hasta fechas muy recientes. Y muchos pueblos abandonados por la decisión tomada a mediados del siglo pasado, por Patrimonio Forestal (o algo así que ya no existe) de reforestar algunas sierras que tradicionalmente habían servido de pasto y cobijo veraniego a los rebaños de trashumantes. Pero nadie tocó las viviendas, nadie arrasó las iglesias, nadie convirtió en cascotes los lugares donde muchas generaciones habían nacido, vivido y muerto. Ni tan siquiera el Estado. Por eso, ahora, algunos descendientes de ellos pueden volver y encontrar la casa, en ruinas, sí, pero susceptible de ser restaurada. Y pienso en mi querido pueblo de Sarnago, en plena sierra de la Alcarama, cuyos antiguos habitantes están consiguiendo que vuelva a ser parecido a lo que era, a base de esfuerzo, unidad y hacenderas.



Ha llegado a mis oídos que los descendientes de otiñeros van a luchar para que se declare a el Otíñar lugar de Memoria Histórica de Andalucía, y desde luego que lo es, en eso lo han convertido, en especial la aldea del siglo XIX.

El sábado, 26 de septiembre, van a celebran, en el mítico paraje del Puente de la Sierra, una verbena por la recuperación de los caminos y espacios públicos de Otíñar. Desde las 9 de la mañana hasta las 10 de la noche, toda una jornada reivindicativa a la que, desde aquí, me uno de corazón y espero que el año próximo les pueda acompañar y la celebremos en el corazón físico de la aldea.







viernes, julio 31, 2015

De urbanización de lujo a almacenes de todo a cien (100 millones de euros)



El jueves, día 30, en El Espolón, Podemos Soria organizó una charla informativa sobre la Ciudad del Medio Ambiente. Carlos González, de la Asociación para la Defensa de la Naturaleza, fue el encargado de darla. Tanto ASDEN como SORIA ¡YA!, cada uno en su parcela, hace años que se baten el cobre luchando por los intereses de esta provincia, a sabiendas de que casi nadie, y menos que nadie las instituciones, se lo van a agradecer nunca, todo lo contrario, les ven como una especie de bicharracos sin clasificar dispuestos a dar la batalla contra todo aquello que signifique progreso, según el significado y contenido que dan a ese concepto aquellos para quienes progreso significa corrupción, despilfarro y buenos intereses económicos para sus particulares bolsillos.

Todo el que quiere saber, sabe desde hace años que la Ciudad del Medio Ambiente es otro de los despilfarros del tipo aeropuertos de Castellón y Ciudad Real, AVE de Cuenca, o los del todo el Levante, que se llevan la palma. Saben también, si quieren, que la CMA de Soria se ha llevado por delante más cien millones de euros (más ha calculado Carlos González, y no los cincuenta que se informa desde las instituciones), en destruir un espacio natural, para que, a la postre, todo se declare ilegal, y desde la carretera se puedan ver las cúpulas y tener la sensación de que se contemplan los restos de una ciudad fantasma habitada, y abandonada, por extraterrestres.

Se les propuso a los responsables la posibilidad de ubicar esa ciudad en espacios susceptibles de ser regenerados (como el Ayuntamiento de Soria ha hecho con los huertos municipales), e incluir el casco antiguo, dejado de la mano de sus antiguos habitantes y de quien corresponda. Pero claro, eso al parecer no interesaba y, además de no interesar, era una idea, buena, foránea, ajena a los promotores de semejante atropello. Esto me recuerda a un señor de un pueblo cercano a Medinaceli, ajeno por completo a las instituciones correspondientes, que se empeñó en que había hallado la tumba de Almanzor. El buen hombre dedicó buena parte de su vida a estudiar a fondo los documentos disponibles y, por su cuenta y riesgo, comenzó una pequeña excavación, sólo para obtener la comprobación de su acierto, y la halló. No sé (ni ese buen hombre tampoco), si era esa la tumba del caudillo, pero sí que allí, en ese precio lugar, encontró unos enterramientos propios de musulmanes, en un cerro donde era necesario subir caminando. Metió en una bolsa lo hallado, lo llevó a la institución competente y hasta hoy. No se podía consentir que un jubilado sin titulación hubiera hallado algo importante. Tampoco los responsables de la CMA podían dar oídos a esa gente rara de ASDEN (que a saber qué intereses tendrán, ajenos desde luego a los responsables), aunque el proyecto fuera muy bueno. Es la soberbia de los poderosos.


A todo esto, la Confederación Hidrográfica del Duero parece no considerar que la zona donde se empezó a construir la CMA es inundable. Hace pocos años, tras lluvias abundantes, se demostró que sí. Pero existe un documento gráfico capaz de explicar todo lo que sucede en ese espacio. Para la Confederación responsable de las aguas del Duero, los ríos secundarios de su cuenca, así como los arroyos, no descienden, ascienden (no sabemos si con muletas o a pelo). Esta explicación tan coherente debe ser semejante a las que se aplican a todo lo demás que envuelve a este chanchullo. Como diría el recordado Perich: ¿Ustedes todo lo razonan así?

miércoles, julio 08, 2015

Grecia siempre


La Magna Grecia

Varias veces han dicho NO los griegos, una de ellas para echar a un rey, la más reciente la del día 5 de julio último. A pesar del chantaje, pese a la terrible presión de la Europa del Norte apoyados por gobiernos como el de Rajoy, pese al terror ejercido por los bancos, muy a pesar de los dirigentes que dicen desear lo mejor para el mundo, pero que lo aplican con tan mala fortuna que se lo están cargando, porque en realidad lo que quieren es lo mejor para unos pocos.

Los herederos de la Grecia de Pericles, de Platón, de Aristóteles, de Mirón, de las polis y la democracia, de las cariátides, de tanto y tanto legado, prefieren la dignidad.

A ver ahora qué escriben y qué vomitan los inclasificables ussías, tertchs, indas y demás ínclitos opinadores. Tanto a Tsipras, como a sus homólogos españoles: Iglesias, Carmena, Colau, les han llamado desarrapados, pagados por el chavismo, coletillas, populistas, rupturistas, indecorosos, chupópteros, nazis, golfos, desalmados, manipuladores, mentirosos... Ussía, ha escrito de los griegos que son unos sin techo y que viven del cuento. Garrapata sectaria, ha llamado a Jordi Évole, Hermann Tertsch. Todos estos epítetos y muchos más, mientras se escandalizan por determinados mensajes en la red, unos mensajes que, colocándolos al lado de lo que sale por sus bocas, son como oraciones a los angelitos. Y esta calaña anda por ahí tan contenta, con los bolsillos llenos gracias a los medios de comunicación que los contratan, sin que nadie les llame a capítulo.

Estos elementos arremeten contra todo aquel que no practica la derecha más rancia y apolillada, sólo les gustan las democracias cuando en las urnas ganan los suyos. Por eso tienen a Grecia, Venezuela y Podemos en el punto de mira. Y lo más jodido resulta ser que quien fuera santo y seña de la democracia durante años, el Felipe González de los pantalones de pana y coderas, se ha contagiado y el pobre está envejeciendo fatal, eso sí, como los otros, los indas y compañía, con los bolsillos a reventar. ¡Quién te ha visto y quién te ve, Felipe!

Pues ahí tenéis a los griegos, pobres pero dignos y con principios, algo de lo que los opinadores referidos carecen por completo. Para ellos queda la soberbia, la altivez, la arrogancia, los siete pecados capitales y, por encima de todos ellos, la avaricia desmedida, esa que, si los obreros, pobres y jubilados a dos perras, pero dignos y con principios no les quitan de una vez, nos llevará al abismo.

Los nuevos dirigentes griegos han hecho lo que la voluntad del pueblo les encargó, han sido coherentes con el programa político que han defendido. Ahí queda eso, frau Merkel y compañía.