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sábado, febrero 21, 2015

Alba (Italia), Soria, la trufa, y seis grados de separación


Habitaciones privadas de los Reyes de Mallorca, en Perpiñán.

Hace unos días leí en la prensa local la noticia de un hermanamiento entre dos localidades truferas, Soria por un lado, y Alba (Italia), por otro. En un primer momento pasé la vista por el titular y no le di mayor importancia, acostumbrada ya a estas confraternizaciones, con mayor o menor acierto. Pero me rondaba el nombre de Alba, me sonaba muy familiar, así que volví a la noticia y al leer la ubicación, el Piamonte, supe de qué se trataba.
Han pasado más de diez años desde que comencé la investigación sobre Jaume IV, el último rey de Mallorca, quien hizo testamento en Soria, en 1375, en presencia del conde de Medina, su primo (después duque de Medinaceli, de la Casa de Foix, a la que también pertenecían Jaime y su hermana Isabel) en la casa del arcediano de Soria, Jean Fernand, qui lui avait donne l’hospitalité. Había llegado a Soria, tras una de las muchas batallas contra el rey de Aragón, Pedro IV, su tío, hermano de su madre la reina Constanza de Mallorca, a fin de recuperar su reino de las Islas Baleares y el Sur de Francia. Venía aquejado de un mal misterioso.
En el testamento (conservado en el Archivo Nacional de Francia, en París), Jaume IV, además de ordenar ser enterrado en el convento de frailes menores de San Francisco, en Soria, nombra heredera a su hermana Elisabeth o Ysabelle, viuda del marqués de Montferrat.
Esta Isabel, protagonista de mi novela “Ysabelis, Regine Majoricarum (La última reina de Mallorca)”, presente en Soria junto a su hermano, a quien seguía en sus luchas contra el rey de Aragón desde que enviudó, había estado casada durante muchos años con el marqués de Montferrat o Monferrato.
Este marqués era Giovanni II (1321-1371), pertenecía a la familia imperial bizantina de los Paleólogos. Tras un primer matrimonio sin haber podido tener hijos, casó con Isabel de Mallorca en septiembre de 1358, en Montpellier, con dote prometida, y nunca hecha efectiva, de su tío, Pedro IV. Se vio obligada a renunciar a sus derechos sobre el reino de Mallorca, aunque de hecho nunca renunció, como se sabe por su trayectoria.
Fue el Markgraf (como también se le llamaba) de Montferrat, Giovanni o Juan II, quien incorporó a su marquesado en el Piamonte italiano los lugares de Alba, Asti y Mondovi. Era extenso este país y entre sus pueblos más destacados, además de Alba, están Alessandría, Casale de Montferrato, Nizza de Montferrato y Acqui-Terme. Por cierto, esta última localidad le fue entregada a la hija de Giovanni e Isabel, Margarita, en dote por su boda con el que fue, tal vez, el más grande conde de Urgel, Pedro II (sobrino también de Pedro IV), cuyo hijo, pretendiente al trono de Aragón en el Compromiso de Caspe, no pudo acceder a él y fue ocupado por Fernando de Antequera, de la Dinastía Trastamara.

La Historia, como la vida, no es más que un pañuelo que, al doblarlo por las cuatro puntas, quedan en su interior, mezclados, personas y aconteceres. Seis grados de separación. Reyes de Mallorca, condes de Urgel, marqueses de Montferrato, Soria, Alba y la trufa, todos y todo junto en el mismo pañuelo. 

viernes, junio 27, 2008

Espejón, el mármol de la Corona

El martes, 23 de junio, había caído una buena tormenta por Pinares. Agua que había lavado el monte del polvo de la carretera y empapado el suelo de las hierbas aromáticas, haciendo que el perfume de ellas nos fuera acompañando. Al aspirar fuerte, el ozono se nos metía por la nariz y la boca abriendo las vías respiratorias. Hace años decíamos “huele a ozono”, no sé si el ozono baja y huele, pero sí recuerdo unos botes de plástico con un líquido dentro, verdoso, en cuya superficie se leía “Ozonopino”, y que servía como ambientador doméstico.

Iba a Espejón a contarles a los miembros de la Asociación de Jubilados algo sobre cocina soriana. Mejor sería decir que acudía para que ellos me contaran cosas de Espejón y siguieran alimentando mi necesidad de saber sobre el mundo rural. Me acompañaba mi amiga-hermana Isabel, quien se habrá inspirado para escribir algún hermoso relato.

Para llegar a Espejón hay dos caminos, el más cómodo es por San Leonardo, pasar Hontoria y tomar una carretera que conduce a Navas del Pinar y Espejón, ocho kilómetros de camino rural, curvado, pero hermoso como el mes de junio en Soria. Caballos en Navas y canteras en una pared del ancho valle, mármol real y sacro que luce en palacios, catedrales e iglesias. Mármol de Espejón, con eso basta.

Sus habitantes viven encantados en este pueblo llano, alrededor de la Iglesia, más cerca de Burgos que de Soria. Son amables, orgullosos de pertenecer al mundo más auténtico de todos, el rural. Han abierto recientemente un hotel, y cuentan con tres o cuatro bares donde poder reunirse a echar una cerveza fresquita.

Luciano Ovejero nos regaló, a Isabel y a mí, un recuerdo de Espejón que él mismo hace para colocar los lápices, con madera de pino. Saturnino Pascual nos dio una separata de la Revista de Soria para que conociéramos un poco más las tradiciones de su pueblo. El presidente de la Asociación –cuyo nombre, pese a habérmelo apuntado no recuerdo- quería pagarnos los sobadillos que compramos en la panadería. Y de eso quiero decir algo ahora, de la panadería de Espejón.

Cuando hacía con mi querido Mario San Miguel el espacio de fin de semana “A vivir Soria”, y recorríamos los pueblos, nos fijábamos, siempre, en las panaderías de aquellos en los que todavía persistían. Recomendábamos siempre, y ahora lo vuelvo a hacer aquí, que se entrara en ellas y se adquirieran todos los “elaborados”, tecnicismo éste que a Mario le hacía mucha gracia.

Pues en Espejón está viva y coleando la Panadería Fernando. Compramos lo que tenían esa tarde, españoletas y sobadillos. A cual más bueno, más tierno, más sabroso, más exquisito. Me quedo, por aquello de la sorianidad, con los sobadillos, que no llevan más ingredientes que manteca, masa de pan, harina y azúcar glass, pero tan en su punto de textura y sabor, que obligan a volver sólo para comprarlos.

jueves, mayo 22, 2008

El polígono de la discordia

“El primer hombre a quien, cercando un terreno,
se le ocurrió decir esto es mío y halló gentes bastante simples para creerle
fue el verdadero fundador de la sociedad civil”.

Rousseau. “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres” (1754)

Había decidido no comentar nada sobre política soriana, pero a veces es imposible mantener las teclas quietas. Hace unos días vi el programa “Más Madera”, de Canal-4, y el propósito de oír, ver y callar se ha ido al garete. En primer lugar debo felicitar a José Luis Bravo por su forma de manejar el debate, que tenía tela y ya venía con etiqueta de difícil. Además de él, estaban los tertulianos Villanueva y Santamaría, y el invitado, Alvaro Marichalar.

Me sucedió como con las distintas filosofías. Desde que al primer pensador se le ocurrió que contemplando, o sea, practicando un ocio físico con las neuronas alertas, podían ocurrírsele pensamientos productivos, a priori, y hasta soluciones a los problemas, cada prócer del amor a la sabiduría ha lanzado axiomas y plasmado observaciones que han cautivado a todas las generaciones. Y una se quedaría con un poco de cada, a veces hasta con una y la contraria.

Villanueva dijo que estaba en contra de la propiedad privada. Yo también. Supongo que tanto él como yo no nos referimos a una de ochenta metros cuadrados en el aire, que tantos sudores cuestan a los trabajadores. Se referirá, como Rousseau, a la cerca de hectáreas y más hectáreas. Pero, ese hombre que primero dijo “esto es mío y halló gentes bastante simples para creerles”, fue, como dijo el francés, el primero que creó la sociedad civil. Y como estamos en esa sociedad, metidos de lleno, y como las distintas desamortizaciones (en realidad sólo una que duró más de cien años en varias etapas) no fueron perfectas, como todo, pues estamos en esa sociedad civil. Eso significa que todas las hectáreas de “El Cabezo” tienen dueño, y como tal, derecho a defender la propiedad privada, venga de cuando venga y de como venga.

Dicho esto ¿realmente es necesario otro polígono industrial en Soria? Unas opiniones dicen sí, y otras no. Personalmente, no tengo ni idea, pero según deduje hay todavía suelo industrial en Soria, en el Polígono de Las Casas, donde por cierto, el contencioso entre Ayuntamiento y propietarios ha durado años y lo que coleará. Parece ser también, que no se blindó la expropiación y posterior venta de parcelas, y algún listo especuló a fondo con ellas. Pero eso ya es cosa sabida, los buitres, cuando ven posibilidades, vuelan bajo.

Si la respuesta a la necesidad de suelo industrial fuera sí, ¿por qué precisamente cerca del Duero? Da igual de quien sean esos terrenos, es lo mismo que sean del Común de Vecinos, de la Iglesia, o de los nobles. Ese, con todos los respetos, no es el sitio desde el punto de vista de muchas personas. Cuando se planteó, hace años, el salto del Duero, algunos sorianos pusieron el grito en el cielo, y con razón, aunque desde una perspectiva puramente aséptica, es mucho mejor saltar el Duero para hacer viviendas que para construir naves industriales. Y no porque afecte a Numancia, que no afecta, mapa Geográfico y Catastral a 1:25.000 en mano, pero Soria no es sólo Numancia, y sí afecta a otros entornos. No es sitio para polígono industrial, lo diga quien lo diga.

Parece ser que el problema de fondo es que la Junta de Castilla y León quiere invertir no sé cuántos millones. ¿Tan estancos son los departamentos que esa cantidad no se puede invertir en otros menesteres? Hasta los niños les harían proyectos para invertir. Sólo hay que fijarse en las entradas a Soria. En la avenida de Valladolid –a donde se accede desde las carreteras de Burgos y Valladolid- todavía hay naves de un antiguo polígono. Desde Logroño se encuentra el polígono de Las Casas. Si, en cambio, se accede desde Zaragoza, nos encontramos con la enorme boca de la cantera de la Sierra de Santa Ana. ¿Qué tal hacer pantallas vegetales bien tupidas?

¿Tampoco se ha fijado nadie que muchos pueblos de alrededor de la capital tienen polígonos industriales, sin industria? Ese es el verdadero problema, no hay industria.

lunes, octubre 29, 2007

La señora Marcelina

-O la tranquilidad de poder seguir confiando-
El pasado sábado, día 27, pasé a visitar a la señora Marcelina, de Ventosa de San Pedro. La conocí hace más de diez años, cuando Moisés, uno de mis hijos, me dijo “te gustaría conocer a la señora Marcelina, sabe muchas historias de esas que tanto te gustan”.
María Luisa y yo recorríamos la provincia por entonces en busca de los saberes de los mayores para escribirlos, o guardarlos, procurando que no se pierdan para siempre. Fue Marcelina para nosotras una de esas personas cuyo recuerdo conservamos envuelto en cariñoso agradecimiento, junto con tantos otros. Con ella hablamos de móndidas, de historias pequeñas, de trashumancia, en fin, de todo aquello en lo que ella es sabia. Nos vimos varias veces y siempre mantuvo la actitud generosa, sin regatear esfuerzos con la memoria.
El sábado, después de ocho años, fui de nuevo a verla acompañada de Leonor, mi hija y cartera rural accidental de Tierras Altas, con quien me envía recuerdos cariñosos con frecuencia. Estaba igual, pequeña, ágil, trabajadora a sus más de ochenta años, cuidando sus flores con mimo, almacenando leña para el duro invierno. Tomamos con ella un café con leche de verdad, con esa leche de la que se escapa la nata que tanto le gusta a María Luisa, leche de sus vacas, y unos bizcochos. Me tenía reservada una sorpresa, un juego de toallas adornadas con una preciosa puntilla hecha por ella misma a ganchillo.
Durante el camino de vuelta pensaba que estas personas son las que hacen que sigamos teniendo confianza en el ser humano. Y esto, que puede sonar a retórico, merece un momento de reflexión. Nos rodea un mundo –me refiero al primero- donde el egoísmo nos ha llevado a la soledad. No queremos ser molestados, podemos dar lo que nos sobra después de tener todos nuestros caprichos satisfechos, pero no ser molestados, por favor. Nos encerramos en casa, ajenos a otras soledades, ajenos a los problemas de tres cuartas partes del mundo, y pasamos las horas muertas delante de la televisión o de la pantalla del ordenador. Sobre todo que no se nos moleste.
Mientras, las personas en las que todavía podemos confiar, en las que todavía el ser humano puede apoyarse y tomar como referencia, vigilan la nave de ganado de los hijos, recolectan hierbas para los catarros, preparan café con leche para las visitas que son siempre bien recibidas, se sientan al sol rodeadas de flores y con sus propias manos hacen labores primorosas para regalar, acuden a la casa de la vecina también sola y se preocupa por ella, mantienen limpia la calle, el lavadero y la iglesia, se ocupan de los vestidos para la fiesta, y en los días previos a esa fiesta de sus manos salen rosquillos y tortas con las que obsequiar a la familia o a los amigos. Y siempre trabajando, “hacer y haciendo hacerse y no ser más que lo que se hace” (no recuerdo quién lo dijo). La mayoría tienen más de ochenta años. Todos viven con tanta confianza hacia el ser humano, que las puertas de su casa no se cierran nunca.
¿Se puede vivir de forma más acorde con la naturaleza? Gracias, señora Marcelina, por ser como es, y a todas las señoras Marcelinas del mundo rural.

lunes, septiembre 17, 2007

La Ciudad del Medio Ambiente de Soria, otra vez

El PSOE de Soria está dispuesto a gastar el dinero que sea necesario para que el recurso ante el Tribunal Constitucional contra la Ley de la Ciudad del Medio Ambiente continúe su curso, según he podido leer en Heraldo de Soria digital. De momento, este alto tribunal ha admitido el recurso. No sé si esto es lo habitual, o ya, en sí mismo, es una buena noticia.
Para mí lo mejor de esto es que las acciones legales que se vayan a llevar a cabo, desde el Partido Socialista, será con dinero de ellos, y no del contribuyente, algo poco frecuente, por no decir inédito, en el mundo de la política de este país. Claro que la Junta lo hará con el nuestro. Caballerosamente, deberían hacerlo con los fondos del Partido Popular. Cuestión de estilo y equilibrio de fuerzas.
No sé si servirá de algo, si evitará que esa ciudad medioambiental –término eufemístico para nombrar una urbanización de lujo- se construya a la orilla del Duero, creo que no y que, finalmente, la derecha, como casi siempre en la Historia, se saldrá con la suya.
El problema de todas las partitocracias es que los políticos están firmemente convencidos de que las personas que les votan les otorgan el poder para que hagan lo que les dé la gana, y eso no es –no debería- ser así. Determinadas decisiones deben ser consensuadas por los que les votan, por los que lo hacen a otro partido, por los que se abstienen y por los que no quieren saber nada del tinglado que se han montado y que tanto les cuesta soltar.
Todavía no se han enterado que están –en el nivel que sea- para administrar, fundamentalmente, y para propiciar la convivencia evitando las injusticias. En el caso del poder municipal, como aquel que dice, mantener la casa limpia y habitable. Desde luego, lo que la mayoría política en un ayuntamiento no puede hacer es mantener pulsos con el resto de las fuerzas políticas que representan, también, a los ciudadanos. ¿Que la cosa se pone difícil desde la administración local porque pueden ganar las siguientes elecciones otro partido? Pues nada, se hace una Ley desde instancias superiores, y arreglado.
¿Cuestión de soberbia, de dinero, de otros intereses…? No se sabe, tal vez de todo junto o solamente de cojones.

martes, agosto 07, 2007

¿Qué hacemos con el turismo?

Guste o no el turismo, parece ser que Soria apostó por él en un momento determinado, y se pasó a la puesta en marcha de casas rurales, a la ampliación de plazas hoteleras, a la oferta culinaria propia, a la escenificación de mercados medievales y tradicionales, y demás atractivos que hicieran posible el llenar esas ofertas.
A nosotras nos llegan peticiones de rutas, lugares para visitar y establecimientos donde dormir y comer. Atendemos escrupulosamente las peticiones, a excepción de los establecimientos hoteleros, por razones obvias: vivimos en nuestra casa, no pernoctamos en ninguno y, francamente, comemos pocas veces fuera.
Pese a eso, luego nos cuentan cómo ha ido el viaje y todos han quedado encantados con el románico, el paisaje, los ríos, y demás patrimonio. Con el ruego de que no lo publiquemos, también nos escriben sobre dónde han dormido, comido y el trato recibido. Con demasiada frecuencia para nuestro gusto, hay quejas. Y las hay sobre muchos aspectos, el precio en los restaurantes entre ellos, las dificultades para visitar iglesias notables, pese a las subvenciones con dinero público para su restauración. Las dos últimas han sido sobre un camping y su suciedad –referente al año pasado- y la otra sobre los ruidos y estrecheces de una casa rural, visitada hace quince días.
Cualquier casa no sirve para turismo rural, como su nombre indica. Una de las virtudes que ha de tener es el contacto con la naturaleza y el silencio, no se puede habilitar una casa en mitad del pueblo rodeada de establecimientos ruidosos.
Comprendo los lamentos del sector, ya que la mayoría lo hace bien y no ve suficiente respuesta. Pero creo que sería necesario que ellos mismos reflexionaran y, en lugar de culpar del relativo fracaso –o no tan relativo dada la ocupación anual confesada- a las instituciones, dieran toques de atención a aquellos de su gremio que no cumplen con las mínimas condiciones comerciales y éticas exigibles para con sus clientes.
Nosotras, que llevamos diez años apostando por Soria y sus recursos culturales y artísticos, sin anuncios en nuestro web, sin apoyo alguno, valiéndonos exclusivamente de nuestro tiempo y esfuerzo, sin que todavía organismo alguno se haya dignado enviar un mensaje de reconocimiento, nos sabemos con todo el derecho para hacer una llamada de atención al gremio de hostelería y turismo. Y lo hacemos por gratitud a nuestros seguidores, a los amigos que nos visitan, nos consultan y nos agradecen, esos que, con su ánimo, han hecho que nos mantengamos diez años en la red. Hace pocos días recibimos el mensaje de una soriana residente en Bilbao, en el que nos decía que pidiéramos a determinada institución que nos diera el dinero a nosotras y cerraran su web.
De nada valen nuestros esfuerzos y los de otros compañeros en la red, ni los del Patronato y otros organismos, mientras los que tratan directamente con el público no se esmeren lo suficiente.

lunes, mayo 14, 2007

El año Machado en Soria, y su conmemoración

Como ya es bien sabido, este año de 2007 se conmemora la llegada de don Antonio Machado a Soria. El gran poeta y filósofo acudía a ocupar, en el Instituto de Enseñanza Media que lleva su nombre, la cátedra de Francés. En Soria viviría cinco años -1907-1912- y casaría, por primera y única vez, con una soriana, Leonor Izquierdo, lo que supondría el vínculo eterno con la ciudad del Alto Duero.
Sé bien que don Antonio era un hombre (además de “en el buen sentido de la palabra, bueno”), sobrio y austero en el vivir, sencillo en sus maneras, despistado y, como no podía ser de otra forma dada su condición de filósofo, pendiente del fondo y no de la forma.
Y todo esto lo sé de primera mano, gracias a las largas e impagables conversaciones con doña Inés Tudela Herrero, hija del intelectual soriano don José Tudela de la Orden. Doña Inés le conoció personalmente, no digamos ya su padre, introductor de Machado en Segovia, quien hizo que el poeta escribiera para el periódico “La Voz de Soria” (del cual Tudela era por la época director) y amigo incondicional del poeta.
Este año, repito, se homenajea al poeta, y se hace a lo grande (como a él no le hubiera gustado) y no a lo esencial (algo que tal vez hubiera admitido). Curiosamente, la conmemoración de la llegada de Antonio Machado a Soria se inicia, o se inaugura, en Segovia.
Digerida la primera incongruencia, ha llegado otra. En el Palacio de la Audiencia de Soria, y organizada por la Junta de Castilla y León, tiene lugar una exposición sobre don Antonio. Como no he podido verla aún por hallarme en la provincia de Tarragona, telefoneé a mi hermana para que me contara cosas sobre lo que podía verse en ella. Le pregunté si las cartas entre don Antonio y don José estaban en lugar bien visible, cómo las habían expuesto, en fin. No estaban, aseguró mi hermana. Le pedí por favor que volviera, tal vez no se había fijado bien. Y volvió. No, las cartas no estaban en lugar alguno. Perpleja, hablé con una autoridad en la figura del poeta-filósofo, y me lo confirmo, añadiendo que tal vez la falta de espacio hubiera impedido a los organizadores su inclusión. Tampoco aparece ningún periódico de “La Voz de Soria”.
Me estoy refiriendo a varias cartas manuscritas que se cruzaron, a lo largo de los años de amistad, don José Tudela y don Antonio Machado. Unas cartas que conozco perfectamente y que pueden leerse en nuestro Web.
http://www.soria-goig.org/senderos/autores/machado10.htm
No trato de decir que esas misivas fueran fundamentales para conocer la vida, el pensamiento o la obra el poeta, pero es que lo que se está conmemorando es la relación de Antonio Machado con Soria y, después de su esposa, Leonor, la persona que más y mejor le conoció, con quien más relación tuvo, fue, precisamente, don José Tudela de la Orden.
Estos despropósitos una no sabe cómo escribirlos ni cómo tratarlos. No se pretende que Luis Miguel Enciso, uno de los responsables del evento, conozca todo sobre Machado y Soria, pese a que en su día fuera coordinador de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones, pero para eso están los que sí saben, para obtener sus opiniones y, por supuesto, tenerlas en cuenta. Tal y como hicieron la Cadena SER y la TVE en su programa “Informe Semanal”, acudiendo a la hija de don José, doña Inés Tudela, para que les hablara de aquello que conocía de primera mano, la relación de Antonio Machado con Soria.